El PSOE se dirige con paso firme hacia la abstención en la investidura de Mariano Rajoy y Podemos no puede hacer nada para evitarlo. El derribo de Pedro Sánchez -que defendía un acuerdo de gobierno con la formación- ha cerrado el paso a cualquier entendimiento con los socialistas, con los que Podemos tendrá que competir en la oposición.

La estrategia marcada por el secretario general desde el 26-J ha tenido ese resultado y Pablo Iglesias pretende eludir su debate. Así lo entiende el sector crítico de Podemos, que encuentra en la atípica convocatoria del Consejo Ciudadano Estatal de este sábado una maniobra para evitar la autocrítica y la asunción de responsabilidades.

Sería el momento de pedir responsabilidades y no lo vamos a poder hacer», dicen los críticos

Pablo Iglesias ha convocado a este órgano de Podemos -el máximo entre asambleas- con un orden del día que se limita al debate sobre la situación política, tras un informe del secretario general. En esta ocasión, el Consejo tiene un cariz distinto a los anteriores: no irán sólo los miembros de dirección del partido, como hasta ahora, sino que acudirán también los senadores y diputados electos de la formación, además del portavoz de En Comú Podem, Xavier Domènech. De esta forma, el aforo de la reunión aumenta casi un 50%, y los participantes pasan a ser unos 120, en lugar de los 80 dirigentes que participaban hasta ahora; una circunstancia que, lamentan los críticos, diluye las voces de la dirección y dificulta un análisis profundo del núcleo duro del partido.

Sin votación

Miembros del Consejo Ciudadano consideran que el objetivo último de esta convocatoria es hurtar la petición de asunción de responsabilidades por parte del sector crítico. «Pablo está buscando apoyos externos y que no haya un debate duro como en anteriores Consejos Ciudadanos. Sería el momento de pedir responsabilidades y no lo vamos a poder hacer», explican desde el entorno ‘errejonista’.

Desde el sector oficial, afín a Pablo Iglesias, auguran que el debate se centrará más en plantear una estrategia de cara a distintos escenarios políticos, tanto en el caso de que el PSOE favorezca la investidura de Mariano Rajoy, como ante la posibilidad de unas terceras elecciones. Así, el objetivo del Consejo será también fijar una «línea de política común» que «no tendría por qué someterse a votación o procedimiento», sino que sería adoptada por unanimidad en el desarrollo del debate. «No necesitamos levantar las manos porque nos basta vernos las caras», resumen fuentes próximas a la dirección.

La estrategia de un Gobierno de coalición con el PSOE ha sido un fracaso, opinan los críticos

No obstante, la cuestión central de esta reunión sería analizar el resultado de la estrategia seguida por el secretario general desde el 26 de junio. Mientras Iglesias defendía entrar en un gobierno de coalición con el PSOE, numerosos dirigentes como el secretario político, Íñigo Errejón; la secretaria general de Andalucía, Teresa Rodríguez, o la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, abogaban por dar la investidura a Sánchez para evitar el ‘mal mayor’ de que Rajoy siguiera gobernando. La presión sobre el PSOE ha tenido el efecto contrario, y los socialistas ya descartan por completo una alternativa al Gobierno del PP. Por el contrario, desde el sector oficialista, valoran como positiva esta estrategia, puesto que habría «forzado a posicionarse al PSOE» a un lado u a otro, aunque «desgraciadamente» hayan elegido lo que a su juicio es la opción incorrecta.

Estas mismas fuentes, próximas a la dirección, apuntan a que el Consejo se prevé «tranquilo», puesto que el PSOE ya ha movido ficha. Reconocen, eso sí, que de haberse celebrado el Consejo Ciudadano antes del Comité Federal socialista, cuando aún estaban todas las opciones abiertas, las posturas habrían estado más enconadas. La caída de Sánchez, admiten, habría rebajado las tensiones que el partido viene arrastrando a nivel interno.

En su pulso para entrar en el gobierno, y con el fin de aumentar la presión sobre los socialistas, Iglesias rompió puentes con el PSOE acabando con el acuerdo que mantenían en Castilla La Mancha, y amenazó con dejar caer a barones socialistas en Extremadura, Aragón y Valencia. Esta advertencia se consideró «un chantaje» por parte de muchos dirigentes socialistas como Susana Díaz, que optaron por derrocar a Pedro Sánchez y cortar de raíz así cualquier veleidad de gobernar con Podemos, al que consideran su máximo enemigo electoral.

¿De qué vamos a discutir ahora? Ya no nos jugamos nada», critican dirigentes de Podemos

Finalmente, Pablo Iglesias ni será vicepresidente ni podrá intentar alcanzar el ansiado sorpasso sobre los socialistas. Rajoy ha abierto las puertas a la investidura con una abstención técnica que los dirigentes del PSOE dan por segura. En su reunión del sábado, Podemos no podrá debatir sobre qué hará en el futuro, porque no tiene margen de maniobra: su voto ya es irrelevante, no decide nada. Precisamente el objetivo inicial de su convocatoria una semana después del Comité Federal del PSOE era decidir si se negociaba con Pedro Sánchez o no. Pero esa vía ya está muerta. «¿De qué vamos a discutir ahora? Ya no jugamos a nada. ¿Toda la presión para esto, para que siga gobernando Rajoy?», se preguntan los dirigentes críticos.

En este contexto, el equipo del secretario general busca anular la crítica y que no se revise la actuación de los últimos meses. Su viraje a la izquierda y el populismo frente a las tesis de transversalidad ha provocado un aumento del malestar en el seno de la organización que han alimentado el ‘errejonismo’ hasta superarlo y convertirlo en un heterogéneo sector crítico al que se han adherido destacados ‘pablistas’ como Tania Sánchez o Miguel Vila.