Motores en marcha. Todos los candidatos han abierto en la medianoche de este jueves la campaña electoral con más incertidumbre de la democracia. Pedro Sánchez, arropado por Susana Díaz; Casado, en una sala de fiestas; Rivera, anécdota de la noche, con un holograma desde Pedraza; Iglesias en Villaverde y Abascal escuchando el himno bajo una estatua de Blas de Lezo.

Más de un 41% de los españoles aún no tiene decidido su voto, según el estudio del CIS publicado esta semana y que marca el inicio de la campaña electoral. Una bolsa de más de 10 millones de papeletas que puede sacudir ferozmente el mensaje que lancen las urnas el próximo 28 de abril. Todos los sondeos pronostican una victoria clara de Pedro Sánchez, que sólo tendrá que preocuparse de elegir socio de gobierno, pero ese telegrama tan claro podría convertirse en un jeroglífico durante las próximas dos semanas cuando el votante termine de aclarar sus ideas.

Por eso el presidente del Gobierno ha abierto fuego en Dos Hermanas (Sevilla) pidiendo a su gente que no se confíe. Que no se crea al CIS, que no lo dé por ganado. En un equilibrio complicado, acompañado de su mentor Quico Toscano (alcalde de la localidad) y de Susana Díaz, enemiga común de ambos, Sánchez ha advertido del “riesgo evidente” de que PP, Ciudadanos y Vox sumen una mayoría suficiente para repetir la investidura que consiguieron en Andalucía tras el 2 de diciembre.

Sánchez tira de ‘viernes sociales’ para afianzar la hegemonía en el centro-izquierda y llamar a la movilización

“Nooooo”, contestó el público del mitin a Sánchez, que se reafirmó lacónico: “Sí, sí”. Para evitarlo siguió utilizando el colchón que proporciona hacer campaña desde Moncloa. El discurso fue como un resumen detallado de los “viernes sociales” con los que el PSOE trata, al mismo tiempo, de ocupar un espacio de centro mientras diezma a Podemos por la izquierda con mensajes sociales.

Pedro Sánchez, en el arranque de campaña en Dos Hermanas.

Pedro Sánchez, en el arranque de campaña en Dos Hermanas. EP

El secretario general socialista, quizá por primera vez, también ha bajado al barro de la campaña y ha centrado sus dardos en el PP, a cuyos líderes ha acusado de “no ser buena gente”. “La buena gente no deja al pairo a personas que sufren”, ha dicho para criticar los recortes de Mariano Rajoy y azuzar el miedo de que volverán si salen las cuentas para que Pablo Casado llegue a la presidencia.

Por la noche, en Madrid, era la vicepresidenta Carmen Calvo quien elevaba más el tono. Según Calvo, lo que se juega el 28-A es elegir entre un rumbo “coherente con 40 años de democracia alejándonos de la negrura del franquismo” y otro que busca “volver a la casilla de salida”.

A esa hora, Sánchez repetía escenario, esta vez micrófono en mano, sin atril y con una banda de fondo para insistir en los mismos mensajes. Llamaba a Casado, Rivera y Abascal “los tres temores” e ironizaba para decir que “se van juntos a la plaza, se van juntos de vinos y se irán juntos a la oposición”.

El PP se aferra al ‘voto útil’

Horas antes, Pablo Casado abría campaña desde el Florida Park, en Madrid, con una ondulante bandera de España detrás mientras repasaba el programa del PP y proclamaba respetar a “todos sus rivales, menos batasunos y secesionistas”. A Sánchez ha aprovechado para afearle que “no se atreva” a un cara a cara en Televisión Española, “no vaya a ser que le pregunten por el paro, o por Venezuela, y no sólo por Franco”.

Pablo Casado, en el arranque de la campaña electoral.

Pablo Casado, en el arranque de la campaña electoral. EP

Casado ha lanzado mensajes de entendimiento “con todos los que comparten los valores del Partido Popular”, aunque la parte central de su discurso ha vuelto a sostenerla sobre la apelación al voto útil. “La unidad de España sólo se podrá defender con la unidad del voto”, ha dicho, mientras ponía de ejemplo al CIS para convencer de que si no se vota al PP en Vitoria, el escaño de Javier Maroto pasaría a ser de Bildu. “Pero lo dice el CIS, eh, que yo no me lo creo”, se ha apresurado a matizar.

Abascal rechaza la ‘casa común’ de Casado: “Tú vete a la tuya”

El guante lo ha recogido inmediatamente Abascal, que se dirigía a los suyos en Toledo antes de viajar a Madrid para el acto oficial de inicio de campaña, junto a la estatua de Blas de Lezo cerca de la Plaza de Colón, donde ha escuchado el himno junto a cientos de simpatizantes bajo la enorme bandera que domina el centro de Madrid.

“Que se aclare”, le ha pedido a Casado, tirando de hemeroteca y subrayando que “unos días tenemos valores comunes y al otro somos radicales con ideas peligrosas”. El líder de Vox ha ironizado sobre la “casa común” de los conservadores a la que habitualmente se refiere el cabeza de lista del PP: “Tú vete a la tuya, Casado, que la nuestra es otra”.

El líder de Vox ha lanzado mensajes de euforia y ha pedido a su electorado que ‘no caiga en provocaciones’

Abascal ha encendido los ánimos con un mensaje de euforia centrado en la “victoria” de Vox: “No van a poder volver a meter al genio en la lámpara otra vez”. Mensajes habituales, dianas ya agujereadas. La anécdota de la tarde ha llegado cuando el político se refería a la prohibición de Caperucita en un colegio público de Barcelona por considerar al cuento “tóxico”. Tras decir que ha comprado un ejemplar para regalárselo a su hija, el líder de Vox ha insistido en que “el problema de los progres es que Caperucita se seguirá contando dentro de 10 años, dentro de 20 y dentro de 100, aunque se extingan los lobos”. “¡Pero que no sea roja!”, ha gritado uno de los asistentes, ante la risa conforme de Abascal: “Eso es lo único, sí”.

Santiago Abascal, en su acto en Toledo.

Santiago Abascal, en su acto en Toledo. EFE

El candidato de Vox ha cargado de nuevo contra “las radios y las televisiones” y ha defendido su relación con los medios: “Hablaremos donde queramos”. Sobre la campaña, ha advertido: “No caigamos en provocaciones. No creáis las mentiras. Durante los próximos 15 días van a decir de todo de nosotros porque hemos tocado las traviesas del sistema”.

Ciudadanos y Podemos, a otra velocidad

De forma paradójica, Ciudadanos y Podemos, los dos máximos exponentes de la llamada “nueva política”, se han decidido por el arranque de campaña más tradicional. Iglesias ha optado por pegar carteles en Villaverde y Ciudadanos ha hecho lo mismo en su propia sede de la calle Alcalá.

Iglesias y Garzón, en la pegada de carteles.

Iglesias y Garzón, en la pegada de carteles. EFE

Los dos han ido calentando el día en las redes sociales y en actos secundarios, como el de Pablo Echenique en Huesca, donde ha denunciado que las elecciones de 2016 fueron “manipuladas” con “basura política” para evitar la victoria de Podemos. En la pegada de carteles, en la que apareció junto a Alberto Garzón, Iglesias se agarró a los indecisos para decir que será “una campaña de verdades” y que en estas elecciones “va a haber sorpresas, hay muchas cosas que pueden cambiar”.

En Ciudadanos, se han limitado a repetir que no están dispuestos a “blanquear a un gobierno de Sánchez con los independentistas” y que España necesita “un cambio reformista con un proyecto nuevo”. La de Cs ha sido la puesta en escena más curiosa: el candidato ha comparecido en la sede de su partido a través de un holograma proyectado desde Pedraza, en Segovia, donde se encontraba para apelar a la “España vaciada”.

El holograma de Albert Rivera, en la sede de Ciudadanos.

El holograma de Albert Rivera, en la sede de Ciudadanos. EFE