El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en una comparecencia ante la prensa.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en una comparecencia ante la prensa. EP

España

Las nueve vidas (políticas) de Marlaska

La gestión del ministro del Interior está marcada por una sucesión de polémicas por las que la oposición ha reclamado sin éxito su dimisión en reiteradas ocasiones | Sánchez decidió mantenerlo tras la reciente crisis de gobierno pese al desgaste que sufre

Grande-Marlaska no es sólo uno de los ministros peor valorados por los ciudadanos, según el barómetro del CIS. También es el integrante del gabinete de Pedro Sánchez al que más veces ha pedido la oposición que dimita por su gestión, marcada por una sucesión de polémicas que han engullido buena parte del crédito y del prestigio que el juez vasco atesoraba hasta que aceptó la invitación del líder socialista e inició su etapa en la política.

PP, Vox y Ciudadanos han pedido este jueves el cese del titular de Interior, al que acusan de «utilizar de forma partidista» los delitos de odio tras confirmarse que la supuesta agresión homófoba a un joven en Madrid el pasado domingo -lo que llevó al presidente del Gobierno a convocar para este viernes a la comisión de seguimiento del Plan de lucha contra los delitos de odio- era en realidad una simulación de delito. El ministro asegura que la Policía no le trasladó ninguna sospecha por el relato de la supuesta víctima hasta este miércoles por la tarde y rechaza dimitir.

«Ya está inhabilitado para ejercer su cargo y está degradando las instituciones», ha mantenido el presidente del PP, Pablo Casado. La formación de Santiago Abascal ha registrado ya una proposición no de ley en la que pide la destitución y reprobación de Grande-Marlaska, mientras que Cs -por boca de su portavoz parlamentario, Edmundo Bal– ha defendido que «culpabilizar a la oposición de un sucedido que se ha demostrado que es falso» es una razón de peso para que el ministro dé recoja sus cosas y se marche. 

Es el último episodio que ha colocado en el epicentro de la polémica a Grande-Marlaska, cuyo futuro político quedará definitivamente marcado si la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional ratifica la próxima semana que la destitución del coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos como jefe de la Comandancia de Madrid fue ilegal y le obliga a restituirlo en el puesto. Pero los diarios de sesiones del Congreso y del Senado y las páginas de los periódicos dan fe en los últimos tres años de otras controvertidas decisiones por las que la oposición exigió la dimisión del titular de Interior, que ha logrado esquivar varias peticiones de reprobación en el Congreso merced al apoyo de los socios parlamentarios del PSOE (ERC, PNV y Bildu).

  • Menores de Ceuta. Las críticas a Grande-Marlaska se han recrudecido cuando aún resuena el eco de la anterior polémica protagonizada por el ministro: la repatriación a Marruecos de algunos de los menores no acompañados que entraron irregularmente a Ceuta en la llegada masiva del pasado mes de mayo. A mediados de agosto, el Juzgado Contencioso-Administrativo 1 de Ceuta acordó suspender cautelarmente las devoluciones al país vecino acordadas por la Delegación del Gobierno de Ceuta por indicación del Ministerio del Interior al entender que no se estaban respetando los derechos de los chavales. «No consta que se haya cumplido con ninguno de los preceptivos trámites. No se ha aportado información alguna de los menores afectados que permitan conocer los datos que han determinado su repatriación; no consta que se haya comunicado el inicio del proceso de repatriación ni a los menores, ni a la Ciudad Autónoma pese a asumir ésta la guarda de los menores, ni al Ministerio Fiscal, sin que en modo alguno pueda entenderse que se cumple con los trámites exigidos la mera remisión a Fiscalía del listado de menores que ese mismo día se van a repatriar; y tampoco se ha aportado la resolución motivada susceptible de ser recurrible», concluyó la juez en el auto con el que resolvió las medidas solicitadas por la Fundación Raíces y la Asociación Coordinadora de Barrios para el Seguimiento de Menores y Jóvenes. La oposición vio en esta desautorización judicial un argumento más para que Grande-Marlaska se marchara. «La asunción de responsabilidades en una democracia se lleva con la dimisión o el cese y ésa es la única que cabe», sostuvo la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra. «La Justicia tumba los argumentos del Gobierno para tapar su negligencia en las repatriaciones de menores en Ceuta. No hay excusas. Marlaska debe dimitir tras este doble varapalo: ni hay excepción para saltarse trámites, ni es competencia del Gobierno ceutí», sentenció Bal.
  • El PP, «organización criminal». En la recta final de las últimas elecciones madrileñas, Grande-Marlaska sumó una nueva petición de dimisión. Fue del PP, después de que el ministro -durante su participación en un mitin que el PSOE organizó en la localidad madrileña de Getafe el pasado 25 de abril- tachara al partido que preside Pablo Casado de «organización criminal». «Criminales son los etarras que acercan, y las purgas de guardias civiles por denunciar sus negligencias en pandemia. Sánchez debe cesarle ya por decencia institucional», replicó Casado. Días después, el titular de Interior dijo que se había intentado «instrumentalizar» sus palabras y que él no había imputado «nada al PP». Según aclaró, tan sólo se refería a «personas concretas».
  • Vox y el mitin de Vallecas. «Dieciocho pasos hemos tenido que contar hasta acercarnos a esos miserables a los que Marlaska, un ministro criminal, ha permitido acercarse hasta aquí para impedir que muchos vallecanos puedan ejercer sus libertades», acusó Santiago Abascal tras los incidentes ocurridos con motivo del mitin que su formación organizó en el barrio madrileño de Vallecas como pistoletazo de salida a la campaña de los comicios madrileños del pasado 4 de mayo. Vox no sólo demandó la dimisión de Grande-Marlaska por este «escrache»; también por haber ocultado que dos escoltas de Pablo Iglesias «reventaron» aquel acto mientras se aireaban los sobres con balas que llegaron al Ministerio del Interior y que tenían como destinatarios el ex vicepresidente segundo del Gobierno y a otros altos cargos del Ejecutivo.
  • Revés judicial a la destitución de Pérez de los Cobos. Uno de los mayores varapalos sufridos por Grande-Marlaska desde que porta la cartera de Interior se lo dio el Juzgado Central Contencioso-Administrativo 8 el pasado 31 de marzo. El magistrado Celestino Salgado sentenció que la destitución de Pérez de los Cobos como jefe de la Comandancia de Madrid fue «ilegal» y le obligó a restituirlo en el puesto. El recurso interpuesto por la Abogacía del Estado en nombre del Ministerio del Interior contra este fallo se dilucidará la próxima semana. El ministro justificó la decisión en una «pérdida de confianza» y en la decisión de crear nuevos equipos de trabajo. Lejos de avalar esa versión, el magistrado de la Audiencia Nacional consideró que la razón fue la negativa del coronel de la Guardia Civil a dar una información que no conocía pero que tampoco hubiera podido proporcionar -relativa a la investigación judicial del caso 8-M, posteriormente archivado- y que Pérez de los Cobos hizo lo correcto. Los principales partidos de la oposición pidieron la dimisión o destitución de Grande-Marlaska. Pedro Sánchez no sólo lo mantuvo entonces. También optó por su continuidad cuando el pasado mes de julio renovó parcialmente su gabinete mientras el nombre del ministro figuraba en muchas quinielas para salir.
  • Crisis migratoria en Canarias. La salida de 227 migrantes desde el muelle grancanario de Arguineguín a Las Palmas sin alternativa de alojamiento provocó en noviembre pasado un terremoto político en la península con el foco alumbrando otra vez al titular de Interior. No sólo el PP y Ciudadanos reclamaron entonces el cese de Grande-Marlaska por su «incompetencia» en la gestión de la crisis migratoria. También Coalición Canaria y Podemos Canarias, cuya coordinadora general (Laura Fuentes) calificó de «profundamente decepcionante» que un ministro de un gobierno progresista «juegue de esta forma con la dignidad de las personas migrantes». «No tenemos capacidad de acogida, 6.000 personas en hoteles. No hay trabajo, no hay comida. ¿Somos España, somos Europa o es que Canarias tiene que tener un partido independentista y resucitar el MPAIAC [en alusión al Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario] para que este Gobierno le haga caso?», clamó Ana Oramas, diputada de Coalición Canarias.
  • Disturbios en Cataluña. El 17 de octubre de 2019, dos días después de que el Tribunal Supremo emitiera la sentencia que condenaba a Oriol Junqueras y a otros dirigentes independentistas, el PP se apresuró a pedir la dimisión del ministro del Interior después de que se publicara una fotografía en la que se le veía cenando en el interior de un restaurante madrileño con su entonces jefe de gabinete -hoy secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez– mientras los antidisturbios de la Policía Nacional trataban de sofocar en Cataluña los graves altercados provocados por los radicales en oposición a la condena a los cabecillas del procés. «Ayer hablé con un policía que estaba conteniendo a los violentos en Barcelona; me dijo que no había bebido agua en varias horas por lo extremadamente difícil de la situación. Hoy está indignado de ver que, a esa hora, su ministro disfrutaba de la noche madrileña», lanzó en Twitter el secretario general del PP, Teodoro García Egea. Según se defendió Grande-Marlaska, salió «a cenar un hamburguesa» con su asesor a las once de la noche y regresó a su despacho una hora después. «No me parece serio, y lo digo así de claro. Esa política califica a quien la realiza», respondió el ministro. Más allá del episodio de la cena, el sindicato mayoritario en la Policía Nacional (Jupol) pidió aquellos días la destitución del ministro al entender que, al no facilitarle suficientes medios materiales a los antidisturbios desplegados en Barcelona ni autorizarles al uso del camión lanza-agua, expuso a éstos a un riesgo innecesario. Dos agentes sufrieron heridas tan graves que les han obligado a colgar el uniforme. Otro sufre secuelas psicológicas desde entonces y se tramita también su incapacidad permanente.
  • Acercamiento de presos de ETA. El acercamiento de presos etarras a cárceles vascas o próximas a Euskadi ha sido otro de los motivos por los que la oposición viene exigiendo la salida del Ejecutivo de Grande-Marlaska, objeto de seguimientos por parte del extinto comando Vizcaya por significarse en sus investigaciones contra la banda terrorista en su etapa como titular del Juzgado Central de Instrucción 3 de la Audiencia Nacional. «Marlaska pasará a la Historia como el ministro que cedió ante ETA y humilló a las víctimas«, ha declarado la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que el pasado 27 de junio exigió su dimisión. Por contra, el titular de Interior defiende la legalidad del fin de la dispersión y critica a la oposición por utilizar el terrorismo como «herramienta política».
  • Desfile del Orgullo 2019. En julio de 2019, los dirigentes de Ciudadanos arremetieron contra Grande-Marlaska por «alimentar el odio» contra sus votantes. Fue después de que representantes de esta formación, entre abucheos y lanzamiento de todo tipo de objetos, tuvieran que abandonar la manifestación del Orgullo en Madrid y de que el titular de Interior hubiera declarado que era ilusorio pensar para Cs que no iba a tener consecuencias «pactar con quien de una forma descarada, incluso obscena, trata de limitar los derechos humanos». La entonces portavoz de la ejecutiva de Ciudadanos y hoy líder del partido, Inés Arrimadas, invitó al ministro a marcharse: «Dimita, es usted un irresponsable, ha puesto la diana en Ciudadanos, a cuatro millones de votantes para que luego radicales vengan a tirarnos botellas».

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