Pedro Sánchez ha decidido convocar este martes la reunión del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), el órgano que asesora al presidente en los asuntos que afectan a la seguridad del país. Lo ha hecho después de dar por concluidas sus vacaciones y cuando ya han transcurrido 26 días desde el asalto de 80.000 personas a la frontera con Marruecos, en El Tarajal de Ceuta.
Que Sánchez haya esperado a dar por finalizadas sus largas vacaciones y cuando ya ha transcurrido casi un mes desde la "violación a la integridad territorial" de España, como él mismo la definió el pasado 1 de agosto, da idea de la escasa relevancia que tendrá esta reunión. Otro dato a tener en cuenta es que el encuentro se celebrará una hora antes de la celebración del Consejo de Ministros post vacacional. Si tenemos en cuenta que a la cita están convocadas, al menos, 18 personas (además del presidente, los tres vicepresidentes, los titulares de Defensa, Interior, Exteriores, Industria, Sanidad, de Justicia, de Transformación Digital, de Ciencia e Innovación, Hacienda, además del jefe de Gabinete del presidente, la secretaria de Estado de Seguridad, el secretario de Estado de Exteriores, la directora del CNI, la directora del Departamento de Seguridad Nacional, el JEMAD, y, como invitado especial, el presidente de Ceuta –no sabemos se asistirá el rey, que podría hacerlo–), podemos imaginar que muy, muy a fondo, no se estudiará la crisis. Si hablaran todos no tocarían ni a cuatro minutos por interviniente.
Mañana, además, comienzan en el Congreso las comparecencias de los siete ministros que intentarán dar una explicación sobre lo que ocurrió entre el 30 y el 31 de julio y qué es lo que ha hecho el gobierno desde entonces. La primera en comparecer será la ministra de Defensa, Margarita Robles.
La reunión del CSN hay que interpretarla como un gesto del presidente en la semana en la que su gestión será sometida a escrutinio por el Congreso. Hay que situarla, como tantas otras a las que nos tiene acostumbrado, en la categoría del postureo. Que no se diga que no ha convocado al CSN. Aunque esta reunión sirva de muy poco o de nada.
Si el presidente le hubiera dado a la crisis de Ceuta la importancia que tiene, habría convocado al órgano asesor de seguridad nacional al día siguiente del asalto a la frontera. Pero hacerlo hubiera destrozado el relato que se construyó a posteriori y que consistió en que lo sucedido era una simple "crisis migratoria". Ese fue el sello oficial que se impuso a los ministros que hablaron del tema en los días posteriores al asalto. Si se hubiera convocado al CSN la primera semana de agosto, el asalto se hubiera interpretado exactamente como el propio presidente lo definió en su comparecencia en Ceuta del 1 de agosto: como "una violación a la integridad territorial" de España. Que es lo que de verdad ha sido. Lo que hubo después fue una rectificación, porque mantener la tesis la "violación" a la soberanía nacional suponía tener que pedirle cuentas a Marruecos.
Convocar el Consejo de Seguridad Nacional a primeros de agosto hubiera roto el relato del Gobierno de que el asalto a Ceuta respondía a una "crisis migratoria"
Las casi cuatro semanas que han transcurrido desde la "violación" no han servido para devolver la normalidad a la ciudad autónoma, como ha reconocido –¡por fin!– el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Tirado.
Siguen desperdigados por la ciudad más de 3.000 inmigrantes mayores de edad, de los que la mayoría ha pedido ya el asilo, y casi otros 3.000 menores, que no pueden ser devueltos a Marruecos porque la legislación española les ampara. En el ínterin, el Ministerio de Infancia aseguró que traería a la Península a 500 niñas; promesa improvisada y demagógica que ha quedado paralizada, de momento. También en plenas vacaciones del presidente se han producido denuncias de agresiones sexuales, se ha conocido que hay policías con sarna, o que las condiciones de vida de los agentes distan mucho de ser dignas. Ha quedado acreditada –cómo no– la insolvencia del ministro de Exteriores, que aseguró el pasado día 11 que todos los inmigrantes que entraron ilegalmente en Marruecos serían devueltos de manera inmediata. También ha quedado en la memoria de los españoles la afirmación de Grande-Marlaska de que el CNI no había avisado de que algo así pudiera ocurrir en Ceuta, para disgusto de la ministra de Defensa, que veremos si mañana aclara en el Congreso ese entuerto. Por último, el pasado viernes supimos que Sánchez había decidido nombrar al ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, como gestor y mando único de la crisis. ¿Qué puede salir mal?
Cuando escribo estas líneas, en Zarzuela no se ha recibido ninguna notificación invitando a Felipe VI a la reunión del CSN. Se ve que Sánchez no lo considera oportuno, no vaya a ser que se enfade Mohamed VI.
La convocatoria a destiempo del CSN dice mucho de la forma que tiene nuestro presidente de entender para qué sirven los órganos del Estado. No los utiliza cuando debe, sino cuando a él le interesa. ¿Qué decisiones se adoptarán mañana? Pocas o ninguna. Desde luego, ninguna de importancia. Pero ya podrán decir él y sus ministros en el Congreso que se convocó al máximo órgano de asesoramiento en cuestiones de seguridad nacional, como, por cierto, le venían reclamando desde hace semanas no sólo la oposición, sino la cúpula militar.
1 Comentarios
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hace 4 horas
Tranquilos el pnv, junts y erc siguen dando apoyo a Pedro.
Si hay una ley intocable es la electoral que prima y de qué manera a esos partidos que miran a unos intereses poco generales y comunes, básicamente insolidarios.