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El pacto con el PP en Cataluña pone a prueba el liderazgo de Arrimadas

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El pacto con el PP en Cataluña pone a prueba el liderazgo de Arrimadas

La portavoz parlamentaria de Ciudadanos en el Congreso, Inés Arrimadas. EFE

Resumen:

La confluencia electoral de PP y Ciudadanos está cada vez más cerca. El descalabro de los naranjas tiene mucho que ver con el cambio de estrategia de Inés Arrimadas, adelantado por El Independiente. Ya no aspira a hacer el sorpasso a Pablo Casado como su antecesor Albert Rivera, hoy fuera de la política, sino a rescatar los restos del naufragio. Y eso pasa por listas conjuntas en al menos dos de las tres citas electorales de este año, esto es, en Cataluña y País Vasco. Sin embargo, habrá que esperar a que Arrimadas gane el congreso de marzo para, según fuentes de su entorno, «tomar decisiones drásticas» al respecto e imponer una tesis a la que durante meses se negó su antecesor.

Lo peculiar de la futura «unidad de acción» del centro-derecha en Cataluña es que al tiempo que la idea se va abriendo paso entre las cúpulas de los dos partidos no deja de encontrar resistencias en la dirección catalana de Ciudadanos. Fuentes de la ejecutiva nacional del PP confirman que hay «amplia disposición» por ambas partes pero ausencia de negociaciones formales «porque somos respetuosos con el proceso congresual de marzo», cuando Cs abra definitivamente la era post-Rivera.

Creen que Quim Torra convocará elecciones en junio, por lo que hay tiempo para abrir una negociación formal con los naranjas al objeto de pactar programa electoral, listas y un cabeza de cartel que sea del agrado de ambos partidos, pero cuya propuesta corresponde a Ciudadanos, aceptando el actual reparto de fuerzas. Sin embargo, las malas expectativas electorales del partido que ha dilapidado el hito histórico de ganar en votos y en escaños las elecciones autonómicas de 2017, ha mermado considerablemente el banquillo de candidatos.

El PP recuerda que quedó por delante de Cs el 10-N

En este punto los populares recuerdan que quedaron por delante de Ciudadanos en las últimas elecciones generales, aunque su representación fue la misma, dos diputados. Además, los sondeos catalanes ahondan en la inmensa crisis de los «naranjas», que puede ceder el grueso de sus votos al PSC de Miquel Iceta. Por ello no faltan los que ven en la nueva estrategia de Arrimadas, abogando por pactos en Cataluña, País Vasco y Galicia bajo el nombre «Mejor Unidos», una «estrategia de supervivencia política personal».

Aunque no hay conversaciones formales hasta que pase el cónclave congresual del partido naranja, se mantienen abiertas distintas líneas de interlocución. De un lado Pablo Casado e Inés Arrimadas. «Las cosas van bien, vamos avanzando, dando pasos y la unidad del centro-derecha es más necesaria que nunca», explica un dirigente del «núcleo duro» del poder genovés.

A continuación están el «número dos» popular, Teodoro García Egea, y el secretario general del Grupo de Ciudadanos, José María Espejo, que ha adquirido mucho peso interno. Por su parte, el portavoz parlamentario y abogado del Estado, Edmundo Bal, se encarga fundamentalmente del diálogo con su homóloga en el PP, Cayetana Álvarez de Toledo, con quien ha presentado ya varias iniciativas conjuntas en la Cámara Baja. El ex secretario general del PP, José Manuel Villegas, aunque forma parte de la gestora, tiene ahora un papel más secundario por decisión de Arrimadas.

Pero aunque estas fuentes aseguran que «el ambiente general en uno y otro partido apoya esta convergencia», lo cierto es que es en Cataluña donde se están produciendo las principales resistencias por parte de Ciudadanos, en muy buena medida porque la actual líder, Lorena Roldán, sabe que cualquier fórmula de colaboración pasa por dejarla fuera de la cabecera de la candidatura. No mucho más halagüeño se presenta el futuro de Carlos Carrizosa. En definitiva, «ellos no se han movido ni un milímetro», dicen en este caso fuentes del PP catalán. «Saben que esta operación supone la liquidación de la dirección de Ciudadanos en Cataluña», añaden.

Fuentes de la dirección del partido naranja censuran de entrada este veto del PP hacia la sustituta de Inés Arrimadas en Cataluña, entendiéndose la elección de la cara que concentrará el voto constitucionalista en la región como uno de los grandes desafíos de esta coalición. «Es como si nosotros impusiésemos en Galicia otro candidato que no fuera Feijóo», lamentan. Sin embargo, otros cuadros de Ciudadanos señalan que tampoco descartan la opción de concurrir con un ‘mirlo blanco’, o lo que es lo mismo, un candidato independiente ajeno a ambas formaciones políticas. Es «comprensible», aseguran las mismas fuentes, que no se confíe plenamente en el perfil de Roldán. «Lo ha hecho todo bien, pero le ha podido lastrar la constante comparación con la labor de Inés Arrimadas», afirman.

Las listas conjuntas pasarían por la sustitución de Lorena Roldán como cabeza de lista

¿Alternativas? Pues no muchas. «Lo de Manuel Valls nadie lo ve», su operación en Barcelona «se saldó en fracaso» y Ciudadanos rompió dramáticamente con él tras apoyar la investidura de Ada Colau. Albert Boadella «no está en eso» y otros intelectuales y fundadores de Cs como Francesc de Carreras, «han huido a Madrid».

Pero no son las únicas resistencias internas, porque el llamado sector socialdemócrata de Cs, representado en el castellanoleonés Francisco Igea y en el eurodiputado catalán Jordi Cañas, no ven clara la operación. Arguyen que si lo que se quiere es montar un partido bisagra de centro-izquierda eso es incompatible con convertirse en compañeros de viaje del PP. Por ello será muy difícil avanzar en la convergencia hasta que Ciudadanos no resuelva la sucesión de Rivera.

«La fusión implica desaparecer»

La escalada de Inés Arrimadas para perpetuarse como líder del proyecto liberal tendrá su acto final los próximos 14 y 15 de marzo, cuando la Asamblea General del partido ratifique tanto los Estatutos del defenestrado partido como la nueva Ejecutiva, de la que dependenderán, si los críticos no lo evitan, todas las decisiones a nivel territorial.

Pero por el camino, la jerezana se está encontrando con un obstáculo: el sector discrepante, encabezado por Francisco Igea, plantea dar la batalla para cambiar el modelo centralista predominante en una suerte de baronías territoriales, en el que dar más voz y poder a la militancia.

Precisamente, fuentes del partido de esta corriente censuran la decisión de concurrir con el PP en estos territorios. «Esa fusión implica desaparecer», apuntan algunos cuadros, que censuran un nuevo acercamiento a los conservadores, una «estrategia que nos costó 47 diputados» en las pasadas generales. El propio Francisco Igea censuraba el pasado viernes, en el marco del acto de presentación de la iniciativa contra el modelo de Arrimadas, que se haya tomado una decisión tan importante «a sólo unas semanas de la Asamblea» sin que cuenten en el debate los militantes. «¿Para qué están aquí?», se preguntaba.

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