El desplome de las acciones de SpaceX pocos días después de su brillante salida a bolsa ha sacudido este martes los mercados financieros globales y ha puesto en evidencia un riesgo del que muchos analistas vienen advirtiendo en los últimos meses: que el entusiasmo inversor alrededor de la inteligencia artificial pueda derivar en una burbuja de consecuencias imprevisibles.
El detonante tuvo lugar este lunes cuando la compañía fundada por Elon Musk cayó un 23%, lo que supuso una pérdida de valor de cerca de 700.000 millones de dólares, tras anunciar una emisión de deuda para financiar su división de IA (xAI). La caída arrastró a todo el sector tecnológico estadounidense ante las crecientes dudas sobre la rentabilidad real de estas grandes inversiones.
Este pánico provocó un efecto dominó inmediato en Oriente, desatando una histórica caída en la bolsa de Seúl, donde el índice KOSPI se vio obligado a suspender temporalmente su cotización y cerró con un hundimiento cercano al 10%, lastrado por la caída en picado de gigantes de los chips como Samsung y SK Hynix ante la huida masiva del capital extranjero.
¿Frenesí especulativo o realidad transformadora?
Para entender el miedo al estallido de la burbuja de la IA, los analistas dividen las burbujas históricas en dos categorías. Por un lado, están las quimeras absolutas, como la crisis de la Compañía de los Mares del Sur en el siglo XVIII, que arruinaron a muchos sin dejar ningún valor real. Por otro, están los auges como el del ferrocarril en el siglo XIX o el de las puntocom en los años 90. Si bien estas últimas terminaron estallando y provocando quiebras masivas ante un frenesí de inversiones, dejaron una infraestructura (vías férreas y cables de fibra óptica) que acabaron conformando un cambio estructural real.
El consenso actual de los expertos sugiere que la IA pertenece al segundo grupo. Analistas del Peterson Institute for International Economics sostienen que la IA ya está generando un enorme aumento de la productividad que las estadísticas tradicionales del PIB de Estados Unidos no pueden captar ni reflejar. Además, empresas como Anthropic están reportando incrementos colosales en sus ingresos. Esto significa que aunque los beneficios que aporta la IA sean reales, no impide que el mercado no esté muy efervescente.
El factor Musk
La causa principal de esta volatilidad económica ha sido la salida a bolsa de SpaceX el 12 de junio de 2026, valorada en unos 2 billones de dólares (la mayor cifra de la historia financiera). Aunque los títulos experimentaron un agresivo repunte inicial superior al 25% en su primer día de cotización, ha experimentado una fuerte bajada del 23% el lunes 22 de junio. Una situación que ha despertado serias preocupaciones sobre la liquidez del mercado y ha traído consigo el miedo de los inversores.
Ajay Rajadhyaksha, presidente global de investigación de Barclays, ha advertido en una intervención en Financial Times que la avalancha de nuevas acciones procedentes de gigantes tecnológicos privados y las ofertas secundarias que reciben de hiperescaladores (como Amazon, Microsoft y Alphabet) para financiar su gasto en capital podrían agotar drásticamente la demanda de renta variable. Es decir, el mercado podría no tener suficiente efectivo para absorber estas salidas con cantidades faraónicas, lo que pondría a prueba la resistencia del repunte bursátil de la última década y podría precipitar la caída de los valores vinculados a la IA.
¿Y ahora qué?
A pesar de los temores, las grandes gestoras mantienen la cautela sin establecer aun un veredicto. Johanna Kyrklund, la directora de inversiones de Schroders, sostiene que aún no estamos en una "situación de burbuja" pura, apoyándose en el bajo riesgo de recesión inmediata en una declaraciones a Financial Times. Sin embargo, más allá de los gráficos financieros, el análisis de fondo sobre la IA trasciende a lo puramente económico. Los expertos coinciden en que estamos ante una tecnología existencial, capaz de traer "bendiciones" incalculables, como los avances médicos, energía limpia y hasta una productividad sin precedentes, pero también "maldiciones" aterradoras, como desempleo masivo, la desinformación, y la pérdida de control humano. Un servicio que no tiene perspectivas de desaparecer a corto-medio plazo.
Al final, la carrera ya se ha desatado entre empresas y potencias globales. Tanto si las acciones de Musk se desploman como si la burbuja sufre una caída que llegue desde Asia hasta Wall Street, la infraestructura de la IA, para bien o para mal, ya está cambiando el tejido mismo de la civilización.
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