Keir Starmer ha anunciado este lunes su dimisión como líder del Partido Laborista y primer ministro británico tras reconocer que había perdido la confianza de su grupo parlamentario para seguir gobernando. Una decisión que llega tras meses de crisis en el seno del Gobierno británico, que se ha visto sacudido por las dimisiones de algunos de sus altos cargos, la impopularidad del primer ministro y los recientes disturbios en Belfast.
La inminente dimisión de Starmer era un secreto a voces entre los laboristas. Ya desde el fin de semana se rumoreaba que el primer ministro planeaba dejar el cargo este lunes, escuchando así a las voces críticas que lo reclamaban desde hace meses. En una rueda de prensa desde Downing Street, el jefe de Gobierno ha subrayado sus logros al frente del Ejecutivo y ha ofrecido su apoyo a quien le suceda en el cargo.
Starmer ha llamado por teléfono esta mañana al rey Carlos III para comunicarle su dimisión, según ha informado la BBC. A continuación, se ha presentado ante los ciudadanos británicos para decir adiós al cargo que ocupaba desde hacía menos de dos años. De la histórica victoria del Partido Laborista en la elecciones de 2024, donde obtuvieron más del 33% de los votos, se ha pasado a la debacle del pasado 7 de mayo, cuando Reform UK arrasó en unos comicios locales que evidenciaron la crisis que atraviesan los laboristas.
Un mes después, Starmer ha decidido dar un paso al lado para "poner en primer lugar al país que amo", ha explicado él mismo. El primer ministro era consciente de que había perdido el apoyo de su partido, que desde hacía un tiempo se preguntaba si el londinense era la persona adecuada para dirigirlo. Asegura que ha "escuchado la respuesta" de los laboristas a esa pregunta y la acepta "de buena gana".
Durante su comparecencia, ha recordado su llegada a Downing Street como el momento de "mayor orgullo en su vida". Lo hizo tras heredar un Partido Laborista "en bancarrota política, financiera y moral" -ha asegurado-, que logró transformar hasta llevar a la formación de vuelta al poder en Reino Unido, que habían ostentando los conservadores durante catorce años. Además, ha logrado "recuperar la confianza en la economía, la defensa y la seguridad nacional", ha afirmado.
Starmer permanecerá al frente del Gobierno hasta que el Comité Ejecutivo Nacional de su partido elija a su sucesor, el séptimo primer ministro británico en diez años. La dirección laborista deberá establecer ahora un calendario para la presentación de candidaturas, que debería comenzar el 9 de julio y concluir antes del receso de verano. Por lo tanto, se espera que el nuevo jefe del Ejecutivo tome posesión del cargo antes de que el Parlamento reanude sus sesiones en septiembre.
Entre los candidatos para suceder a Starmer, Andy Burnham, el hasta ahora alcalde de Mánchester, que la semana pasada consiguió el escaño en el Parlamento que necesitaba para disputarle la dirección del partido al londinense. Pero también Wes Streeting, exministro de Sanidad y del ala más conservadora del partido, o incluso Angela Rayner, la exviceprimera ministra obligada a dimitir por en escándalo de fraude fiscal del que luego fue absuelta. Los movimientos de los aspirantes a la sucesión se irán conociendo en los próximos días.
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