Internacional

El plan marroquí para ganarse a la opinión pública: los emisarios de Mohamed VI en España

Imagen del rey de Marruecos, Mohamed VI sobre una mano que tiene la bandera de España

Carmen Vivas

Es una de las asignaturas pendientes de la monarquía alauí, envalentonada ahora por el trofeo del cambio de posición del Gobierno español en el contencioso del Sáhara Occidental. Las autoridades del país vecino siguen encontrando en la opinión pública española un hueso duro de roer, altamente reticente a comprar su discurso. Con el viento a favor del resurgir de las relaciones diplomáticas, calificadas ahora de «ejemplares», Rabat trata de propagar su mensaje por nuestra geografía. A su servicio tiene una exigua y a menudo disparatada legión de emisarios españoles.

«Marruecos tiene que hacer un esfuerzo hacia la opinión pública española», admite en declaraciones a El Independiente Machij el Karkri, miembro del buró político de la Unión Socialista de Fuerzas Populares de Marruecos, un partido del establishment marroquí. A su juicio, Rabat debe aprovechar «el buen momento por el que pasan las relaciones, después del gran paso que ha dado Sánchez para aclarar y mejorar las relaciones con España». «Tiene que explicar bien los temas de conflicto como el ‘Sáhara marroquí’, la inmigración, las fronteras y la cooperación», opina.

El Karkri considera que propagar los postulados de Rabat en territorio español debería ser una misión de «intelectuales, diplomáticos, asociaciones o de su gente, que son muchísimos en España». Alrededor de un millón de nacionales marroquíes residen en nuestro país, en su mayoría, representantes de la diáspora económica. «Esta imagen tiene que mejorar», subraya quien reivindica los lazos en común, desde la gastronomía hasta el idioma español que perdura, en evidente retroceso, en el norte del país.

El expresidente del gobierno español, José Rodríguez Zapatero, durante su participación la pasada semana en un presunto foro de diálogo de religiones en Tánger. EFE

El ‘lobby’ del PSOE

Sin embargo, el primer y más importante caladero de apoyos españoles a la causa del majzen, el todopoderoso círculo que rodea a Mohamed VI, se halla en los que, en una época u otra, han ocupado los despachos de Ferraz 70. La lista de promarroquíes en el PSOE resulta prolija: a los ex presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero se unen los ex ministros de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos y Trinidad Jiménez; la ex vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega; los ex ministros José Bono y María Antonia Trujillo, una figura menor de «la familia socialista» que a modo de premio de consolación llegó a ser consejera de Educación de la embajada española en Rabat. A unos y otros le unen sus viajes a la otra orilla del Mediterráneo, a cuerpo de rey y bajo invitación de la dictadura marroquí.

«El lobby marroquí en España se llama PSOE», escribe el periodista Javier Otazu en ‘Marruecos, el extraño vecino’, reeditado este mes por Los Libros de Catarata. Otazu, ex delegado de la agencia Efe en Rabat con 16 años de residencia y trabajo en el país vecino, conoce cada palmo de la poliédrica realidad marroquí. Otazu identifica incluso el escenario, el lujoso hotel Le Mirage en la encantadora Tánger, donde comenzó el idilio del PSOE con Marruecos, del que hoy son dignos herederos Pedro Sánchez y los ministros José Manuel Albares y Luis Planas.

El último viaje marroquí de Zapatero acaeció la semana pasada, como una de las estrellas de un foro de diálogo entre religiones en Tánger

«Allí José Luis Rodríguez Zapatero y Trinidad Jiménez pasaron las navidades en 2014 con sus familias, probablemente aconsejados por Felipe González, un habitué al que le gustaba tanto el lugar que llegó a comprarse un palacete en las inmediaciones que mantuvo durante varios años y que más tarde vendió. Dentro de los muros del Mirage se han forjado algunas de las alianzas más sólidas que Marruecos tiene en el mundo», comenta el periodista.

Algunos de los huéspedes más ilustres del hotel, agrega Otazu, «acaban siendo recompensados con la invitación a la Fiesta del Trono, una suntuosa recepción que el 30 de julio de cada año se celebra en un palacio distinto». Entre los agraciados, se cuentan González y Zapatero, que a su vez fue condecorado con el “wisam (‘cordón’) alauí de clase excepcional”. Los periplos marroquíes de Zapatero son interminables, casi siempre invitado por el régimen. El último está fechado la semana pasada, en calidad de una de las estrellas de un foro de diálogo entre religiones en Tánger. No obstante, el periodista califica a Moratinos como «el verdadero factótum del lobby marroquí en España».

En los tres meses que se cumplen este sábado desde la filtración de la carta de Sánchez a Mohamed VI, en plena tormenta por la crisis abierta con Argelia, los políticos socialistas han salido en tromba a defender el giro copernicano en el conflicto saharaui, censurado por el resto de formaciones españolas. Moratinos ha sido precisamente el más entusiasta de los portavoces. Otros como Jiménez llevan años abonados a la tesis de que España «no tiene responsabilidades en el Sáhara Occidental» a pesar de ser aún la potencia administradora de un territorio pendiente de descolonizar. Y Zapatero no ha dudado en tildar a los confines que gobierna con mano de hierro Mohamed VI como «el reino de la modernización y la democratización».

También resultaron polémicas en su momento algunas de las declaraciones vertidas por la ex secretaria de Internacional del PSOE, Elena Valenciano, hoy retirada de la vida política y dedicada a «la diplomacia privada». «No creo que Marruecos en su conjunto tenga una mala imagen en la opinión pública española. No creo, en ningún caso, que peor que Argelia», señala Valenciano en declaraciones a El Independiente.

Hay que ser capaces de poner en valor el nivel de relaciones que Marruecos tiene con nosotros y que, desde luego, es un vecino clave

ELENA VALENCIANO

«Se trata de un trabajo que le compete al reino de Marruecos y, en todo caso, a la diplomacia tanto de España como de Marruecos para poner en valor la importancia de unas relaciones estratégicas. Somos el país europeo más cercano a Marruecos», comenta. Y agrega: «Hay que ser capaces de poner en valor el nivel de relaciones que Marruecos tiene con nosotros y que, desde luego, es un vecino clave. Todo lo que se haga en el sentido de mejorar las relaciones me parece muy bien y en eso hay que trabajar en los próximos años».

La tesis que desarrolla Valenciano quedó recogida negro sobre blanco el pasado octubre en la ponencia marco del 40 congreso del PSOE, en el que -en plena crisis diplomática con Rabat y tras el varapalo pesquero- se consideraba al país como “socio primordial en la ribera sur del Mediterráneo” y el partido se ofrecía de agente para los intereses marroquíes en la UE. “Durante los próximos años, avanzaremos en la asociación estratégica bilateral a largo plazo que siempre han impulsado los Gobiernos socialistas; (…) España seguirá defendiendo en Europa el carácter estratégico que este país tiene para España y para Europa”.

En la derecha española nunca ha habido personalidades de peso que apoyaran a Marruecos

Los postulados marroquíes no tienen, ni de lejos, la misma penetración en el resto de partidos que conforman la vida política española. En las filas del PP, el nombre más destacado es Gustavo de Arístegui, ex portavoz popular de Asuntos Exteriores en el Congreso de los Diputados y más tarde embajador en la India. En 2015 se vio envuelto en un tórrido escándalo después de que se desvelara que su esposa, la marroquí Nadia Jalfi, trabajaba para la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio secreto exterior marroquí.

En unas declaraciones en abril, De Arístegui celebró la «decisión acertada» de Sánchez pero le afeó haberla acometido sin consenso. «En la derecha española nunca ha habido personalidades de peso que apoyaran a Marruecos. Ha sido, más bien, pro saharaui, tal vez por la nostalgia patriótica o por su defensa más cerrada de Ceuta y Melilla», desliza un reputado observador de la cuestión marroquí. En la órbita de Podemos, figura la ex asesora Dina Bousselham, quien -antes de su controvertida y ruidosa singladura por la política española- sirvió en París en las filas del PAM (Partido Autenticidad y Modernidad), una formación marroquí de centroderecha y promonárquica. Ella siempre ha tratado de rebajar su implicación.

Publicidad turística de Marruecos, bajo el eslogan de «Reino de la luz», en un autobús urbano de Madrid esta semana. FRANCISCO CARRIÓN

Altavoces mediáticos

Una de las obsesiones del poder marroquí es difundir sus narrativas al otro lado del Estrecho con la misma facilidad con la que manipulan a su opinión pública, sometida a una atroz censura y la constante vulneración de las libertades públicas. Según el índice mundial de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, Marruecos ocupa el puesto 136 entre 180 países. La organización con sede en París califica de «desierto informativo» la situación del periodismo en los territorios de la ex colonia española ocupados desde 1976 por Rabat.

Para tal cometido, las autoridades marroquíes patrocinan terminales comunicativas en suelo español. La más destacada es Atalayar, una web de información especializada en el norte de África y Oriente Próximo que -en sus propias palabras- «quiere ser el puente de comunicación, información y entendimiento entre culturas». La realidad es que sus artículos son tendenciosos y absolutamente promarroquíes. Resulta una tarea infructuosa hallar una pieza ligeramente crítica con Marruecos entre los cientos que celebran la apertura de consulados en los territorios ocupados del Sáhara y el apoyo al «Gran Marruecos», los planes expansionistas de Mohamed VI.

Existen cabeceras similares, entregadas a multiplicar con el mismo escaso éxito el mensaje de Rabat, como Marruecom o La Hora de África. Entre los rostros mediáticos, destaca Ahmed Charai, un empresario marroquí del sector de los medios de comunicación vinculado a los servicios secretos marroquíes. «Durante años, incluso en los momentos más tensos entre España y Marruecos, yo siempre he abogado por relaciones fuertes y de win-win«, manifiesta Charai a este diario.

Al calor de los últimos acontecimientos políticos, el país vecino ha sellado nuevas alianzas. La última tiene como protagonistas a la agencia de noticias estatal Map y la española Europa Press. Según el acuerdo suscrito, se busca forjar «una asociación estratégica, sólida y duradera» que incluye el «intercambio de informaciones, experiencias y formación» de los empleados de ambas agencias. La Map, un órgano de propaganda del régimen marroquí, no cumple los estándares de un medio de comunicación independiente y veraz. «La información une a los pueblos, que es nuestra misión, nuestra razón de ser y precisamente el objetivo principal de este convenio», defienden las partes del acuerdo.

Otro de los tentáculos, tal vez el más poderoso para comunicarse con su comunidad en la geografía patria, es el de la red de mezquitas de controla en España, en competencia con otros países y entidades. «Marruecos trata de controlar una gran parte de las mezquitas españolas para que sigan difundiendo su versión del islam y su necesaria fidelidad, al menos religiosa, para con el rey de Marruecos como emir al muminín (príncipe de los creyentes)», esboza Otazu.

El ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska (i), saluda a la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich

Sobre quien se pronuncia a favor de Marruecos recaen automáticamente las sospechas de haber sido comprado. Y, en ocasiones, es así. Son convenientemente agasajados con cenas, viajes y participación en congresos

«Intelectuales» y trols

Más allá del universo mediático más oficial, pulula por las redes sociales españolas un variopinto ejército de «soldad0s». Existen bots y trols que, a veces desde el anonimato, atacan a quienes identifican como contrarios a los intereses del régimen marroquí. Con nombre y apellidos, se reivindica como cercano a las tesis marroquíes Chema Gil, conectado con el ámbito de la seguridad.

Lizundia denuncia el «ya anacrónico derecho de autodeterminación de la época de la descolonización»

También figuran «intelectuales» dispuestos a hacer suyas las tesis gubernamentales. Entre estos últimos figura, José Luis Lizundia, veterano impulsor del euskera, académico emérito de la Real Academia de la Lengua Vasca y ex diputado del disuelto Euskadiko Ezkerra.

Sus obras son tratados al dictado de Rabat. En la última,’El Sáhara, la decadencia del totalitarismo’, presentada en Rabat a finales del año pasado, denuncia «los prejuicios de la sociedad española a favor del Polisario y contra Marruecos». En una entrevista con motivo de la publicación del presunto ensayo, Lizundia critica el «ya anacrónico derecho de autodeterminación de la época de la descolonización» y, frente a cualquier respeto a la legalidad internacional, defiende sin rubor alguno la política de los hechos consumados. «Un nuevo procedimiento (los reconocimientos del territorio) realmente práctico y funcional, con decisiones de facto que más tarde serán de iure», arguye.

Algunos de los libros de Lizundia, ya octogenario, están publicados en España por Alhulia, una pequeña editorial radicada en el municipio granadino de Salobreña. Los responsables de la empresa no han respondido a las repetidas solicitudes de información cursadas por este diario. En el mismo sello publica la que se considera discípula del vasco, Clara Riveros, que se presenta como «escritora, analista política y columnista» de nacionalidad colombiana. Representa un discurso que mezcla la lealtad a las consignas promarroquíes con posiciones cercanas a la derecha colombiana y el antichavismo.

Fundaciones y activistas

Pero, si existe un nombre capaz de sorprender por polifacético, es Pedro Ignacio Altamirano. Es presidente de una supuesta fundación que lleva su nombre y de la que apenas hay referencias ni actividades reales. Dirige, asimismo, la bautizada como «Cooperación hispano-marroquí Tariq Ibn Ziad». En ambos casos se tratan de vehículos de propagación del mensaje de Rabat.

Altamirano, muy combativo en Twitter, es un acérrimo defensor de la marroquinidad del Sáhara Occidental, territorio que ha visitado en varias ocasiones. Altamirano se dice, además, representante de la Asamblea Nacional Andaluza y el Partido Nacionalista Andaluz, sin base de seguidores real. Presume de haber acuñado el concepto de «países andaluces». «La autonomía de región sur de Marruecos es un ejemplo a nivel mundial», se jactaba hace unos días en su cuenta de Twitter en referencia al Sáhara Occidental.

Altamirano colabora con supuestas organizaciones internacionales como la que dirige el británico Abdul Basit Syed, que se presenta como «un activista de la paz global». «Como entidad tenemos una visión para promover el diálogo pacífico en el Sáhara de Marruecos. Pedro entiende eso y trabaja junto a nosotros en la construcción de la paz en la región», señala Syed a este diario. Admite conexiones con «diplomáticos y funcionarios del Gobierno marroquí». «Tenemos una visión muy clara para impulsar la asociación entre Marruecos y España, que será la mejor oportunidad para mantener la paz en la región», indica.

La parte más oscura de esta red de emisarios de Marruecos en suelo español son las dádivas que los acólitos españoles de Mohamed VI reciben a cambio del apoyo a un país que hace un año no dudó en arrojar a cientos de menores de edad a las aguas de Ceuta y sigue reivindicando como propias las ciudades autónomas. Lo hacen en territorio hostil, entre los pliegues de una sociedad que o mira con recelo a Rabat o muestra simpatías con la causa saharaui. «Marruecos arrastra muy mala imagen. Y sobre quien se pronuncia a favor del país recaen automáticamente las sospechas de haber sido comprado. Y, en ocasiones, es así. Son convenientemente agasajados con cenas, viajes y participación en congresos», desliza un conocedor del país magrebí.

Te puede interesar

Comentar ()