Política

Sánchez no consigue convertir el debate en su definitivo trampolín electoral

Casado acusa a Rivera de jugar a "embarrar el terreno de juego" tras varios enfrentamientos en política territorial, economía y corrupción

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Sánchez no consigue convertir el debate en su definitivo trampolín electoral

Debate en televisión: Casado, Sánchez, Abascal, Iglesias y Rivera. EFE

Resumen:

Que haya sido el bloqueo político el primer tema de debate, y que lo abriera Pablo Iglesias era bastante significativo, pero la sorpresa ha venido de la mano del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, cuando ha rogado que «si después del día 10 el Parlamento no acuerda la formación de un Ejecutivo, se respete que gobierne la formación más votada para romper el bloqueo y acabar con al provisionalidad».

Constituye, sin duda, una forma de adelantarse al fracaso de una hipotética negociación postelectoral que pone de manifiesto su resistencia a alcanzar ningún tipo de pacto con Unidas Podemos, partido con el que ha vuelto a escenificar sus diferencias en torno a Cataluña. De poco ha servido la constatación del líder morado que en España «se acabó el bipartidismo y las mayoría absolutas, por lo que toca ponerse de acuerdo. Millones de votantes de izquierdas quieren que dejemos los reproches atrás. Se acerca una desaceleración y pueden gobernar las derechas». Pero Sánchez, que ha recordado que Igleisas «ha votado en cuatro ocasiones» contra su investidura, no ha respondido al ofrecimiento y desaprovechado la oportunidad de convertir este debate en su trampolín electoral.

Iglesias, el que debiera ser su «socio preferente», ha vuelto a culpar a los poderes económicos de ir otra vez a eleccciones e impelido directamente a Sánchez para que «elija entre Unidas Podemos y PP». «Mucha gente socialista está perpleja viéndole pactar con la derecha», ha dicho, pero Sánchez se ha limitado a lamentar que todos le acusen de querer pactar con todos. Y ante la pregunta directa de Casado si va a pactar con Torra y ERC, ha soslayado también el asunto reprochando a populares y Ciudadanos que no se abstuvieran en julio, momento que el candidato popular ha aprovechado para dejar muy claro que «yo no voy a pactar» con el presidente del gobierno en funciones.

Sólo Rivera se ha comprometido a «poner este país en marcha y si estoy en la oposición también echaré un cable. Me comprometo a desbloquear el país desde la oposición».

Sánchez ha dejado sin respuesta cuántas naciones hay en España

La segunda sorpresa, también prácticamente al arranque del debate, volvió a venir de la mano del candidato socialista. Como era de prever, el capítulo de la cohesión territorial fue uno de los más destacados. Lo inauguró Sánchez apostado por «reducir los espacios de confrontación» con tres medidas, esto es, la aprobación de una asignatura con valores civiles, constitucionales y éticos; modificación de la ley audiosivisual para que los consejos de los medios públicos sean elegidos por mayorías reforzadas de los parlamentos autonómicos e incorporar, y aquí saltó la sorpresa, «el nuevo delito de referéndum ilegal».

El candidato del PP, Pablo Casado, ha salido al paso de este anuncio para recordarle que fue José Luis Rodriguez Zapatero quien eliminó este delito y criticó que Sánchez «no está cumpliendo la ley» frente al presidente de la Generalitat, Quim Torra, «y pretende gobernar con ellos» tras las elecciones. Ha sido el primer «cara a cara» entre ambos a falta de un debate «ad hoc».

Sánchez ha dejado de responder a la pregunta de si Cataluña es una nación y cuántas naciones hay en España, interrogante que tampoco respondió la portavoz socialista, Adriana Lastra. «Una persona que no cree en la nación española, no merece presidirla», ha sentenciado Casada para agregar que «abraza la plurinacionalidad porque necesita los votos de Cataluña. Quiere volver a pactar con los que le dieron la moción. Está atado de manos».

El presidente del Gobierno en funciones, que ha dado claras muestras de incomodidad en este capítulo, ha replicado recordando que fue el PP el que culminó el proceso de transferencias en educación, sanidad o prisiones y, además «se les fugó Puigdemont y les hicieron tres referendos. Primero humildad», le ha exhortado.

Y saltó el primer «gadget» del candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, un trozo de adoquín lanzado por los violentos en Cataluña. «Representa el desorden público y la amenaza al estado de Derecho», ha dicho para pedir a continuación el ceso de Torra y exigido que el 10-N se garantice que en Cataluña se vota «en libertad» ante la amenaza de los independentistas de boicotear el día de las elecciones.

Rivera contra Sánchez y Casado

Consciente de tener todas las encuestas en contra y de que puede «pescar» votos en la base electoral del PP, no se ha resistido a desplegar a continuación un «listado de concesiones y de competencias» del PP y del PSOE, lo que ha provocado uno de sus primeros enfrentamientos con Casado, que ha ido a degüello para recordar al líder naranja que exigió un 155 «sólo para elecciones y ganaron en Cataluña y se fueron. No se equivoque de adversario».

Pero esta última advertencia no ha tenido mucho efecto, porque ambos han vuelto a enredarse a cuenta de la corrupción, o de lo que Rivera ha llamado el ICB, esto es, el Índice de la corrupción por el Bipartidismo y lo que ha costado a las arcas públicas. Casado le ha espetado con un «usted no me habla de corrupción. Viene a embarrar el terreno de juego».

Para Abascal es «hilarante y ofensivo» que Sánchez anuncie ahora que se recupere el delito de referendos ilegales «pero el señor Rajoy no quiso recuperar esa penalización». Abascal y Rivera siguen la misma estrategia de atacar en la misma medida a PSOE y PP».

Y ha sido Pablo Iglesias, como era de esperar, el único en poner un contrapunto con el tema territorial al defender que nuestro país «no es centralista por definición. España es un país plurinacional y no pasa nada por serlo».

Vicepresidencia económica para Nadia Calviño

Por otro lado, Sánchez, muy desdibujado en un formato que no le favorece, ha anunciado la creación de una vicepresidencia económica, para Nadia Calviño, y un Ministerio contra la despoblación. La economía ha sido el tercer bloque de debate, en el que se ha puesto de manifiesto las diferencias de criterio entre el bloque de izquierda y derecha. Casado ha criticado que cada papeleta al PSOE debería ir acompañada por 1.000 euros dado el incremento de gasto público que pretende, a lo que Iglesias le ha replicado a que «usted de sobres con dinero dentro saben».

Iglesias ha vuelto al tono propositivo de los debates del 28-A, aunque el más inédito de ellos, Abascal, ha reforzado los mensajes que le permiten consolidar los casi tres millones de votos que consiguió en las anteriores generales. Eliminación de las autonomías y de la ley de violencia de género, «efecto llamada» de la inmigración, detención de Torra y política social «primero para los españoles» han sido algunas de las ideas vertidas por el candidato de Vox con los que el resto de los contendientes han decidido no polemizar, ni siquiera con respecto a la amenaza de ilegalización del PNV.

Abascal dice que él se jugaba la vida mientras Sánchez «jugaba al baloncesto»

Es más, Sánchez le ha dado una baza al anunciar que se penalizará la apología del franquismo y del totalitarismo y que eliminará la Fundación Francisco Franco, lo que ha convertido en Abascal en un defensor de la conciliación nacional. El líder de Vox se ha erigido en defensor del orden constitucional desde que como miembro del PP en el País se jugaba la vida «mientras Iglesias pasea por las herriko tabernas y el señor Sánchez jugaba al baloncesto y era consejero de Cajamadrid».

Los debates electorales del 28-A movieron un 7 por ciento del voto, una cifra alta habida cuenta la fragmentación del mapa electoral cuando un punto de más o menos puede hacer perder o ganar posiciones en el tablero. Los candidatos son conscientes de que hay un 30 por ciento de indecisos con 10 puntos menos de participación estimada según el último CIS.

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