La ministra de Justicia Dolores Delgado empezó diciendo que nunca había tenido trato con el ex comisario en prisión José Villarejo. Luego aseguró que solo había coincidido con él tres veces (que ella recuerde) en 25 años. Y ahora que se ha filtrado un nuevo audio de la comida que compartieron en 2009, en el que la entonces fiscal de la Audiencia llamaba “maricón” al juez Fernando Grande-Marlaska, su único atenuante para no quedar de homófoba es alegar que se han sacado de contexto unas palabras dichas en una relación de confianza.

Podría Delgado haber aprovechado el desayuno que tenía en el Club Siglo XXI para pedir disculpas delante de los micrófonos a cualquiera que se hubiera sentido ofendido con sus palabras, empezando por su compañero Grande-Marlaska. En realidad, son comentarios privados de hace una década en un entorno de… ¿Confianza?

Si esa amistad con Villarejo existe, la ministra debería dimitir por habernos mentido cuando dijo que no tenían “relación de ningún tipo”. Y si la titular de la cartera de Justicia no tenía ninguna relación de confianza con el señor de las cloacas que todo lo graba, Delgado también debería renunciar a un cargo para ahorrarle tanto bochorno a un Gobierno que presume de agenda LGTBI.

Y ya que la defensa inicial de la ministra era comparar los ataques de Villarejo contra ella con los que apuntaban vía Corinna a los chanchullos del inviolable rey emérito, bien podría Delgado haber añadido al lo siento que nunca dijo, un me he equivocado, no volverá a ocurrir. Porque, afortunadamente, en la España de 2018 llamar maricón a alguien con tono despectivo es algo por lo que hay que disculparse. A no ser que a uno le traiga al pairo que lo consideren un homófobo, claro, que de eso también hay en la España de 2018. No hay más que leer a algunos columnistas.

“No voy a permitir bajo ningún concepto que nadie cuestione mis principios y mi honestidad”, prefirió decir en su defensa, sin embargo, la todavía ministra de Justicia. Como si no hubiera sido ella la que utilizó contra un compañero una expresión de la que, en el mejor de los casos, se avergüenza una década después.

Si esta escena de revuelo por unos insultos se hubiera dado en el patio del colegio, que es donde parecen transcurrir las crisis políticas de un Gobierno al que las ministras le dimiten por copiar de Wikipedia, sabría que después de insultar a un compañero no conviene ir de digna para librarse del castigo.  Disculparse a primera hora de la mañana podría haberle evitado, además, tener que volver a mentir un par de veces más de buena mañana.

Le iría mejor al Gobierno de Pedro Sánchez si en vez de tanto gurú de comunicación tuviera alguien que mandara al rincón de pensar a los ministros antes de emitir notas de prensa

La ministra empezó sus excusas sugiriendo que la grabación podría estar manipulada. “Hay trocitos de audio solapados, puestos, pegados”, alegó, para a continuación negar que el “maricón” al que se refería fuera el juez Marlaska, aunque lo menciona directamente en la grabación. Alguien debió de decirle que insinuar que con lo de maricón no se refería a Marlaska, cuyo activismo por los derechos de los homosexuales es de sobra conocido desde hace más de una década, (¿sino a otro maricón?), no arreglaba la situación.

Así que Delgado optó por una nueva rectificación, que es como este Gobierno llama a las mentiras que solo le duran unas horas. Aclaró el Ministerio de Justicia de media mañana que la entonces fiscal sí que se refería a su compañero en el Ejecutivo cuando lo llamó “maricón”. Precisaban además desde Justicia (es un decir), que con esa palabra le hacía alusión a él pero no a su condición sexual. ¡Protesto, señoría!

Le iría mejor al Gobierno de Pedro Sánchez si en vez de tanto gurú de comunicación tuviera alguien que mandara al rincón de pensar a los ministros antes de emitir notas de prensa. “Lola, dinos en alto eso que le decías a Villarejo, para que nos riamos todos”, podría decirle Isabel Celaá, que para eso es la catedrática de educación de cabecera en La Moncloa. Pero para eso la ministra Delgado tendría que llegar al próximo Consejo de Ministros. Y hasta el viernes falta una eternidad de grabaciones en diferido que pueden ahorrarle el mal trago.