España

'Efecto copycat': por qué es una mala idea hacer públicas las amenazas

Expertos consideran que airear públicamente las cartas con amenazas a políticos en lugar de que se investigue en la sombra puede alimentar nuevos episodios ante la tentación de algunas personas por experimentar la notoriedad lograda por el imitado

Imagen de Reyes Maroto con el un primer plano del cuchillo recibido y el sobre

Carmen Vivas

«Ha salido ahora porque estamos en campaña electoral y se le ha querido dar publicidad, pero episodios como éstos son frecuentes. Siempre ha habido amenazas anónimas a representantes del PSOE, PP… ¿Recuerdas la que se lio con los supuestos polvos de ántrax? Era todo falso». Habla un veterano mando policial, sorprendido por la difusión pública que han tenido en los últimos días los envíos de cartas con balas o una navaja supuestamente ensangrentada a los ministros Grande-Marlaska y Reyes Maroto, al ex vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias y a la directora general de la Guardia Civil (María Gámez) ante el riesgo de que ello pueda ser motivo de imitación por la notoriedad alcanzada.

El último episodio trascendió en la noche de este martes, después de que El Confidencial adelantara que los Mossos d’Esquadra investigan el envío de otra carta con dos proyectiles remitida a la presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, y que fue había sido detectada por los sistemas de seguridad de Correos en el centro de distribución de San Cugat del Vallés (Barcelona). El Ministerio del Interior confirmó también la interceptación en el Centro de Tratamiento Automatizado de Correos en Vallecas de otra misiva con cuatro balas y que tenía como destinataria la Dirección General de la Guardia Civil.

A falta de que avancen las pesquisas y se pueda descubrir la motivación real, especialistas llaman la atención sobre el ‘efecto contagio’ (copycat, en términos criminológicos) que puede desencadenar airear públicamente este tipo de acciones: el imitador ‘admira’ la repercusión mediática que han tenido las acciones del imitado y busca experimentar esa misma sensación de ‘reconocimiento’. A la luz de los hechos, la identificación del remitente de la carta a la ministra Maroto por parte de la Policía no ha servido de freno.

Los policías, criminólogos y sociólogos con los que ha hablado este diario no tienen dudas de que estos episodios no habrían tenido apenas trascendencia pública de no haber sido por la caja de resonancia que representa la cita electoral del 4-M, a la que concurre el bloque de la izquierda con la intención de desplazar del poder a Díaz Ayuso y poner fin a casi 26 años ininterrumpidos de gobiernos del PP en la Comunidad de Madrid.

Es «fruto del odio de la ultraderecha», anticipó la titular de Industria, Turismo y Comercio horas antes de que la Policía Nacional identificara a la persona que había realizado el envío: un vecino de El Escorial (Madrid) diagnosticado de esquizofrenia. Los investigadores rastrean huellas y pistas en el resto de sobres que les permita determinar quién o quienes están detrás de estas amenazas que están marcando la segunda parte de la campaña electoral en Madrid, mientras el Gobierno acusa a Vox de crear el «caldo de cultivo» para las amenazas.

Del falso ántrax a los sobres con balas

«En condiciones normales, se hubiera llevado a cabo la investigación y no hubiera casi trascendido. Lo que ocurre es que estamos en campaña y hay partidos políticos a los que les interesa darle difusión para atacar a los que ellos denominan fascistas o pertenecientes a la extrema derecha. No hay otra», resume el inspector de Policía José María Benito, portavoz de la Unión Federal de Policía (UFP). Y añade: «Hay que tener tranquilidad y dejar que avance la investigación antes de sacar conclusiones que puedan ser erróneas».

En el otoño de 2001, el envío de diversos sobres a instituciones públicas (como las consejerías de Trabajo, Economía, Industria y Agricultura del Gobierno de Murcia), empresas y determinadas personas con supuestas esporas de ántrax en su interior generó una cierta psicosis en España tras los ataques que se habían registrado en Estados Unidos. Los análisis revelaron que la sustancia era harina o polvo de talco. «Se montó un Cristo y se terminó demostrando que todo era falso», añade un comisario entonces en activo. Entonces se registraron cerca de 40 falsas alarmas.

Expertos creen que airear las amenazas puede alimentar nuevos episodios por la tentación de algunos de imitar la notoriedad lograda por el imitado

El sociólogo Manuel Caro aprecia en los últimos episodios «más implicaciones políticas que criminológicas». En su opinión, la simbología elegida -como el envío de balas utilizadas por el Ejército en el caso de las cartas remitidas a Grande-Marlaska, Pablo Iglesias y María Gámez- revelan que hay una intención de «intervenir en el proceso» y de dejar claro que «hay personas que no son bienvenidas en la política».

«Hasta que no se sepa quién está detrás no lo sabremos con certeza, pero el objetivo político parece claro: dejar claro que hay una polarización en España y hay determinada gente que entiende que en este contexto está legitimada para hacer estas cosas. Eso es lo más peligroso. Hemos llegado a un punto en el que pueda haber personas que se sientan con legitimidad social y política para amenazar de forma violenta a otras que consideren ‘adversarios’ políticos», razona Manuel Caro, presidente del comité de investigación en Sociología Jurídica y Criminología de la Federación Española de Sociología (FES).

«Las amenazas a políticos no son nuevas y nunca se han publicitado de esta forma. Se está haciendo un uso político exagerado de la fotografía de la navaja», comenta Serafín Giraldo, presidente de H-50, una asociación centrada en la difusión y defensa de la actividad policial en España.

En su opinión, se está respetando «muy poco» la investigación policial y judicial al sacarse a la luz pública «indicios y efectos de un delito». En este sentido, recuerda que «no se pueden abrir cartas con indicios delictivos cuando ya se ha avisado de que es una prueba del delito y mucho menos mostrarlas en redes sociales», en alusión a la celeridad con la que Pablo Iglesias difundió el sobre que había recibido a través de su cuenta en Twitter.

Con lo que se conoce en este momento, Giraldo tiene claro que quien esté detrás de estas amenazas «no es experto en armas» al haber enviado el cartucho entero. «En la vaina va una numeración que indica origen, año de fabricación y se puede conocer hasta el destino. Alguien que entienda de armas envía sólo el proyectil: el efecto es el mismo y no das información a la Policía», señala.

En todo caso, este inspector de policía advierte de que episodios como éstos pueden tener un «efecto contagio» -lo que en criminología se conoce con el anglicismo copycat– porque alguien «con poca solvencia intelectual puede ver que otra persona se ha hecho famosa» con su acción por la repercusión mediática que ha tenido y trate de imitarla.

 

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