Ellos tuvieron que esperar. La prioridad política marcó que fueran los presos de ETA los primeros en acercarse a las prisiones vascas. Los presos comunes con arraigo en Euskadi han visto desde hace tres años cómo sus peticiones para ser trasladados a alguna cárcel vasca para cumplir su condena eran desestimadas. Ahora, tras la inauguración ayer de la prisión de Zubieta, en San Sebastián, las autoridades penitenciarias vascas han abierto la puerta a acelerar el acercamiento de los presos comunes que quieran ser trasladados a Euskadi.
En el caso de los presos de ETA, el proceso comenzó en 2018, tras la llegada del Gobierno de Pedro Sánchez. Los acuerdos con EH Bildu y el apoyo del PNV situaron la cuestión como una prioridad para poner fin a la política de dispersión en cárceles fuera del País Vasco que se había aplicado al colectivo de presos de la banda terrorista desde 1989. Así, en un goteo constante, los procesos de acercamiento se fueron acelerando hasta completarse íntegramente en marzo de 2023. Para esa fecha la totalidad de los entonces 165 presos de ETA cumplían sus condenas en alguna de las tres prisiones vascas o la cárcel de Pamplona.
Del fin de la dispersión de ETA a las solicitudes denegadas
A lo largo de esos cinco años, las negociaciones políticas avanzaron de modo paralelo para que Euskadi asumiera la gestión de las cárceles. El acuerdo determinó que desde octubre de 2021 el Ejecutivo vasco se hiciera cargo de las cárceles de Basauri, Martutene y Zaballa. La ley penitenciaria permite a los internos esgrimir razones de arraigo territorial, bien por motivos familiares o sociales, y solicitar el cumplimiento de su condena en las cárceles más próximas a su lugar de origen o vínculo. En noviembre de 2025 el propio Gobierno vasco reconoció que desde que había asumido la competencia de prisiones había recibido 1.125 peticiones de traslado de presos comunes, pero que en la inmensa mayoría de los casos, el 72%, las había denegado por falta de capacidad.
Hasta entonces, los traslados que sí se autorizaron a las cárceles vascas fueron los de los presos de ETA, que tuvieron siempre prioridad. Datos del Ministerio del Interior cuantificaron en 382 traslados los que se llevaron a cabo desde prisiones de fuera de Euskadi a los centros vascos. Actualmente ronda los 120 el número de presos de ETA que cumple condena, muchos de ellos en régimen de semilibertad.
Zubieta duplica el espacio para acabar con la saturación
La saturación y falta de espacio ha sido el argumento que el Gobierno vasco ha aducido para negar el traslado de los alrededor de 450 presos comunes con posible arraigo en Euskadi que cumplen condena fuera del País Vasco. Cuando las autoridades vascas asumieron la competencia, en las tres prisiones cumplían condena 1.380 presos y actualmente lo hacen 1.687.
La nueva prisión de Zubieta cuenta con prácticamente el doble de plazas que la vieja cárcel de Martutene, inaugurada en 1948. El nuevo centro dispone de capacidad para acoger a 400 internos gracias a sus 232 celdas dobles. A ellas se comenzará a trasladar de modo progresivo a partir de la próxima semana a los internos de Martutene. Una vez completado el proceso, las instalaciones de la antigua cárcel serán demolidas para acoger en sus terrenos una promoción de nuevas viviendas en la zona de expansión de San Sebastián.
La prisión de Zubieta está organizada en módulos, lo que permitirá una mejor clasificación de los internos, desarrollar itinerarios individualizados y llevar a cabo programas específicos para distintos perfiles de presos. La zona residencial dispone de seis módulos y varios servicios comunes como un comedor, sala de estar y una despensa. Las celdas se distribuyen en las plantas superiores. Cuatro de los módulos disponen de 40 celdas y otros dos, uno para mujeres con 24 celdas y otro para hombres con 48 celdas más.
Así es la cárcel más moderna: celdas de 13 m2, piscina y frontón
Los internos que sean trasladados a Zubieta accederán a la cárcel más moderna del país. Sus celdas serán más grandes que las de entre 8 m2 y 10 m2 actuales. En Zubieta todas las celdas son de 13 m2, incluyen ducha individual integrada en la celda –desaparecen las duchas comunitarias–, además de inodoro, lavabo, televisor, escritor, estantería y una cama.
Junto a las celdas, las instalaciones de Zubieta disponen de 16 salas para visitas, cuatro salas para comunicaciones con jueces y abogados, siete salas de visitas con familiares y siete salas para visitas personales. En cuanto a las instalaciones comunes, la nueva prisión cuenta con un frontón, un campo de fútbol y un polideportivo, además de una piscina climatizada que combinará los usos terapéuticos y de rehabilitación con los usos deportivos regulados.
La construcción de esta nueva prisión se remonta a 2021, cuando fue adjudicada por 38,8 millones de euros. Finalmente su construcción se ha disparado a 45,49 millones de euros. A este coste se suma el provocado por la compra de los terrenos y la dotación de sus instalaciones, lo que sitúa el coste final en casi 95 millones de euros.
Homenaje a las víctimas de ETA
Durante la inauguración del complejo penitenciario, con la presencia del ministro Fernando Grande-Marlaska y el lehendakari Imanol Pradales, se ha rendido un homenaje a los funcionarios de prisiones asesinados por ETA. A la puerta de Zubieta se ha colocado un panel en recuerdo a los tres trabajadores de Martutene asesinados por ETA entre 1990 y 1997.
Se trata de Ángel Jesús Mota Iglesias, asesinado por ETA de un tiro en la nuca mientras portaba en brazos a su hijo de seis meses. José Ramón Domínguez Burillo era educador en la prisión; dos miembros de ETA le dispararon por la espalda el 22 de enero de 1993. A Francisco Gómez Elosegui, educador y psicólogo de la prisión, lo asesinaron en el barrio de Gros de San Sebastián el 11 de marzo de 1997 dos etarras de un disparo en la nuca. Por último, Juan José Baeza, funcionario de Martutene, resultó herido tras un atentado frustrado de ETA en Errenteria el 17 de abril de 1997.
Durante la inauguración de la prisión, el lehendakari Imanol Pradales defendió que la política penitenciaria vasca debe guiarse por principios irrenunciables, como el humanismo, la integración y la reinserción social, pero sin caer en la “benevolencia y la inocencia”. El lehendakari recordó a la sociedad que el Gobierno Vasco seguirá siendo muy estricto en el enjuiciamiento y la aplicación de la ley a quienes cometen delitos, pero que es necesario evitar discursos de odio, venganza y estigmatización, que, según afirmó, no ayudan a prevenir la reincidencia ni a promover la cohesión social. “El objetivo no es ver sufrir al recluso, sino prepararlo para integrarse y vivir en la comunidad; ofrecerle apoyo, formación y oportunidades laborales para reparar en la medida de lo posible el daño causado y construir una nueva vida”, subrayó.
Recordó a los reclusos que el camino hacia la integración social se basa en derechos y obligaciones, lo que implica “exigencia, responsabilidad y compromiso”. “Depende de ustedes asegurarse de que su identidad no esté definida por el delito: reconocer el daño causado, ayudarlos a sanar en la medida de lo posible y aprovechar las oportunidades que se les ofrecen para reconstruir sus vidas”, les dijo.
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