Política

Las claves del ascenso de Ciudadanos: de la oposición moderada a la España vaciada

La formación liderada por Albert Rivera firmó tras el 28A los mejores resultados de su historia con 57 escaños, pisándole los talones al PP y superándoles en bastiones históricamente azules como Madrid o Aragón

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, durante un acto de campaña antes de las elecciones generales.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, durante un acto de campaña antes de las elecciones generales. EFE

A los últimos comicios generales le ha precedido una de las campañas más broncas que se recuerdan a la caza del elevado voto de indecisos y en medio de un fragmentado panorama político. Y el resultado final, más allá de la cómoda -aunque sin mayoría- victoria de Sánchez, de la debacle electoral de un PP a la deriva, del modesto pero suficiente resultado de Podemos para sumar y de la entrada de Vox en el Congreso -que resultó no ser tan fiero como lo mostraban las encuestas– hay un actor que ha marcado un antes y un después en su historia política.

Ciudadanos firmó el 28-A su mejor registro histórico en unas generales y sorteó todas las encuestas que le daban un resultado menor. Los de Rivera obtuvieron 57 escaños (25 más que en 2016) y atrajeron a más de 4,1 millones de votantes (15,86% del voto). No solo se temió un sorpasso al PP la noche electoral, sino que irrumpe como tercera fuerza política a nivel nacional y superando a los de Casado en bastiones históricamente azules como Madrid o Aragón, una hegemonía que tratará de dilatar hasta la triple cita electoral del 26M.

Pero, ¿cuáles son los motivos que llevaron a los naranjas a firmar el mejor resultado desde su salto a la política nacional?

El «naufragio electoral» del PP

La formación de Pablo Casado ha salido en estado crítico de las generales. Registró su mínimo histórico con tan solo 66 escaños, menos de la mitad que con Mariano Rajoy en 2016 (137). La fuga de votos, potenciada por la fragmentación de la derecha, fue a parar a Vox y a Cs, superando este último a los conservadores en territorios tan importantes como Cataluña, Baleares, Madrid, Aragón y Andalucía.

Los escasos 200.000 votos que separan a Albert Rivera y Pablo Casado pone encima de la mesa la disputa por la hegemonía del centro-derecha en España. El líder naranja ya se manifestó al respecto proclamándose «líder de la oposición» ante un PP «en descomposición» que «tiene que hacer una reflexión».

Política de fichajes

Sin duda uno de los puntos fuertes de la estrategia electoral de Ciudadanos y que, finalmente, ha tenido una incidencia positiva en los resultados.

La campaña de los naranjas se ha centrado en incorporar «talentos» de la sociedad civil a sus filas de cara a las generales, pero también a las autonómicas y municipales. Así, el ex vicepresidente de Coca Cola, Marcos de Quinto; la abogada gitana, Sara Giménez; el ex abogado del Estado destituido por Sánchez, Edmundo Bal; o la controvertida incorporación del dirigente de Baleares por el PP, José Ramón Bauzá fueron algunas de las incorporaciones más destacadas.

Pero Ciudadanos tenía guardado un as de la manga que le ha beneficiado en las urnas: el golpe de efecto que provocó el fichaje del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido a tan solo cuatro días del domingo electoral, lo que sentenciaba la fragilidad de las filas populares. Garrido se unió a Ciudadanos «por razones de convicción y de principios», actuando a espaldas de Génova y renunciando a un futuro más cómodo en Bruselas, donde iba como número cuatro por el PP.

Oposición firme (pero moderada)

Ante los posibles -y prácticamente necesarios- pactos postelectorales, Rivera ha mantenido una posición firme desde el mismo pistoletazo de salida a la carrera electoral: tender puentes a la derecha y vetar a la izquierda.

Por un lado, el líder de la formación ha mantenido un discurso crítico en todo momento con Pedro Sánchez, al que ha llegado a calificar como «peligro número uno de España», cerrando la campaña bajo un mismo mantra: echarle de la Moncloa y, de no conseguirlo, trabajar desde la oposición, en el mismo lugar que Santiago Abascal y Pablo Casado.

Al mismo tiempo, se ha mostrado en contra de PP y Vox en ámbitos de temática social como la inmigración, la violencia contra la mujer, el aborto o la eutanasia, lo que le ha afectado en positivo en las urnas.

Presencia en los debates

Las últimas semanas previas a las elecciones fueron clave en la escalada que ha llevado a Ciudadanos a proclamarse tercera fuerza política. Y buena culpa de ello la tuvieron las intervenciones de su líder en sendos debates electorales, tras los que Rivera ganó puntos en las encuestas.

De las citas en TVE y Atresmedia, Rivera destacó respecto a sus candidatos, encabezando los ataques a Pedro Sánchez por encima incluso que su hipotético compañero de pactos. De hecho, salió reforzado especialmente del debate en la pública, en el que diversos sondeos, incluido el de este medio, le declararon como claro ganador de la primera vuelta.

La España vaciada

Los naranjas deben más de la mitad de su subida electoral a la España vaciada. Así, en las 19 circunscripciones más despobladas, como Cáceres, Álava, Burgos, León, Palencia, Zamora o Segovia, los naranjas escalaban en detrimento de PP y Podemos, que perdieron 23 asientos y 21 se los repartieron entre PSOE y Cs.

Rivera sabía lo que se jugaba, y el guiño que tuvo el candidato apareciendo en un holograma en la localidad segoviana de Pedraza tratando de establecer un vínculo entre tecnología y mundo rural; o el énfasis en medidas dirigidas a estos territorios como la rebaja del 60% en el IRPF a españoles residentes en pueblos de menos de 5.000 habitantes terminaron por convencer a buena parte del electorado rural.

Así, de los 25 diputados que ganan respecto a la anterior apertura de urnas, 13 los logran de las provincias rurales.

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