España

'El desafío: ETA', un relato con luces y sombras

La serie aporta documentos y testimonios inéditos de la lucha de la Guardia Civil contra ETA pero minimiza aspectos clave como los GAL, Intxaurrondo, la colaboración de otros cuerpos policiales, la 'kale borroka', el impuesto revolucionario o los movimientos sociales

Cartel promocional de la serie 'El Desafío' en el centro de Bilbao.

Cartel promocional de la serie 'El Desafío' en el centro de Bilbao. MIKEL SEGOVIA

Es el tiempo de los relatos. Cincuenta años de violencia y dolor después afloran por doquier. Lo hacen en múltiples formatos: análisis documentados de historiadores, novelas más o menos fabuladas de escritores, series a medio camino entre los requerimientos televisivos y el rigor y discursos políticos compitiendo por escribir su versión o por enterrar vergüenzas bajo la alfombra. Incluso entre quienes padecieron en primera persona el sufrimiento más cruel del terrorismo los matices sobre el modo en el que abordar el nuevo tiempo son hoy perceptibles. Todas son en gran parte verdad, pero están construidas con una selección de recuerdos, unos subrayados y otros difuminados.

Entre la abundante producción sobre lo que ha supuesto la historia de ETA destaca El desafío: ETA. Estrenada en Amazon Prime, a lo largo de sus ocho capítulos de una hora de duración cada uno –en lo que se presenta como una primera temporada-, desarrolla la evolución de ETA y el modo en el que durante ese tiempo se luchó contra ella. El análisis que se hace abarca desde su fundación en 1959 hasta la detención de ‘Josu Ternera’ en mayo de 2019, un año después de la disolución de la banda.

La gran virtud de la serie radica en que en ella no sólo se revela con detalle cómo fueron algunas de las operaciones más determinantes en la lucha contra la banda, sino que se muestran imágenes jamás vistas, muchas de ellas grabadas por los servicios de información de la Guardia Civil en sus seguimientos a los terroristas. Junto a ellas, testimonios valiosos de víctimas permiten adentrarse en el grado de sufrimiento y dolor generado en todo este tiempo. Relatos que se intercalan con testimonios de algunos exmilitantes de ETA e incluso de colaboradores de la banda que narran los excesos padecidos tras ser detenidos La mayoría evita cuestionar su pasado en ETA. Algunos son históricos miembros de la izquierda abertzale que aún hoy se resisten a condenar la violencia que ejerció la banda.

Frente a las evidentes aportaciones novedosas, en El desafío: ETA también hay ausencias notables y difuminados evidentes. Quizá uno de los aspectos más cuestionables esté en sus rótulos finales. No es hasta ese tramo final de cada capítulo de una hora de duración, al que la mayoría de espectadores no llegará, cuando se explica la verdadera intención de la serie. Es ahí donde se aclara que está inspirada en el libro Historia de un desafío: cinco décadas de la lucha sin cuartel de la Guardia Civil contra ETA. Uno de los autores, el coronel de la Guardia Civil Manuel Sánchez Corbí -junto a Manuela Simón-, es uno de los testimonios centrales que enlaza todos los capítulos de la serie.

Una adaptación incompleta

Sin haber leído los rótulos finales el espectador podría llegar a pensar que lo que ve es la historia de la lucha contra ETA en España o el relato de 60 años de violencia. También que sólo la Guardia Civil participó en la tarea de luchar contra ETA. Es innegable que fue el Cuerpo, con diferencia, que más sufrió el azote etarra: 240 agentes asesinados. También el que con mayor intensidad llevó a cabo la lucha y desarticulación de comandos de ETA que tenía encomendada. Pero no fue el único que contribuyó al final del terrorismo.

A lo largo de la serie no hay referencias a otro tipo de actuaciones de investigación y colaboración policial o de concienciación social que también fueron muy relevantes para acabar con ETA. Así, a lo largo de los ocho capítulos no se habla del papel jugado por la Ertzaintza o la Policía Nacional, tampoco de la labor que jugaron los distintos movimientos sociales y cívicos, como Gesto por la Paz o las asociaciones de víctimas, que también contribuyeron a desacreditar el apoyo ciudadano al terrorismo. 

La historia de ETA se relata desde su origen. Lo hace contextualizándolo como una reacción contra el Franquismo en la sociedad de finales de los 60 y 70 y que llevó a amplios sectores sociales a verlo con buenos ojos. Entre las razones del origen apenas hay referencias al vínculo con el PNV que tuvieron los fundadores. Tampoco se detalla el periodo de sabotajes y de acciones menores que llevó a cabo la banda durante casi una década desde su fundación el 31 de julio de 1959. El primer atentado mortal no ocurrió hasta el 7 de junio de 1968. Aquel día Josu Etxebarrieta mató a José Antonio Pardines, tras detenerle en un control de tráfico. Pardines fue el primer guardia civil asesinado por ETA. Poco después Etxebarrieta se convirtió en el primer muerto de ETA.

Uno de los elementos más atractivos de El desafío: ETA, promocionado con slóganes como ‘Lo que nunca te contaron’ o ‘Lo que nunca has visto’, es precisamente el relato directo de muchos de los agentes de la Guardia Civil que participaron en algunas de las operaciones más importantes contra ETA. Es el caso de los episodios en los que se detallan la captura de la cúpula de la banda en los almacenes de Sokoa, la operación de Bidart o la ‘operación Santuario’. Por primera vez la Guardia Civil desvela algunos detalles de la preparación minuciosa que requirieron intervenciones contra algunos comandos. También se incluyen situaciones en los que los golpes de fortuna echaron una mano o algunos errores que frustraron los planes.

Intxaurrondo, la ausencia

Entre las ausencias de las que adolece la serie que pretende abordar la lucha de la Guardia Civil contra ETA figura Intxaurrondo. Durante los años 80 y 90 el cuartel guipuzcoano concentró la mayor parte de la lucha contra la banda. Desde él se impulsaron numerosas desarticulaciones de comandos. Intxaurrondo fue objetivo de no pocos atentados. Hoy en su entrada un panel recuerda a los cien guardias civiles asesinados sólo en Guipúzcoa.

Al frente del cuartel estaba el general Enrique Rodríguez Galindo. En este cuartel se ubican algunos de los episodios más oscuros de los excesos cometidos en la lucha contra ETA o el recurso a la práctica de la tortura a los detenidos, aspecto por el que se pasa de puntillas. Es un periodo que la serie aborda de modo muy somero, sin detenerse apenas en él. Los testimonios incluidos califican los excesos de la Guardia Civil como “sombras” o “errores” propios de la situación que se vivía. Pese a ello, no se evita recordar que el general Rodríguez Galindo fue condenado a 71 años por el secuestro y asesinato de Lasa y Zabala. De él se incluye su testimonio en el juicio en el que se preguntaba “¿quién nos ha visto torturar, quién nos ha visto matar?”. A Galindo se le presenta como el responsable de “la lucha moderna contra ETA”: “Es obra suya, con sus luces y sus sombras”. El coronel Sánchez Corbí reconoce que “los buenos hemos cometido algún error, pero no es equiparable la maldad de unos con los errores de otros”.

Tampoco en esta primera temporada la existencia de los GAL, entre 1983 y 1987, y los 28 crímenes que cometió merecen un desarrollo significativo. El caso del ciudadano francés Segundo Marey, por cuyo secuestro fueron condenados el exsecretario de Estado de Seguridad, Rafael Vera, y el ex ministro del Interior, José Barrionuevo, se resuelve rápidamente. En la entrevista que se hace a Vera éste se limita a afirmar que “todos sabemos lo que pasó con Segundo Marey” y a reconocer que su error fue “no elegir a los más leales”. En sus palabras no existe rastro de arrepentimiento por un delito por el que fue condenado a 10 años de prisión –indultado meses después-: “Ellos nos mataban y nosotros nos defendíamos”, asegura. Este episodio concluye con un rótulo que recuerda que “la X de los GAL no ha sido despejada”.

La serie cuenta con testimonios relevantes de cuatro presidentes de Gobierno: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. También de dos lehendakaris, Carlos Garaikoetxea y José Antonio Ardanza. Todos ellos relatan su experiencia en la lucha contra el terrorismo y en el abordaje del problema.

Los GAL y el ‘terrorismo de Estado’

González no oculta que existieron “comportamientos irregulares” pero niega que en sus años de Gobierno hubiera “terrorismo de Estado”. “Si se declara una guerra de terrorismo de Estado como mínimo la diferencia es de 20 a uno”. También recuerda cómo hubo que actualizar la Guardia Civil “mal dotada y mal pagada” que heredaba de la dictadura y que carecía de recursos y formación para hacer frente a la amenaza terrorista. Tanto él como Aznar defienden los procesos de negociación, “diálogo” o ‘toma de temperatura’ mantenidos con ETA. Detallan los episodios más dolorosos vividos al frente del Ejecutivo, el atentado de Hipercor en el caso de González y el de Miguel Ángel Blanco, -del que siempre estuvo convencido de que ETA cumpliría su amenaza-, en el caso de Aznar.

Zapatero asegura que desde que accedió al Gobierno se fijó como objetivo acabar con la ETA muy debilitada que encontró. Destaca la aportación al diálogo que hizo Jesús Eguiguren durante años de conversaciones con Otegi en el caserío ‘Txillare’ de Elgoibar y en los contactos que autorizó con ETA en Ginebra y Oslo. La participación de Rajoy es la más breve y en ella defiende las diferencias que el PP siempre exhibió en la forma de tratar el final de ETA por parte del PSOE.

A lo largo de las ocho horas que llevan al espectador por algunos de los episodios más crueles de la violencia de ETA, destacan por menos conocidas algunas de las operaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil. Es el caso de las casi tres horas de cruce de disparos en una vivienda de Hernani que precedió a la detención del ‘comando Donostia’ que lideraba Josu Zabarte, el ‘Carnicero de Mondragón’, o las aportaciones clave hechas por el agente ‘Joseph’, infiltrado durante cuatro años en ETA. Otros de los episodios incluidos son la operación de venta de misiles con localizador que permitió descabezar a ETA en Sokoa o las cien líneas de investigación que se abrieron para poder localizar a ‘Josu Ternera’.

El rescate de José Antonio Ortega Lara (532 días secuestrado) es uno de los episodios con mayor desarrollo. En él se muestran vídeos del interior de la nave en el momento en el que el juez Baltasar Garzón da instrucciones a los agentes. El valor de las escenas que se muestran, con uno de los terroristas, Josu Uribetxeberria Bolinaga, activando finalmente el sistema que daba acceso al ‘zulo’ y la salida del funcionario de prisiones secuestrado. El relato de aquella operación se completa con el testimonio de algunos de sus protagonistas, el propio juez, los agentes o el ministro Mayor Oreja y el presidente Aznar. De igual manera, la venganza que días después llevó a cabo la banda con el secuestro y asesinato d Miguel Ángel Blanco merece un extenso capítulo.

La ‘kale borroka’ y el ‘impuesto revolucionario’

En el ámbito político, El desafío: ETA realiza un recorrido por algunos de los hitos que se convirtieron en acuerdos en torno a la violencia, bien como reacción a la misma o bien como intentos de solución. Se adoptaron, con distintos fines, tanto desde el constitucionalismo como desde el mundo de la izquierda abertzale y el nacionalismo o el conjunto de la clase política vasca. Desde la ‘Ley de Amnistía’ de 1977 acordada hasta el Pacto de Ajuria Enea (1988), el Pacto de Lizarra (1998), el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo (2000) o los Acuerdos de Ayete (2011).

Entre las cuestiones que quedan algo difuminadas y poco desarrolladas destacan las escasas referencias a la amenaza a algunos colectivos, como el empresariado vasco. ETA asesinó a 33 empresarios, secuestró a 86 y amedrentó a cerca de 10.000. Sí se detalla uno de los secuestros, el del empresario Emiliano Revilla, así como el asesinato de algún empresario por negarse a pagar. Sin embargo, la incidencia económica y social que tuvo el cobro del llamado ‘impuesto revolucionario’ apenas queda reflejado. Tampoco hay referencias a otro fenómeno sin el que no se explicaría la historia del terrorismo de ETA: la práctica de la violencia callejera o el empleo de la ‘kale borroka’ como vía de captación y de desestabilización social durante años.

Entre los testimonios algunos son afines a ETA y su entorno. En la mayoría la autocrítica es muy leve o inexistente. La serie incluye relatos de algunos militantes veteranos. Es el caso de Angel Alkalde, con gran presencia a lo largo de la serie y que llega a afirmar que “yo en contra de la organización no voy a decir nunca absolutamente nada”. Algunos entrevistados sitúan la acción criminal de la banda dentro de un contexto de “conflicto” y de “guerra entre bandos”. Figuran entre los entrevistados el político Eduardo ‘Teo’ Uriarte y el escritor Jon Juaristi, ex miembros de ETA durante el primer periodo de la banda.

A lo largo de varios capítulos se abordan algunos de los episodios internos más oscuros de ETA, como la desaparición de uno de sus dirigentes, Eduardo Moreno Bergaretxe, ‘Pertur’; el asesinato de Dolores Catarain, ‘Yoyes’, o las tensiones en el seno de la organización tras el atentado de la T4.

Otro momento clave en la izquierda abertzale es el estadillo de rechazo social contra HB tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. El cierre del diario Egin, la ilegalización de HB y Batasuna o la llamada de Otegi a apoyar el abandono de las armas, -“es más difícil hacer la paz que la guerra, significa sacar el conflicto armado de la calle y llevarlo a la mesa”, proclamó en el polideportivo de Anoeta en 2004 y que también se incluyen en El desafío: ETA.

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