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Fito y Fitipaldis vuelve a conquistar Madrid: dos noches de lleno absoluto y un directo impecable

Fito & Fitipaldis durante su concierto en el Movistar Arena, a 29 de diciembre de 2025, en Madrid.
Fito & Fitipaldis durante su concierto en el Movistar Arena, a 29 de diciembre de 2025, en Madrid. | Europa Press

Hay artistas que llenan un recinto y otros que consiguen algo más difícil: hacerlo suyo. A Fito y Fitipaldis les pasa eso en Madrid. Este sábado regresaron al Movistar Arena después del doble lleno de diciembre de 2025 y del lleno registrado también la noche anterior, el viernes. Antes incluso de que arrancara el concierto ya estaba claro el paisaje habitual: gradas completas, pista llena y una mezcla generacional poco frecuente. Gente con canas cantando desde el primer minuto, chavales jóvenes, parejas de mediana edad, seguidores veteranos con camisetas de estampados de cuervos —guiño al nuevo disco— y familias enteras compartiendo fila. Varias edades reunidas alrededor del mismo repertorio. No es casualidad. Fito ocupa desde hace años un espacio poco común dentro del rock español: el de artista multitudinario que sigue transmitiendo cercanía.

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Con las luces abajo y la banda ya colocada, el concierto echó a andar y con los primeros compases ya quedó claro cómo iba a ser el resto de la noche: las guitarras entran donde tienen que entrar, la base rítmica no se mueve un centímetro y cada detalle llega limpio al pabellón.

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Fito se mueve cómodo en ese entorno, rodeado de músicos que conocen perfectamente el terreno. La banda formada por Carlos Raya en guitarra eléctrica y coros; Javier Alzola en saxofón, percusión y coros; Alejandro Climent ‘Boli’ al bajo y coros; Eduardo Giménez ‘Coki’ en batería; Diego Galaz en guitarras, vibráfono y coros; y Jorge Arribas al piano y Hammond.

El repertorio fue, en buena medida, un recorrido por los títulos que ya forman parte del cancionero popular. Por la boca vive el pez puso al pabellón en marcha desde muy pronto y Antes de que cuente diez, ya en la recta final, volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de esos temas infalibles en directo.

A mitad del concierto llegó uno de esos momentos que explican la relación entre artista y público. Fito se acercó al micrófono, sonrió y soltó: “Vamos a bailar un poquito”. Acto seguido empezó a sonar Whiskey barato y el Movistar Arena respondió de inmediato, convertido en una fiesta marcada por el acordeón, el violín.

El concierto cambió de ritmo en los momentos más contenidos. Soldadito marinero, coreada de punta a punta, tuvo además un peso especial: la dedicó a su ama, presente en el recinto, y también a su aita, ya fallecido. Durante unos minutos el pabellón bajó el pulso y el público lo acompañó encendiendo las luces de sus móviles, creando una atmósfera de comunión total. Entre cambios constantes de guitarras se hacía evidente la complicidad del grupo. Abrazos al terminar los temas, sonrisas cruzadas, gestos de aprobación y esa confianza de quienes llevan años compartiendo escenario.

Ya en la recta final, Fito volvió a dirigirse al público con una frase que terminó de encender el ambiente: “Sois una puta bendición y el motivo de cualquier razón”. Después llegaron Entre dos mares y Antes de que cuente diez, dos últimos golpes antes del cierre definitivo.

Al despedirse, rendido ante la grada, visiblemente emocionado y llevándose la mano al pecho, quedó la imagen final de un artista que sigue sabiendo exactamente dónde está su sitio: delante de su gente.

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