Opinión

Terremoto y reparo

Una persona busca entre los escombros de un edificio en La Guaira tras el terremoto en Venezuela
Una persona busca entre los escombros de un edificio en La Guaira tras el terremoto en Venezuela | EFE/ Ronald Peña R

Muéstrame un líder que se autoproclame "el salvador de los desfavorecidos" y te describiré una tragedia; eso ocurrió con el chavismo en Venezuela. Así mutamos del infantilizado liderazgo desafiante de Chávez, jugando a la poquedad tremendista e inútil, de quien privilegia el espejismo de su ego y no el propósito superior de una nación. Ese es el preámbulo necesario para entender el doble impacto sísmico sufrido en el país el pasado 24 de junio, como réplica sistemática de una cadena de eventos que nos desbordó como nación en todos los escenarios, hasta dejarnos sin capacidad de respuesta.

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Sin embargo, en medio del dolor, hubo un resurgimiento de la venezolanidad que nos identifica. La ciudadanía en masa, dotó los hospitales en menos de 24 horas; ante el desconcierto del Gobierno, la gente se puso en “modo acción y solución”, los primeros en comenzar la operación rescate, con las uñas, fueron los familiares de las víctimas en cada uno de los edificios afectados. Los grupos de rescate de 21 países distintos con sus respectivos equipos llegaron primero que los órganos de seguridad nacional. Luego de 27 años de altanería totalitaria, abuso de autoridad, recursos a manos llenas, centralismo, expropiaciones, represión y fraude, quedamos a la intemperie e hipotecados.

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Una Venezuela vergonzosamente endeudada, sin democracia, sin libertad, sin institucionalidad, sin soberanía, sin independencia, sin servicios públicos, sin infraestructura. Colapsada por la hiperinflación, sin cono monetario, sin estado de derecho, sin legitimidad gubernamental y ninguna capacidad de respuesta.

Un país "tutelado" por Washington, que opera con una pistola en la cabeza, es el que nos impone como realidad fáctica, operar en medio de la adversidad; no la que deseamos, sino la que tenemos.

Un Gobierno que durante tres décadas gastó fortunas enteras en equiparse para reprimir a sus ciudadanos, dotar a más de una decena de organismos represivo con equipos bélicos y anti disturbios, entrenar perros antimotines y sustentar las distintas élites paramilitares; todo fríamente calculado para conservar el poder y nunca hubo ni la idea de entrenar perros para rescatar víctimas ante contingencias como la actual. El chavismo como génesis, el madurismo como heredero y el rodrigato como conclusión, es la letanía de la ineptitud. Desde que el chavismo se instaló en el poder, el camino ha sido una destrucción sistemática y metódica del país. El terremoto del reciente 24 de junio deja ver la realidad sin adornos, de una forma descarnada: ¡Estamos acéfalos como pueblo, en una orfandad absoluta!

Los venezolanos aprendimos a solucionar sin esperar lo que nunca ha llegado por parte del Gobierno. Por suerte, esta vez, pudo entrar la ayuda externa que se sumó a la unión del fenómeno de empatía venezolanista, que nos caracteriza como sociedad y que constituye una de las formas más puras y espontáneas de poder blando y que nació directamente del tejido social de un pueblo que en el dolor se constituye como un conjunto unitario.

La arrogancia guerrerista y guapetona, dispuesta asesinar a ciudadanos desarmados, no fue capaz de enfrentar en su cuartel general, la humillante presencia de quien los tutela desde el 3 de enero pasado, hasta someterlos con cronómetro en mano y el teclado de Twitter.

¿Si esa es la tragedia, cuál, entonces la alternativa? Urge echar mano con criterio de responsabilidad, a lo poco que tenemos, a propósito de ser administrado con criterio de escasez; constituyendo un "Fondo de reparo" cuyo capital inicial provendría de los 5.100 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro asignados por el Fondo Monetario Internacional a Venezuela en septiembre de 2021 y son de libre disponibilidad. Más 5.300 millones por concepto del mecanismo de la Línea Rápida de Financiamiento de ese organismo para países afectados por eventos naturales o económicos.

Adicionalmente, hay que recaudar aportes de instituciones como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (la CAF), de países y el sector privado nacional e internacional, con el objeto de financiar la reconstrucción de las áreas afectadas por el evento telúrico. Obviamente esto impone una dirección ad hoc, para disponer de estos recursos; se hace vital que el interinato gubernamental esté condicionado por la probidad técnica, profesional y transparente, de una directiva ajena a las artimañas conocidas, de quienes no supieron administrar la abundancia. Ese es un punto de inflexión. Es hora de hacer reajustes y enmendar lo necesario, no hay vuelta atrás.


Américo de Grazia fue diputado en la Asamblea Nacional venezolana y preso político durante más de un año en la cárcel El Helicoide.

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