La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante un acto del partido.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante un acto del partido. EUROPA PRESS

España | Madrid

La agonía del 'proyecto Arrimadas': ¿qué pasará con Ciudadanos tras el 4-M?

Sólo han pasado dos años del momento en que Ciudadanos se quedó a escasos 200.000 votos de dar el sorpasso nacional a un PP en horas bajas y de asumir el liderazgo de la oposición en el Congreso. «Parece que ha pasado una eternidad», rememora una fuente de la formación liberal, que observa con resignación el negro futuro que se dibuja ahora en el horizonte del partido que pudo tenerlo todo. La cuenta atrás ya ha comenzado: sólo restan tres días para unas elecciones que pueden asestar un golpe mortal a la supervivencia de las siglas naranjas, en cuyas filas se aferran aún a la esperanza de colarse en el último momento en la Asamblea de Madrid.

No lo tienen fácil. La polarización y la alta participación que se espera para estos comicios juegan en su contra. El umbral del 5% del voto, el límite necesario para obtener representación en las autonómicas madrileñas, se ha encarecido, y cada vez resulta más complicado atraer al número suficiente de votantes como para evitar caer por el abismo. En los últimos días, Ciudadanos ha intentado colarse en campaña presentándose como única alternativa moderada en mitad de la bronca y la violencia de la que se ha impregnado la política autonómica y nacional. En la dirección nacional confían en sus posibilidades y observan una «recuperación» en los últimos días a cuenta de las entrevistas y debates -incluso con el fallido de la Cadena Ser-, aunque otras fuentes autorizadas del partido apuntan a que los naranjas no han logrado convencer aún a esos miles de votos que le separan de la vida o la muerte.

Si se cumplen los malos pronósticos, la incógnita será el futuro tanto de Inés Arrimadas como del proyecto político que nació en Cataluña de la mano de Albert Rivera hace 15 años. Los últimos golpes en las urnas -en Galicia, País Vasco y Cataluña- sumieron a Ciudadanos en una profunda crisis, pero la moción de censura en Murcia que precipitó el adelanto electoral en Madrid abrió una brecha definitiva y provocó una enorme desbandada, en muchos casos hacia el PP. Y en el partido son muchas las voces que opinan que, si se confirma la tragedia el 4-M, Arrimadas debería dar de una vez por todas un paso atrás para que el partido consiga renacer de sus cenizas.

«Habría que redefinir la estrategia y los liderazgos. Arrimadas puede conservar la portavocía, pero las riendas las deberían coger otros», afirma un dirigente del equipo de campaña del partido. Las fuentes consultadas proponen nombres de otros «activos políticos» para asumir esa responsabilidad, como el de Luis Garicano e, incluso, el de Francisco Igea, con el objetivo de dar «un lavado de cara» a las siglas y presentar un proyecto distinto cuando llegue el turno de las próximas autonómicas y de las generales. Opinan que tras el posible descalabro en Madrid, lo óptimo sería convocar un Consejo General que trace las líneas maestras por las que debe discurrir el partido en adelante, aunque hablar de futuro resulte ya complicado para algunos miembros de Ciudadanos. «Si desaparecemos en Madrid, estamos condenados», lamenta otro cargo del partido, que advierte que la estocada final vendrá si se adelantan finalmente las elecciones generales de 2023.

Sin embargo, el planteamiento de Inés Arrimadas dista mucho del de sus críticos. En su equipo más próximo trasladan que, pase lo que pase el martes en las urnas, «no se tiene que mover nada ni nadie» del mando político de Ciudadanos. La salida de la presidenta de Ciudadanos por iniciativa propia, como hizo su predecesor tras el batacazo electoral de las generales del 10 de noviembre, no entra en los cálculos de la dirección nacional, donde asumen que su liderazgo «no está cuestionado» porque «el apoyo de la militancia fue abrumador» cuando decidieron ponerla al frente del partido hace más de un año.

«No nos vamos a quitar de en medio. Sí existe un ‘proyecto Arrimadas’, pero no ha habido tiempo de ponerlo en marcha», justifican en la dirección, que comparan el caso de la dirigente naranja con lo que le ocurrió a Pablo Casado en las generales de abril de 2019 para blindar su puesto. «Él no dimitió cuando se quedó con 66 escaños y lo único que se dijo es que había heredado un proyecto mellado y tenía que construirlo de nuevo», comentan, de nuevo en alusión a la herencia que ha recibido Inés Arrimadas de Albert Rivera. «Se echó el partido a las espaldas en los peores momentos, cuando todos nos daban por finiquitados», defienden.

Sí existe un ‘proyecto Arrimadas’, pero no ha habido tiempo para ponerlo en marcha», justifican en la dirección de Ciudadanos

Afirman, además, que en la estrategia del partido el único «error» abiertamente reconocido fue la gestión comunicativa de la moción de censura que pactó con el PSOE en el Ayuntamiento y en la Región de Murcia. En pocas semanas, Ciudadanos perdió el Gobierno de la Comunidad de Madrid -donde ostentaba la vicepresidencia y conservaba una fuerza de 26 diputados- y el de Murcia; se quedó con nueve diputados en el Congreso tras la decisión de Pablo Cambronero de pasarse al Grupo Mixto; y perdió el Grupo Parlamentario en el Senado por la salida de Fran Hervías, Ruth Goñi y Emilio Argüeso. «Madrid es muy importante, pero no nos pueden dar por muertos», insisten en la dirección, que señalan tanto al «poder territorial» que conservan -Andalucía y Castilla y León, además de presencia en ayuntamientos y otros parlamentos autonómicos- como al «buen fondo económico» y la ausencia de deudas que «nos permite hacer frente a estas circunstancias».

«Actúan como si el partido fuera una propiedad privada», coinciden varios ex altos cargos del partido de la confianza del ex presidente de Ciudadanos, quienes lamentan que «se siga echando la culpa» de los malos resultados electorales a Albert Rivera. Sobre el futuro del partido, afirman con rotundidad que el objetivo de la actual presidenta de la formación es la de «prolongar la agonía» de una organización que ya ha firmado su sentencia a muerte, y ninguno confía en que dé un paso al lado para reflotar el proyecto con nuevos líderes. La agenda de la actual dirección, dicen, es «opuesta» a la que en su día llevaba Albert Rivera, «que quería un partido para gobernar a España».

«Ellos quieren un partido pequeño, con el que puedan perpetuarse en el tiempo jugando al buenismo y a la moderación», comenta un ex dirigente de la cúpula de Rivera, que subraya la buena salud de la que gozan las cuentas naranjas como fórmula para que Inés Arrimadas encabece el proyecto y la estrategia de Ciudadanos hasta el final. «El partido es suyo. Fin. De nadie más», sentencia.

Ciudadanos se juega un millón de euros al año

Más allá de que el futuro político de Ciudadanos pueda quedar herido de muerte tras las elecciones del próximo martes, el económico también va por los mismos derroteros. La posibilidad de que el grupo naranja se quede fuera de la Asamblea de Madrid supondría un duro revés para sus arcas puesto que se juega casi un millón de euros en ingresos en subvenciones. Cabe recordar que la cámara madrileña asignó a cada grupo parlamentario una subvención fija de 489.832,99 euros el pasado 2019. Es decir, independientemente de los escaños obtenidos en los comicios de mayo, cada partido ingresará dicho montante.

Además, la comunidad recoge en su normativa legal que cada grupo parlamentario tiene derecho a percibir un total de 19.981,18 euros por cada escaño conseguido y un euro por cada voto, siempre que supere el 3% del sufragio. De momento, las cantidades no han trascendido, pero todo hace indicar que serán muy similares. Con todo, Ciudadanos se juega en estas elecciones casi un millón de euros al año. En la anterior legislatura (de poco más de dos años) se estipuló que Ciudadanos se embolsase 952.885 euros entre la retribución fija por acceder a la Asamblea y 463.052 euros por la subvención variable.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid también pone a disposición de los partidos unas ayudas para sufragar los gastos de la campaña electoral, pero para acceder a ellas deben conseguir representación en la cámara –un escaño como mínimo– o al menos el 3% de los votos. En la campaña electoral cada formación tiene derecho a una recepción de 1,01 euros por cada voto conseguido. En los comicios de hace dos años, Ciudadanos consiguió convencer a 625.039 votantes.

Esta situación es muy parecida a la que le ha ocurrido en Cataluña ya que la formación naranja perdió el 80% de las retribuciones de la Generalitat tras su batacazo en las elecciones al parlamento regional. Ciudadanos pasó de cobrar 4,2 millones de euros anuales a los 842.000 euros. El descalabro económico catalán junto al que le puede suceder en Madrid dejaría al partido político al borde de los números rojos, tal y como ya avanzó el Independiente recientemente.

30.000 euros al mes por la sede madrileña

De consumarse el fracaso electoral que vaticinan las encuestas, Ciudadanos dejaría de ingresar cuatro millones de euros solo en Madrid durante una legislatura, lo que se traduciría en tener que reducir gastos para mantener en verde sus cuentas. Uno de sus gastos más ostentosos es el de la sede de Madrid, situada a escasos metros de la Plaza de Toros de Las Ventas, con un precio de 30.000 euros al mes. Es decir, Ciudadanos desembolsa unos 360.000 euros al año por vivir en la mítica calle de Alcalá.

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