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Reyes europeos, especie en extinción

Las monarquías británica y española, las más útiles, luchan por su supervivencia tras sufrir daños autoinfligidos

Imagen de la realeza española y la realeza inglesa

Carmen Vivas

En la tercera temporada de The Crown, el primer ministro Harold Wilson, habla con la reina Isabel II sobre un documental fallido de la BBC en la que el Palacio de Buckingham abría sus puertas a los británicos. «Queríamos mostrar que somos gente normal», dice la reina al premier laborista. «No, majestad. Ustedes no son gente normal. Los británicos quieren que encarnen un ideal».

Ese ideal se resquebrajó cuando la princesa de Gales, ya divorciada, confesó en la BBC en 1995 que «en su matrimonio eran tres» y había intentado suicidarse varias veces, incluso estando embarazada. Diana era «la princesa del pueblo», como diría cuando murió el primer ministro, Tony Blair.

En España ese shock se produjo cuando se descubrió que en plena crisis financiera en 2012 el Rey Juan Carlos estaba de safari con su amante, Corinna Larssen. Lo supimos porque el monarca se cayó y requirió hospitalización. «Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a suceder», dijo entonces.

Pero aquello acabó en su abdicación dos años más tarde y recientemente en su salida del país tras las sospechas de fraude fiscal. Un partido en el gobierno de España, Unidas Podemos, reclama un referéndum sobre la monarquía, mientras el actual rey, Felipe VI, trata de sobrevivir distanciándose de su padre, y de sus hermanas.

Dos de las monarquías más relevantes de Europa están seriamente dañadas. De hecho, hay quienes creen que no sobrevivirán a los actuales monarcas, Isabel II, y Felipe VI.

Los dos llegaron al trono con una gran presión. Los Windsor sufrieron una conmoción cuando en 1935 abdicó Eduardo VIII, hermano del padre de Isabel, para casarse con una divorciada estadounidense, Wallis Simpson. Felipe VI se convirtió en rey al abdicar su padre, Juan Carlos I, debilitado por sospechas de corrupción y expuesto a las revelaciones de una amante despechada.

De Diana a Meghan

Cuando en agosto de 1997 Diana murió en accidente de tráfico, perseguida por paparazzi en París, la Monarquía británica se tambaleó como nunca antes. Uno de cada tres británicos quería su abolición.

Veinticuatro años más tarde, ahora que la Reina cumple 69 años en el trono, vuelve a sufrir una conmoción. La entrevista de los Duques de Sussex a Oprah Winfrey es una bomba contra la Firma, como es conocida la institución monárquica. Parece que fue Jorge VI quien acuñó esta denominación, si bien Meghan Markle es la primera persona de la familia real que la utiliza en público.

Lo mejor que tenemos hasta ahora es el ritual y el misterio. Nos mantenemos ocultos a pesar de estar a la vista de todos»

reina isabel en ‘the crown’

Aunque Harry, y su esposa, la ex actriz Meghan Markle, salvan a la Reina de cualquier ataque («una cosa es la familia y otra el aparato que la rodea»), las acusaciones de racismo afectan a una monarquía que comprende territorios, en la Commonwealth, donde hay mayoría de población de color.

En la serie de Netflix, la Reina reflexiona sobre lo que le plantea su primer ministro: «Ningún ser humano es ideal. Solo Dios. Por eso me gusta que la Familia Real no se vea expuesta… Pero la cuestión es que no se nos puede esconder. Debemos estar todo el tiempo a la vista de todos. ¿Cómo resolver este dilema? Lo mejor que tenemos hasta ahora es el ritual y el misterio. Nos mantiene ocultos a pesar de estar a la vista de todos».

¿Cómo mantener ese misterio cuando estás expuesto a los focos cada vez que sales de palacio? La Firma cree que para ello hay que cumplir un estricto protocolo.

Meghan Markle ha roto el misterio en la estela de Diana de Gales. Ha retratado un ambiente claustrofóbico que le llevo a albergar pensamientos suicidas. Su marido, el príncipe Harry, es el hijo menor de Lady Di y el príncipe Carlos. Diana de Gales sufrió bulimia y aseguró ante el mundo que había intentado quitarse la vida varias veces.

Los Duques de Sussex decidieron hace un año romper con la Firma. Anunciaron que se trasladaban a Canadá. Al principio se dijo que vivirían entre Canadá y el Reino Unido. El príncipe Harry se reunió en Sandrigham con la Reina, su padre el príncipe Carlos, y su hermano, Guillermo, para tratar el asunto. Al final del encuentro, la Reina emitió un comunicado en el que deseaba suerte a la joven familia en su «nueva vida». Iban a dejar de depender de lo fondos públicos en su nuevo comienzo.

Según ha contado Harry, en los últimos meses ha vivido gracias a la sustanciosa herencia de su madre, unos 13 millones de euros. Los Duques de Sussex se vieron «atrapados», según sus declaraciones. Y estallaron cuando se dieron cuenta de que su hijo, Archie, no tendría título, ni protección. Dan a entender que es por su color de piel (Meghan es birracial aunque nadie lo diría por su aspecto).

La Reina apenas había superado el escándalo propiciado por las amistades peligrosas de su hijo Andrés, que se dejó invitar por el millonario Jeffrey Epstein. Una joven estadounidense asegura que, por mediación de Epstein, el hijo favorito de la Reina se acostó con ella cuando era menor.

Andrés, a quien la prensa conocía en su juventud como Andy Randy (Andy, el cachondo), conoció a Epstein gracias a Ghislaine Maxwell. Hija del magnate mediático, Robert Maxwell, fue novia de Epstein y su conseguidora de chicas. A Epstein le encontraron muerto en prisión, donde aguardaba juicio acusado de proxenetismo, y Ghislaine ahora está entre rejas como cómplice.

El príncipe Andrés fue apartado de la Firma. Pero los Duques de Sussex se iban voluntariamente. Era la primera dimisión en la Familia Real británica. Y después de un año en el exilio han lanzado un misil tierra aire contra la Firma.

Una familia real minimizada

Al contrario que en otras ocasiones, desde el Palacio de Buckingham se ha difundido un comunicado en el que aseguran que se investigarán las acusaciones de racismo. El príncipe Guillermo, en una visita el jueves a un colegio de Londres, junto a su esposa Kate, aseguró que la familia real está «muy lejos» de ser racista. Al tiempo, decía que hablaría con su hermano Harry pronto.

Según los primeros sondeos, los menos favorecidos por esta explosiva entrevistas son los propios Meghan y Harry. El 48% de los encuestados tienen una impresión negativa de Harry y un 45%, positiva, según un sondeo de YouGov que cita Sky News.

Peor es la opinión sobre Meghan: un 31% tiene una visión positiva y un 58%, negativa. Sin embargo, la Reina, el príncipe Guillermo y su esposa Kate, mantienen su popularidad.

El príncipe Carlos es firme partidario de que la familia real se reduzca, una tendencia que también se impone en otros países europeos. De esta manera, los miembros que no estén en la primera línea sucesoria quedarían «liberados». Cuantos más formen parte de la Firma, más son los riesgos de que no respondan al «ideal» y se rompa el «misterio».

El problema surge cuando los miembros de la familia que no están en el centro no pueden intentan ser «gente normal» y no les dan espacio y privacidad. Entonces se convierten en celebrities de un reality que siempre está en antena.

De icono de la transición a emérito exiliado

En España, los mayores daños a la Monarquía también han sido autoinfligidos. El rey que fue icono de la transición vive ahora en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, después de una serie de tropelías financieras inconcebibles para alguien que sabía lo mucho a lo que tuvo que renunciar para acceder al trono.

Aquel príncipe que tuvo que dejar a su familia para ser educado por un dictador que negó el trono a su padre se convirtió en el rey del camino a la democracia. Pasó su examen de rey constitucional con un intento de golpe de Estado el 23 de febrero de 1981 y lo superó.

Pero con los años se relajó y creyó que estaba por encima del bien y del mal. Su vida amorosa extramatrimonial era un secreto a voces. Peccata minuta. Lo peor fue cuando una de sus novias, quizá la que más lejos llegó, Corinna Larssen, tenía información sobre sus desmanes financieros.

Abdicó primero en su hijo, Felipe VI. Pero ni siquiera esto fue suficiente. A medida que se iban conociendo detalles de sus ingresos no declarados, hubo que marcar distancias hasta que dejó España con rumbo a Emiratos. En el Golfo conserva buenos amigos, que le han brindado protección.

A Dubai han ido a verle sus hijas, las infantas Elena y Cristina, que aprovecharon para vacunarse «porque se lo ofrecieron». Mientras «la gente normal» aguarda turno para su dosis, y muchos octogenarios que viven por su cuenta aún no han sido inmunizados. Los hijos de Elena, Froilán y Victoria, también han dado la nota por no respetar el confinamiento.

Felipe, un rey en el alambre

El Rey de España apenas tiene relación con sus hermanas. Los reyes Felipe y Letizia se distanciaron desde que estalló el escándalo que acabó con su cuñado, Iñaki Urdangarín, ex campeón olímpico de balonmano, en la cárcel por malversación, fraude y blanqueo de capitales.

Letizia habría aconsejado a su marido apartarse de su familia. Primero fue criticada pero ahora, como señalaba el autor de Felipe VI, un rey en la adversidad, José Antonio Zarzalejos, se ha demostrado que tenía razón.

En una entrevista con El Independiente, Zarzalejos reconocía que «como jefe del Estado, y teniendo en cuenta los problemas que le ha creado a él y a la institución de la corona el rey abdicado, el Rey Felipe tiene una situación compleja de manejar».

España es la monarquía más amenazada de Europa por los escándalos de corrupción del emérito»

michael begasse

En declaraciones a la cadena de televisión alemana RTL, el experto en monarquías Michael Begasse afirma que «España es la monarquía más amenazada de Europa» por «los escándalos de corrupción que han rodeado al rey emérito». Según Begasse, la monarquía española «se encuentra en su peor crisis en décadas».

Augura que corresponde a Felipe VI y a su hija Leonor, la heredera, de 15 años, el difícil papel de justificar su pervivencia. La princesa Leonor estudiará dos años en Gales a partir del curso próximo. Mantendrá su agenda como princesa de Asturias pero se apartará de los focos para lo que no sea estrictamente institucional.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no pregunta sobre la Monarquía desde 2015. En una encuesta de Sigma 2, realizada a principios de 2021, un 57,7% de españoles apoya la Monarquía como forma de estado, mientras que un 37% la rechaza. Pero las continuas noticias sobre el emérito, que acaba de pagar al fisco más de cuatro millones de euros para saldar sus deudas pendientes no ayudan a fortalecer la imagen del actual rey.

La española y la británica no son las únicas monarquías europeas que se apartan de ese «ideal» que sueñan los amantes del papel couché. Quedan una decena en este siglo XXI.

En Bélgica el padre del rey actual ha tenido hijos fuera del matrimonio. A los aparentemente intachables monarcas holandeses se les ha ido la mano con los gastos. Y en Mónaco empezaron recurriendo a una actriz (Grace Kelly) para reflotar el principado y han terminado convirtiéndose en personajes que parecen vivir para las revistas del corazón.

Sin embargo, la monarquía británica y la española serían, por razones distintas, las más sólidas por su utilidad en el sistema institucional. La británica por su tradición y porque la Reina ha sabido transmitir ese ideal de unidad, e incluso ha mantenido a flote la Commonwealth, aunque sea de forma simbólica. Sin embargo, gran parte de su familia no ha estado a la altura.

La monarquía española era la más moderna y había logrado asociarse a la evolución democrática del país. El rey emérito ha estado a punto de destruir su propia obra. Corresponde a su hijo Felipe VI el difícil reto de mantener una institución que para justificarse necesita seguir siendo símbolo de unidad.

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