El martes 25 de junio a mediodía un terremoto con epicentro en el Congreso de los Diputados estremeció las estructuras de Vox. El portavoz en la Cámara Baja, Iván Espinosa de los Monteros, compareció muy enfadado con el PP y escenificó una ruptura con el partido de Pablo Casado que situaba al partido de extrema derecha en la oposición en todos los ayuntamientos de España, allí donde Vox ha sido una bisagra clave para conformar Corporaciones municipales. La formación verde hizo público un documento en el que Teodoro García-Egea se comprometía a darles concejalías.

Las reacciones de extrañeza no tardaron en llegar en las filas populares: el alcalde de Madrid José Luis Martínez-Almeida ratificó su compromiso con Vox y manifestó su sorpresa porque se publicara el acuerdo unilateralmente cuando no se había aún cumplido el plazo de 20 días pactado entre ambas partes.

Vox puede decir misa», les ninguneó Inés Arrimadas

Los ataques de Espinosa de los Monteros iban dirigidos al PP, pero la formación que más les ha ninguneado estos días es Ciudadanos. Hasta el punto de que nada más acabar la comparecencia del portavoz de Vox, su homóloga naranja Inés Arrimadas convocaba otra rueda de prensa en el Congreso en la que soltó: «Vox puede decir misa, lo que se cumple es lo que ha firmado Ciudadanos con el PP».

La estrategia voxista desconcierta a los pocos dirigentes que se atreven a hablar con la prensa. Tras proferir Rocío Monasterio grandilocuentes amenazas contra la investidura de Isabel Díaz Ayuso para la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Vox dio repentinamente un giro para situarse en la oposición municipal a pesar del desprecio de sus «socios no fiables», en palabras de Espinosa de los Monteros.

Parecen arrebatos de dignidad que poco tienen de estrategia»

«Parecen arrebatos de dignidad o de patriotismo que poco tienen que ver con la estrategia política», critica un cargo de Vox, uno de los pocos que aportan su versión en off the record. «No es lo mismo hacer oposición en el Congreso, donde hay mucha más actividad y visibilidad, que hacerlo en un ayuntamiento. En un consistorio, no estar en la gestión es lo mismo que iniciar una travesía por el desierto».

Los casos más paradigmáticos son Granada y Madrid. En Granada, Ciudadanos se la jugó a todos: con solo cuatro concejales de 27 en la ciudad de la Alhambra, los naranjas lograron la alcaldía. Pero tras la investidura ocurrieron dos cosas: primero, el alcalde Luis Salvador se negó a ceder la regencia del consistorio granadino al PP a mitad de mandato, en 2021; segundo, rechazaron incluir a Vox (tres ediles) en el equipo de Gobierno. Así que el candidato de Vox, Onofre Miralles, se envalentonó y anunció una moción de censura contra Salvador; amenaza que pereció el pasado jueves: Vox se retractó de la moción porque «Granada merece respeto» y porque «no debemos entrar en debates estériles».

No estar en la gestión municipal es lo mismo que una travesía en el desierto

Da la sensación de que para PP y Ciudadanos, Vox es un juguete roto: la mayor cesión de los primeros a los segundos ha sido la de permitir que ocupen una de las vicepresidencias de la Asamblea de Madrid. Y ya. Los naranjas no quieren repetir la foto de Colón de febrero a pesar de que necesitan a Vox para entrar en los Ejecutivos autonómicos madrileño o murciano. Reeditar el Ejecutivo de Andalucía, en el que la ultraderecha es meramente una aliada externa.

En Madrid la cosa es más incomprensible: Vox tenía como poco amarradas tres concejalías de distrito y reclamaba sentarse en la Junta de Gobierno. En el ayuntamiento capitalino las competencias se denominan áreas (por ejemplo: Medio Ambiente y Movilidad), y las sub-competencias (como Medio Ambiente únicamente) se llaman concejalías. Los cuatro concejales de Vox querían una concejalía, pero tras la reunión de la Ejecutiva del 25 de junio y la rueda de prensa posterior sus aspiraciones se fueron al traste.

Monasterio ha amenazado tantas veces que no la toman en serio

Fuentes de Ciudadanos confirman la indiferencia de esta formación ante las amenazas voxistas. Los naranjas han perdido la cuenta de la cantidad de órdagos lanzados por Monasterio, la candidata en la Región de Madrid: que si rompemos los acuerdos, que si obligamos a negociar a tres bandas a sus dos teóricos socios, que si la investidura del Gobierno autonómico podría irse a septiembre.

La querella, un bandazo

A Ciudadanos, que atraviesa la mayor crisis de su joven historia estos días, le beneficia la incoherencia de Vox. Y es que los órdagos de Monasterio han sido negados por Espinosa de los Monteros, marido de la primera: en su famosa rueda de prensa, el portavoz defendió el papel del partido a la hora de «desalojar a la izquierda» del poder territorial. «Sería gracioso que Vox diera la Presidencia de la Comunidad de Madrid a la izquierda», ironiza un dirigente naranja.

Vox ha perdido ya dos querellas contra Torra y Sánchez

Solo con estos bandazos se explica la reaparición el pasado jueves del líder Santiago Abascal en el Congreso para anunciar una querella contra el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero por «cooperación terrorista». «No creo que haya nadie, ni siquiera dentro de Vox, que confíe en que esta querella vaya a prosperar», explica otro cargo. Ya pusieron otras dos querellas desestimadas recientemente: una contra Pedro Sánchez por supuesto plagio de su tesis y otra contra el presidente catalán Quim Torra por conspiración a la rebelión por apelar a la vía eslovena.

En el grupo popular en el ayuntamiento hay euforia contenida. «Vox ha llegado a su límite y si Ciudadanos no nos ha superado ahora, no nos va a ganar nunca», confía un asesor. El PP de Casado salió malherido de las elecciones generales pero la reconquista de la capital un mes después ha inyectado una dosis de optimismo. Ciudadanos se desangra en público y rehuye a Vox, y Vox renuncia a copar cargos de gestión. Ni en los mejores sueños de Martínez-Almeida.