La decisión no está tomada, lo que significa que en el PP se debaten sobre si perder el gobierno de la comunidad de Madrid “a tan solo un año de las elecciones” a cambio de obligar a Albert Rivera a que pacte, no con el PSOE, sino con la “izquierda radical” de Podemos, cuyos votos también son necesarios para que prospere la moción de censura que ha anunciado Ángel Gabilondo contra Cristina Cifuentes.

“No hay una decisión tomada sobre el mantenimiento del gobierno de Madrid”, admiten fuentes de la dirección nacional del PP, donde se ha residenciado la administración de este conflicto nacido a la luz del máster de la presidenta autonómica. En Génova creen que todavía hay tiempo hasta que se ponga fecha a dicha moción de censura y que, entre tanto, se va a manifestar la Fiscalía una vez pronunciada ya la universidad.

El PP cree que puede hacer retornar parte del voto fugado a Ciudadanos

En definitiva, “faltan algunas fases”, pero a diferencia de Murcia, donde se optó por conservar a toda costa el gobierno autonómico y cortar la cabeza a un presidente imputado judicialmente, Pedro Antonio Sánchez, aquí la estrategia puede ser muy diferente si deciden echar un pulso a Ciudadanos. Cree el PP que un año de precampaña en la oposición, sin la atadura del pacto con los naranjas y pudiendo armar el mensaje de un Rivera de la mano de la izquierda de Podemos, no sólo les hace parte del discurso sino que puede hacer retornar parte del voto que se les “fugó” a Ciudadanos.

Pero incluso en ese caso, deberán solventar a medio plazo el futuro de Cifuentes. Si esta saliera de alguna forma exonerada del caso del máster, lo que se antoja a estas alturas más propio de un milagro, podría mantenerse estos meses como jefa de la oposición para luego encabezar la candidatura. Si hubiera que proceder a su relevo al frente tanto de esa candidatura como del PP de Madrid resultaría, sin duda, menos traumático, hacerlo fuera del poder.

Gabilondo podría reforzarse aunque con pocas posibilidades de tomar decisiones de gobierno

No deja de ser un ejercicio de riesgo, porque si bien se pueden limitar las posibilidades electorales de Ciudadanos por contra se alimentan las del socialista Gabilondo. Es verdad que en apenas diez meses éste no tendrá mucho tiempo para tomar decisiones de gobierno y menos con los presupuestos regionales ya aprobados, admiten incluso en el PSOE, pero Ferraz cree que es el tiempo suficiente para consolidar su candidatura.

No se trata tanto de un pulso por la hegemonía del centro-derecha como por el riesgo cierto de que ésta acabe perdiendo uno de los pocos gobiernos autonómicos potentes con los que cuenta.

A la espera «a ver qué pasa»

El PP está pues a la espera de «ver lo que pasa», sin precipitaciones. Este miércoles el vicesecretario general del PP, Fernando Martínez Maillo, desmentía que le estén buscando ya un recambio a Cifuentes. Cabe reseñar que el elegido o elegida no tiene porque ser el que encabece la lista en las elecciones autonómicas de mayo del año que viene, sino alguien de transición que lleve las riendas del gobierno hasta la convocatoria electoral.

Sin embargo, en este tiempo se han barajado por los pasillos de la Asamblea los nombres del vicepresidente de la Comunidad y portavoz, Ángel Garrido, como la solución menos traumática y de mayor continuidad, y la del consejero de Medio Ambiente, Administración Local y Ordenación del Territorio, Pedrol Rollán, que se autodescartado, lo que no tiene porqué significar nada.

El PP entra en una estrategia de ganar tiempo y tensar la cuerda

La presencia de Cifuentes al acto de la AVT donde iba a ser galardonada después de que se anulara sus asistencia, puede formar  parte de esa estrategia de ganar tiempo y tensar la cuerda con Ciudadanos, después de que Rivera ya se haya cobrado piezas como la del antes mencionado Pedro Antonio Sánchez o de la senadora Pilar Barreiro para desbloquear el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.

Las relaciones entre populares y naranjas en la Comunidad de Madrid es francamente mejorable. De ahí que la dirección nacional del partido tomara las riendas de la negociación con el que es, hoy por hoy, su principal adversario político. Se trata ahora de regalarles más bazas o de hacerse los fuertes «para que se retrate».