Política

Sánchez repite la estrategia de Susana Díaz de confrontar con Vox al final de la campaña

"Me cuesta ver a Abascal en color", asegura en un mitin después del éxito del candidato de Vox en el debate televisado

Pedro Sánchez este martes en un acto electoral en Valladolid.

«En el debate vimos una ultraderecha envalentonada y una derecha achantada, que callaba, que no alzaba la voz. Se dijeron cosas como derogar el aborto, se banalizó con la violencia de género, se propuso suprimir las comunidades autónomas». Doce horas después de que acabara el debate electoral entre los cinco principales candidatos a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez empieza a confrontar con Santiago Abascal como no lo hizo durante el programa de televisión.

En un mitin por la mañana en Valladolid, en otro por la tarde en Badajoz y en el último por la noche en Gijón, Sánchez cargó las tintas contra Vox. El presidente en funciones se erigió este martes como el único parapeto a la «España en blanco y negro» que representa «la ultraderecha» ante la que «callan, transigen» PP y Ciudadanos, por sus pactos con Vox en varias comunidades autónomas.

En un mitin en el Palacio de Congresos de Badajoz ante más de 800 militantes y simpatizantes, Sánchez alertó a los partidos dirigidos por Pablo Casado y Albert Rivera de la «OPA» que Vox ha lanzado sobre ellos, asegurando que los pactos que han suscrito para gobernar en Andalucía, Murcia y la Comunidad de Madrid «sólo benefician a la ultraderecha».

La estrategia de situar a Vox en un papel protagonista en la recta final de la campaña contrasta con la decisión de ignorar a Santiago Abascal en su primer cara a cara con Pedro Sánchez en la televisión. Algunos dirigentes socialistas justifican ese cambio de criterio en la preocupación causada por la fortaleza que pueda adquirir en el Congreso el partido de Abascal tras las elecciones. Si se confirma que se convierte en tercera fuerza política tras el PP, como indican las encuestas, Pablo Casado podría verse en dificultades a la hora de negociar con el PSOE una abstención patriótica que dejaría a Vox vía libre como oposición verdadera, ya que reprocharía al líder del PP en cada debate que Sánchez gobierne gracias a él.

«Me cuesta ver a Santiago Abascal en color», afirmó ayer Sánchez, que otorga ahora al líder de Vox un papel protagonista en la recta final de la campaña electoral como hizo Susana Díaz en las elecciones andaluzas del 4 de diciembre, cuando las encuestas empezaron a detectar el auge de Vox. Como hiciera sin éxito la entonces presidenta de la comunidad, Sánchez asegura ahora que «no es suficiente con ganar» las elecciones del 10N, pues el objetivo es «gobernar de forma estable».

En Moncloa son conscientes del buen papel que desempeñó Abascal en el debate televisivo del lunes, donde consiguió trasladar su mensaje a su electorado sin que ningún candidato le plantara cara. Pablo Iglesias tuvo un pequeño rifirrafe con él a cuenta de la cercanía de Podemos al mundo abertzale y Albert Rivera le reprochó que hubiera cobrado de una fundación de la Comunidad de Madrid, pero Abascal salió airoso de ambos ataques.

Encuestas como la realizada por El Independiente entre sus lectores sitúan a Abascal como claro ganador del debate y líderes de la izquierda como Íñigo Errejón, ausente en el programa, reprochan a los candidatos de la izquierda que no pusieran freno al presidente de Vox ante las cámaras. «El debate ha tenido la terrible novedad de que la extrema derecha fuera por una autopista diciendo mentiras sin que nadie le rebatiera ni dijera nada sobre sus mentiras», ha criticado Errejón, que ha reprochado que Abascal propusiera prohibir partidos democráticos o que relacionase inmigración con violencia contra las mujeres. «La izquierda estaba a por uvas», ha sentenciado en una entrevista en Onda Cero.

Otros socialistas explican la confrontación con Vox en la necesidad de azuzar el miedo a la derecha para movilizar el voto progresista en un contexto en el que se prevé un aumento de la abstención y un 32% del electorado indeciso todavía.

En Andalucía, el miedo a la derecha no funcionó. Las apelaciones a la necesidad de un «Gobierno fuerte» que ofreciera estabilidad al Ejecutivo de Susana Díaz tampoco. Contra todo pronóstico, la fragmentación del voto de derechas en la comunidad permitió un vuelco histórico y la fuerte irrupción de Vox, que logró entrar por primera vez en un parlamento español con 12 diputados, provocó un giro político inédito en el escenario político nacional.

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