Pablo Casado y José María Aznar en FAES

Pablo Casado y José María Aznar. EFE

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El ocaso del aznarismo: el PP entierra la política de trincheras

Política

El ocaso del aznarismo: el PP entierra la política de trincheras

Pablo Casado afronta el nuevo curso político con un repliegue absoluto de los 'perfiles duros' tras la salida de Cayetana Álvarez de Toledo y asciende a José Luis Martínez-Almeida a 'número tres' del partido

«No queremos ser la minoría indomable. El PP tiene vocación de mayoría imbatible». Pablo Casado ha dado esta semana un giro de timón definitivo y arrancará el nuevo curso político con un «proyecto claro» y, sobre todo «centrado» tras meses virando de la confrontación a la moderación. Ya no hay dudas. Tampoco cabos sueltos. Y aquel argumento del «Casado y Abascal, tanto monta, monta tanto» de la izquierda comienza a pertenecer a un pasado al que el jefe de las filas populares pretende dar el esquinazo definitivo.

El PP ya ha decidido qué quiere ser de mayor, y plantea un renovado escenario en que la cohesión de sus dirigentes será casi el primer mandamiento en el nuevo discurso de la formación, con permiso de la defensa de la monarquía y el rechazo a un pacto con Sánchez. «No podemos mirar a la izquierda ni a la derecha. Tenemos un proyecto propio, un rumbo propio con los españoles como horizonte», aclaraba José Luis Martínez-Almeida este viernes, después de que Casado le ratificase como el nuevo divulgador y defensor de los argumentarios del partido.

El ascenso del alcalde de Madrid a la cúpula directiva tras convertirse en uno de los perfiles políticos -tanto dentro de la izquierda como de la derecha- más reforzados por su gestión y discurso durante la pandemia no ha sido el único movimiento significativo en una semana cuanto menos convulsa en Génova, 13, que comenzó con la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria del PP y su sustitución por la ex alcaldesa de Logroño y ex vicesecretaria de Política Social, Cuca Gamarra. Con esta maniobra, la dirección recupera el control del grupo parlamentario frente a la «autonomía» que abanderaba la diputada por Barcelona y corta de raíz el principal canal de la influencia del denominado ‘sector duro’ dentro del partido que ejercía desde fuera el ex presidente del Gobierno, José María Aznar.

La representación del aznarismo en las filas populares ha sufrido una merma muy significativa a pesar de que esta influencia había vuelto al partido, paradójicamente, de la mano de Pablo Casado tras la etapa de Mariano Rajoy -fue director de gabinete de Aznar-. «Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que me renueve Casado», llegó a afirmar un día el ex presidente del Gobierno, con claros vínculos con el entonces candidato. El actual líder del PP apostó por muchos de esos perfiles ‘duros’ en un primer momento, pero ahora o se les ha relevado o, directamente, se les ha apartado.

Fuentes de Génova, que desde la histórica victoria de Feijóo en las elecciones gallegas han defendido el discurso de que el PP «siempre ha estado en la moderación», arguyen que la destitución de Álvarez de Toledo o el previo cese del jefe de asesoría parlamentaria, Gabriel Elorriaga, no se ha llevado a cabo con la idea de arrinconar a los perfiles más ideológicos del partido, sino por una cuestión de «incompatibilidad», quizá, con la nueva estrategia que quiere seguir el PP de construir una alternativa para que Pablo Casado llegue a sentarse en el Palacio de la Moncloa.

Pero lo cierto es que la representatividad del aznarismo en comparación con el marianismo o el sorayismo en cargos de responsabilidad del partido es ya prácticamente nula. Casado no sólo firmó el cese de Cayetana Álvarez de Toledo, sino que también ha decidido arrinconar todo resquicio de su influencia: la dirección ratificó el pasado jueves en el marco de la Junta Directiva Nacional el relevo de Pilar Marcos, mano derecha de la hasta ahora líder del grupo parlamentario y portavoz adjunta en la Cámara Baja, situando en su lugar a Marga Prohens, emisaria de Igualdad en el Congreso y persona de confianza de Cuca Gamarra, la nueva máxima autoridad parlamentaria del PP.

Ambas acudieron a la manifestación del 8-M para reivindicar que «las mujeres de derechas también somos feministas» y marcaron la renovada posición del partido con su primera asistencia oficial a la convocatoria. Entonces, Álvarez de Toledo llegó a desautorizar a su actual sustituta negando su asistencia a la convocatoria del 8 de marzo en Madrid, y enfrentó la postura oficial de su partido porque «las mujeres no somos bloques monolíticos». Gamarra, en una entrevista para El Independiente, llegó a defender la «libertad» de su compañera de filas para expresar su opinión al respecto, pero de puertas para dentro fue una de las decenas de salidas de tono que terminaron colmando la paciencia de Pablo Casado.

Otros referentes de la ‘corriente dura’, como Javier Fernández-Lasquetty -ex secretario general de FAES y miembro del patronato del think-tank de José María Aznar- Enrique Ossorio, Isabel Benjumea o el propio Gabriel Elorriaga han visto relegadas sus funciones iniciales en la cúpula directiva de Madrid. Los dos primeros son ahora consejeros regionales del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso -Hacienda y Educación-, la tercera desempeña su cargo en Bruselas donde es diputada, y el cuarto conserva únicamente su acta como diputado tras ser relegado de su puesto como jefe de de asesoría parlamentaria en el Congreso, Senado y Parlamento Europeo por, según Génova, una cuestión de «incompatibilidad».

Almeida, ‘número tres’ del PP

Más allá del repliegue de este tipo de perfiles, Casado arranca el nuevo curso con una remodelación de la dirección que otorga el máximo protagonismo a perfiles pragmáticos, gestores y, sobre todo, moderados que han condenado en público y en privado la política de trincheras y el discurso bronco que, entre otros, ha caracterizado a Cayetana Álvarez de Toledo, aunque también a miembros de la dirección, como a Teodoro García Egea y, en ocasiones, al propio Casado.

José Luis Martínez-Almeida, uno de los máximos representantes del PP moderado y centrista y adalid del diálogo y de la no confrontación en el Ayuntamiento de Madrid, donde se convirtió en el primer regidor en sentar en una misma mesa a todas las formaciones políticas para un acuerdo, incluidos Vox y Podemos, ha pasado de ser un desconocido hace poco más de un año a uno de los máximos mandatarios del Partido Popular. Sólo aparecen por delante de él en el nuevo organigrama de la formación el secretario general, Teodoro García Egea; y el presidente, Pablo Casado. Almeida se sitúa a todos los efectos como número tres, al no depender de él ninguna vicesecretaría.

Preguntado por la otra lectura del nombramiento, la de que Casado se haya quitado a un posible rival político para presidir el partido en un futuro -sólo se ha especulado esa posibilidad con dos nombres, el de Almeida y el de Núñez Feijóo-, el alcalde de Madrid ha quitado peso a la rumorología y llegó a asegurar en una entrevista para Onda Cero el pasado viernes que el presidente no le «impuso nada» y «me preguntó hasta tres veces si estaba seguro» de aceptar el cargo y compatibilizarlo con su actual responsabilidad como regidor de la capital de España.

El ascenso conlleva otras implicaciones que reafirman la intención de enterrar la política de confrontación en el partido, que tanto ha abanderado en este caso Isabel Díaz Ayuso con Sánchez, con la oposición madrileña e, incluso con sus socios de Gobierno. Frente al blindaje de su compañero de filas por Génova, la lideresa afronta un futuro incierto con un liderazgo desgastado por su gestión en la crisis del coronavirus.

El golpe de mando ha situado también a una declarada feminista al frente del grupo parlamentario y ha dado un sillón en el comité de dirección a Ana Pastor, que ha desempeñado un papel de máxima relevancia durante la crisis del coronavirus como máxima representante del PP en la comisión de reconstrucción en un puesto en que en otras circunstancias hubiese correspondido a Cayetana Álvarez de Toledo.

Los cambios se completan con la designación del alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, al frente del Comité de Alcaldes, un órgano de nueva creación dentro del partido. Por otra parte, la salida de Marga Prohens de la vicesecretaría de comunicación que dirige Pablo Montesinos ha provocado la incorporación de cargos como Toni Fuster o Astrid Pérez; y los cambios afectan también al diputado César Sánchez, nuevo secretario ejecutivo de Política Autonómica del partido. Además, la vicesecretaría de Sectorial encabezada por Elvira Rodríguez añade dos nuevas áreas: Empleo y Pensiones, asumida por Juan Bravo; y Agricultura y Despoblación, que liderará Milagros Marcos.

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