De niño Boris Johnson quería ser “el rey del mundo”. Donald Trump cree que ser presidente de Estados Unidos es lo que más se acerca a serlo. El nuevo primer ministro británico quiere que el Reino Unido vuelva a ser grande. “America first. Let’s make America great again (América primero. Hagamos América grande de nuevo) son marcas de la casa Trump.

En 2016 el mundo experimentó un cambio tan sustancial que muchos politólogos consideran que ese año marca el inicio del siglo XXI. Boris Johnson y Donald Trump estaban en el epicentro del tsunami político que se vivió en 2016 en el Reino Unido y en Estados Unidos.

Fue entonces, exactamente el 23 de junio, cuando los británicos votaron a favor del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Boris Johnson fue uno de los artífices del Brexit, una revolución populista y nacionalista contra las élites de Bruselas.

Tres años después, y con un Reino Unido más desunido que nunca, Alexander Boris de Pfeffel Johnson (Nueva York, 1964) se ha hecho con las riendas del Reino Unido. Es el 55º primer ministro británico, el décimocuarto que conoce la reina Isabel II, desde que recibió en 1952 a Winston Churchill. Llegar al 10 de Downing Street, como su admirado Churchill, es lo más parecido a ser rey del mundo para un británico de la élite como Boris Johnson.

El 8 de noviembre de 2016, contra todos los pronósticos, el candidato republicano Donald John Trump (Nueva York, 1946) gana las elecciones presidenciales frente a la ex primera dama y ex secretaria de Estado, la candidata demócrata Hillary Clinton. El magnate inmobiliario Donald Trump es el primer presidente de Estados Unidos sin experiencia previa en política. Encarna el triunfo de la antipolítica en una de las democracias más sólidas del mundo.

Los dos triunfaron con campañas orquestadas sobre falsedades, repetidas una y otra vez. Trump prometió construir un muro para impedir el paso de inmigrantes desde el sur, a los que culpaba de la criminalidad y la falta de oportunidades.

La campaña del Vote Leave, ideada por su actual asesor Dominic Cummings, llamaba a “recuperar el control” de las fronteras para impedir que los de fuera quitaran empleos a los británicos, a dejar de aportar fondos a la UE, que deberían ir a la sanidad pública, y atizó el fantasma del ingreso de Turquía en la UE. Johnson es biznieto de un periodista y político turco, Ali Kemal, curiosamente.

Nada más ser elegido Boris Johnson como líder del Partido Conservador, Donald Trump le felicitó con un tuit entusiasta en el que le describía como una persona “genial”. “Great” decía exactamente, una de las palabras que más emplea el magnate. Trump incluso ha ido más allá al remarcar que al nuevo primer ministro le llaman el “Trump británico”, lo que a su juicio es lo mejor que le pueden llamar a cualquiera.

“Tenemos a un buen hombre. Va a ser primer ministro del Reino Unido ahora, Boris Johnson”, dijo en un encuentro con estudiantes el presidente de EEUU. “Es duro y es listo. Le dicen el Trump británico y se lo dicen porque les parece bueno. Les gusto. Es lo que quieren y es lo que necesitan”.

En su reciente visita al Reino Unido, con Theresa May ya de salida como primera ministra, Donald Trump dejó clara su inclinación hacia el exministro de Exteriores en la contienda por el liderazgo conservador.  En una entrevista en The Sun, Trump dijo durante su visita en junio: “Boris Johnson es una persona muy cualificada, un excelente tipo. Hará un gran trabajo”.

Tienen el mismo corte de pelo. Creo que se llevarán bien», ha dicho el padre del nuevo primer ministro británico, Stanley Johnson

Sin embargo, Boris Johnson no parece que se quiera ver como el Trump británico. Sabe que en el Reino Unido Donald Trump no es tan popular como él cree. “Tienen el mismo corte de pelo. Creo que se llevarán bien”, comentaba en la CNN su padre, Stanley Johnson, quien trabajó en la Comisión Europea y en el Banco Mundial. “Hemos de tener cuidado y no ser serviles con Estados Unidos”, añadía, al tiempo que destacaba que para el Reino Unido será crucial mantener una buena relación con Europa.

De hecho, Boris Johnson habló por teléfono con el presidente saliente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, antes que con Donald Trump. Si bien su embajador en Londres, Woody Johnson, decía este viernes a la BBC que la relación entre los dos será “sensacional”.

Con Trump mantuvo una conversación telefónica el viernes por la noche, según ha informado un portavoz de su gobierno. «Ambos líderes expresaron su compromiso de conseguir un ambicioso acuerdo de libre comercio y de empezar las negociaciones tan pronto como sea posible después de que el Reino Unido deje la UE», de acuerdo con esta fuente.

Una relación más que especial

El embajador de EEUU en Londres había destacado: “Creo que tienen mucho en común. Los dos tienen su propio estilo, pero hay semejanzas entre ellos y creo que coinciden en tener una visión clara sobre lo que quieren hacer”. La relación especial entre el Reino Unido y Estados Unidos, parece que ahora lo será más aún.

El diplomático estadounidense quitó importancia a los comentarios que hizo Boris Johnson en 2015, cuando era alcalde de Londres. Boris Johnson es el primer conservador al frente de la ciudad más cosmopolita del Reino Unido. Fue elegido en 2008 y reelegido en 2012. Ejerció de anfitrión en las Olimpiadas. Es difícil imaginar que Trump pudiera ganar las elecciones a alcalde de Nueva York, una ciudad claramente liberal, en términos estadounidenses.

Trump había señalado que en Londres había zonas donde no podía ponerse un pie, debido a la delincuencia. Johnson le contestó que el único miedo que tenía al andar por Nueva York es poder toparse con Trump y añadió que su ignorancia le dejaba estupefacto y que no le consideraba preparado para ser presidente.

Políticamente incorrecto, Boris Johnson ha dedicado lindezas de ese calado a gran parte de los dirigentes mundiales. Sobre Hillary Clinton escribió: “Tiene el pelo rubio teñido, los labios sensuales y los ojos azul acero, como una enfermera sádica en un psiquiátrico”.

En relación con las elecciones presidenciales en EEUU, Boris Johnson escribió con su habitual sorna y su machismo etoniano. “Para todos los que amen América es hora de pensar en apoyar a Hillary, no porque queramos que sea presidenta, sino porque queremos a Bill como Primer Esposo. Si puede tratar con ella, Bill podrá hacer frente a cualquier crisis global”.

A Obama no le perdonó que se deshiciera de un busto de Winston Churchill, o que él creyera que lo hizo, ni su rechazo al Brexit. “El presidente parcialmente keniata tiene un ancestral recelo del imperio británico, del que Churchill era un gran defensor”, dejó escrito Johnson, autor de El factor Churchill, donde queda claro cómo su gran aspiración sería convertirse en el Churchill del siglo XXI.

Imaginar a Donald Trump escribiendo sobre Churchill resulta surrealista. Sin embargo, Boris Johnson es tan incalificable que es capaz de citar la Ética a Nicómaco, de Aristóteles, y disfrutar viendo su película favorita, Dodgeball (Cuestión de pelotas).

Los dos son hombres aniñados con verborrea y deben su carrera profesional a una combinación de enormes privilegios, falta de escrúpulos y autopromoción», escribe Cas Mudde

Cas Mudde, uno de los politólogos expertos en populismo, ha escrito en The Guardian un artículo titulado ¿Es Boris Johnson realmente el Trump británico? Según Mudde, “los dos son hombres aniñados con verborrea, tienen una historia de adulterio y escándalos varios, deben su carrera profesional a una combinación de enormes privilegios, falta de escrúpulos, oportunismo y autopromoción sin límites, todo ello amparado con un ambiente mediático propicio. Comparten una aproximación heterodoxa a la política y un estilo comunicativo políticamente incorrecto, en realidad eufemismos para referirnos a su oportunismo, y a su homofobia, racismo y sexismo”.

Son versiones de un fenómeno global, pero se parecen y se diferencian tanto como Estados Unidos y el Reino Unido. Curiosamente los dos nacieron en Nueva York. Donald John Trump residió en Queens y es hijo de un empresario inmobiliario hijo de un inmigrante alemán. Su madre, que trabajó como doncella hasta que se casó, proviene de Escocia. Boris Johnson nació en Estados Unidos, y tuvo la nacionalidad estadounidense hasta 2016, debido a que su padre trabajaba allí en el Banco Mundial.

Los paralelismos son evidentes. Es una respuesta similar a un fenómeno similar en EEUU y el Reino Unido… Pero Boris es un aristócrata, y Trump es hortera», dice Sarias

“Los paralelismos son evidentes. Es una respuesta similar a un fenómeno similar en Estados Unidos y en el Reino Unido. Hasta se parecen físicamente… La diferencia principal es que Boris es un aristócrata, educado en los colegios y universidades más caras del Reino Unido, Eton y Oxford. Y Trump es cutre y hortera. Trump no sabe ser otra cosa. Coinciden en que son irresponsables”, señala David Sarias, profesor de Pensamiento Político en la Universidad CEU-San Pablo de Madrid.

Hemos visto hasta qué punto podemos hablar de Donald Johnson y Boris Trump. Veamos ahora en qué se diferencian estos dos líderes del mundo anglosajón.

1. Origen, familia y educación. Donald Trump proviene de una familia de empresarios venidos a más. Es un hombre de éxito porque ha hecho muchísimo dinero, con negocios turbulentos, pero la educación no ha sido relevante en su trayectoria. Estudió en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania, tras pasar por la Academia Militar de Nueva York. Tiene raíces en Escocia y en Alemania, a pesar de su animadversión por los inmigrantes, además de haber estado casado tres veces, siempre con extranjeras.

Boris Johnson es hijo de la élite británica y como tal se ha educado. Debido al trabajo de su padre, que estuvo en el Banco Mundial y en la Comisión Europea, ha viajado por todo el mundo desde que su infancia. Su madre era artista y sufrió depresión cuando Boris era un niño. Estudió en el Colegio Europeo de Bruselas, como la presidenta electa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y continuó en Eton, donde se han educado, por ejemplo, los hijos del príncipe Carlos. Cursó estudios clásicos en la Universidad de Oxford. Su autor favorito es Homero y disfruta leyendo sobre la antigua Roma y Grecia. Trump no lee libros, ve la televisión, sobre todo canales afines como la Fox.

Coinciden en que la vida personal de los dos líderes es turbulenta. Donald Trump se ha casado tres veces y tiene cinco hijos. La más conocida es Ivanka, que se ha convertido en su asesora, al igual que su marido Jared Kushner. La actual primera dama, la exmodelo eslovena Melanija Knavs,  es 24 años más joven que el presidente.

Boris Johnson se ha casado dos veces, tiene cuatro hijos y su última pareja es Carrie Symonds, de 31 años, hija de uno de los fundadores de The Independent. En plena campaña por el liderazgo conservador, los vecinos de Symonds denunciaron gritos y golpes en el apartamento que comparte con el entonces aspirante a líder conservador.

2. Cómo han llegado al poder. Donald Trump fue candidato del Partido Republicano, aunque no forma parte del establishment de esta formación política. Es un candidato anti establishment, aunque sea un empresario multimillonario. Su elección el 8 de noviembre de 2016 hizo temblar los cimientos de Washington, y del mundo entero. Trump ganó el voto electoral, es decir, contó con más delegados por estados, pero perdió el voto popular. Aún así le respaldaron el 46,1% de los que acudieron a las urnas. Entre la población blanca obtuvo una diferencia de más de 20 puntos. Sus votantes son, sobre todo, hombres blancos mayores de 40 años. Optará a la reelección en 2020.

A Boris Johnson le han coronado apenas 92.153 militantes conservadores, es decir, el 0,2% de la población del Reino Unido. Son los que le han elegido como líder del Partido Conservador, tras la dimisión de Theresa May por su fracaso a la hora de poner en marcha el Acuerdo de Retirada, suscrito con los Veintisiete.

A Boris Johnson le situó en el epicentro de la política británica la campaña a favor del Brexit. Tras la victoria del sí a la salida de la UE, David Cameron, que consintió en la convocatoria de la consulta y apostaba por la permanencia, dimitió. Pero Boris Johnson no dio un paso adelante entonces. Estuvo a punto, pero desistió al presentarse su aliado, Michael Gove, que no tuvo éxito. Ahora ha logrado el claro respaldo de los diputados conservadores y de los militantes.

La mayoría en el Parlamento de los conservadores es frágil: apenas se apoya en dos diputados. Los opuestos a la salida sin acuerdo pueden dificultar su tarea. Es muy probable que tenga que convocar elecciones anticipadas, si quiere ejecutar una salida sin acuerdo. Se arriesga a ser Boris el Breve. Con el actual Parlamento no podría.

3. Sus visiones políticas. Johnson es liberal, aunque lo sea a su manera, mientras que Trump es proteccionista y autoritario. Johnson tiene más lazos con el Partido Conservador que Trump con los republicanos. Trump es un movimiento en sí mismo.

Más que liberal Johnson sería libertario. “Su idea de una sociedad se basa en el individualismo, la libertad y la democracia”, según escribe Tom McTague en The Atlantic.

Es encantador, optimista, divertido, pero muy laxo en el manejo de los hechos», dijo de Boris Johnson la profesora Mary Beard

Evoca McTague una conversación que mantuvo Boris Johnson con Mary Beard, la catedrática de Oxford experta en estudios clásicos, en la que Johnson defendía que Grecia nos ha dado más que Roma. “Como América es una creación británica”, decía Johnson en una afirmación que sería curioso que defendiera ante Trump. Johnson elogió en esa charla “el espíritu de libertad” de Atenas, y su falta de esa moralidad pacata. Beard confesó al autor de The Atlantic que Boris Johnson le pareció “encantador, optimista, divertido, pero muy laxo en el manejo de los hechos”.

4. Populismo y demagogia. ¿Son los dos populistas? Donald Trump es un populista de manual. Pero Boris Johnson es más inclasificable.“Tengo dudas de que a Boris se le pueda llamar populista. No hay un mensaje anti élite. Tampoco dice nada de limpiar el cenagal de Londres. Es más un nacionalista conservador convencional. Es más un demagogo, y coge prestados conceptos del populismo”, señala David Sarias.

En una entrevista en El Independiente, Susana del Río, doctora en Ciencias Políticas y miembro del Comité de Experos de la Unión Europea, declaraba: «Cuando pienso en Boris Johnson, veo rápidamente a Donald Trump. Veo peligro, mucho peligro. Trump ha querido con su último viaje al Reino Unido animar el Brexit y decir a los británicos que dejen la UE lo antes posible. Trump se olvida de que la UE se fundamenta en los valores. Cualquiera que se vaya de la UE pierde en valores. Nuestro modelo está arraigado en valores».

Y añadía Susana del Río, sobre el difícilmente calificable Boris Johnson: «Lo que es Boris Johnson nos lo indica el hecho de que haya querido cerrar el Parlamento para evitar que los diputados se pronuncien sobre la salida sin acuerdo. No lo ha conseguido pero ya solo que lo haya concebido indica cuál es su tendencia, una tendencia destructiva».

5. Retórica. Boris Johnson y Donald Trump saben cómo hay que apelar al corazón de los ciudadanos y conocen la importancia de los medios. Donald Trump es un gran fan de las redes sociales y ejerce de tuitero-en-jefe. Puede lanzar eslóganes en esos 280 caracteres. Coinciden en que no tienen gran apego a los hechos, sino que prefieren manejar sus propias verdades, verdades fabricadas a su medida.

Sin embargo, Boris Johnson es un orador elocuente. Muy apasionado, es muy rápido de reflejos y muy agudo. También políticamente incorrecto, algo que moderará desde el 10 de Downing Street.

Al contrario que a Donald Trump, a Boris Johnson le gusta escribir. Empezó su carrera profesional en The Times, de donde le echaron por inventarse un dato en una noticia, y luego fue corresponsal en Bruselas de The Daily Telegraph en los 90. Era el periodista favorito de Margaret Thatcher. Luego dirigió el semanario conservador The Spectator.

Hasta el lunes pasado publicaba una columna semanal en el Telegraph por la que ingresaba unas 250.000 libras anuales. Es autor de varios libros (Friends, Voters, Countrymen; The Dream of Rome, The Churchill Factor, entre otros), y de una obra de ficción, Seventy-Two Virgins. A Comedy of Errors, un thriller político.

6. ¿Son racistas y misóginos? Donald Trump ha dicho a cuatro congresistas demócratas que regresen a sus países, cuando tres de ellas son estadounidenses. Boris Johnson ha empleado en ocasiones alusiones racistas («orgías caníbales en Papúa Nueva Guinea» o «gorilitas sonrientes») pero también fue alcalde, y querido, de una ciudad como Londres. Por sus venas corre sangre turca, y su ministro del Interior es de origen paquistaní y la del Interior indio. Con las mujeres es políticamente incorrecto hasta la extenuación. Trump es un acosador. Es decir, es cuestión de grados.

7. El factor Trump. El factor Johnson. El carácter hace el destino, decían los griegos, y Boris Johnson asegura que así lo cree. Por eso escribe sobre su predecesor, Winston Churchill, “el hombre que salvó nuestra civilización” su libro más querido, El factor Churchill. En esta obra trata de desentrañar qué es lo que marca la diferencia de una personalidad tan extraordinaria. Tendría suerte el Reino Unido si realmente fuera su guía.

Winston Churchill, que fue la voz más potente que se alzó en favor de la unidad europea después de la Segunda Guerra Mundial, hoy se habría pasado a los liberales», dice Belén Becerril

Como escribía Belén Becerril Atienza, subdirectora del Instituto Universitario de Estudios Europeos, en su artículo Winston Churchill y el referéndum británico, “Winston Churchill fue la voz más potente que se alzó a favor de la unidad europea inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial… Al servicio de la unidad europea puso, durante años, su tremenda capacidad de trabajo, su inspirada oratoria y todo el caudal de su prestigio personal”. Señala Becerril que si viviera en estos convulsos tiempos del Brexit, se habría pasado de nuevo a los liberales.

La madre de Boris Johnson, Charlotte, a quien estuvo muy unido hasta los 11 años, explicaba en un documental de la BBC en 2013 por qué creía que su hijo soñaba con ser el rey del mundo. “Creo que era su manera de decir que quería ser invulnerable, invencible, que de alguna manera quería estar a salvo de cualquier sufrimiento”.  Confíemos en que tanto Donald Johnson como Boris Trump tampoco quieran que suframos los demás.