Pablo Casado, desde su tribuna, se dirige a Pedro Sánchez en un hemiciclo casi vacío. EFE

Política

Casado se debate entre la confrontación y el giro al centro

El líder del PP deberá primar uno de los dos modelos de partido por el desgaste del Gobierno ante la crisis: de un lado, perfiles duros influenciados por el aznarismo, como el de Ayuso; del otro, centristas como Almeida o Núñez Feijóo

La crisis del coronavirus ha cambiado estrategias, derribado muros políticos y construido otros cuantos. Y la pandemia ha vuelto a poner de relieve las dos almas que coexisten en el PP, los dos modelos de partido, el paralelismo entre pactos y confrontación, entre centrismo y conservadurismo, entre perfiles duros y los menos ideológicos. Se trata de una dualidad con la que, hasta ahora, ha convivido el Partido Popular sin consecuencias significativas, pero el evidente desgaste del Gobierno de coalición ante la crisis abre nuevos escenarios y Casado podría verse obligado muy pronto a definir qué modelo de partido debe prevalecer en una hipotética carrera electoral.

«El síntoma más evidente de decadencia política e ideológica es el intentar constantemente adelantar a la izquierda por la izquierda, el miedo a los titulares de prensa, el miedo a ser de derechas». Esta cita tiene ya una antigüedad de cuatro años, procedente de uno de los mayores exponentes del perfil duro del PP, a la derecha de Mariano Rajoy, que bien define a ese sector que retornó tras las primarias que situaron a Pablo Casado al frente del partido y que desplazaron a Soraya Sáenz de Santamaría.

En concreto, la frase es del libro Yo no me callo que publicó la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en 2016. A la actual ‘lideresa’ del PP aún le queda mucho camino para reunir todo el poder que un día llegó a manejar Aguirre, pero más allá de que Isabel Díaz Ayuso haya crecido políticamente bajo su mano, a ambas les une la falta de pudor para decir lo que piensan y ser ariete contra la izquierda. Aguirre, en su día, contra José Luis Rodríguez Zapatero. Ayuso, hoy, contra Pedro Sánchez.

Rodeada de figuras del aznarismo y del aguirrismo, como Javier Fernández-Lasquetty (Hacienda); David Pérez (Vivienda); o Enrique Ossorio (Educación), Ayuso es uno de los mayores exponentes de ese perfil duro que en Génova sustentan figuras como Teodoro García Egea o Cayetana Álvarez de Toledo de cara al público, y con asesores como Alfredo Timermans o Miguel Ángel Rodríguez en la sombra, donde José María Aznar sigue teniendo una influencia canalizada en parte a través de FAES, en la que continúan mirando a Vox por el retrovisor y donde reina la tesis de que el pactismo con Sánchez solo insufla poder a los de Santiago Abascal.

Ayuso es, a día de hoy, uno de los pesos pesados del partido. Su gestión ha sido encumbrada por muchos. El barómetro de GAD3 para ABC de mayo la situaba como la segunda política mejor valorada de la crisis y daba alas a su gestión al reflejar este mismo instituto demoscópico una espectacular subida del PP de Madrid, a 10 escaños de la mayoría absoluta. Pero su «opacidad», su «fanatismo» y su «improvisación» han sido cualidades fuertemente criticadas por otros, que evidencian la falta de entendimiento con el resto de formaciones y con el propio Gobierno central en un momento de emergencia sanitaria y económica, optando en su lugar por la vía del personalismo en la mayoría de decisiones. Estos reproches llegan no solo de sus socios de Gobierno, que desde que comenzó la crisis han censurado la falta de consenso en la toma de decisiones, sino también de la oposición, con la que la presidenta niega a entenderse porque «yo no pacto con el desastre».

Y niega que vaya a haber cualquier voluntad de pacto con el PSOE que en Madrid encabeza Ángel Gabilondo porque asumía la presidenta que uno de «los mayores errores» que ha cometido estos meses ha sido «fiarme de la izquierda». Vestida de riguroso luto y sin medias tintas, la líder regional responsabilizaba la pasada semana -en el marco del pleno extraordinario en la Asamblea- del horror vivido en la Comunidad de Madrid a Pedro Sánchez por el «abandono» al que había sometido a la región.

Ayuso insiste en «las mismas recetas» que Aguirre: «regalos fiscales, privatizaciones y pelotazo urbanístico»

Ayuso «ha heredado el mismo estilo de Esperanza Aguirre de escurrir el bulto con una mano y buscar bronca con la otra», destaca Pablo Gómez Perpinyà, portavoz de Más Madrid en la Asamblea. Con dureza, retrata el diputado regional que Ayuso insiste en «las mismas recetas» que la ex presidenta de la Comunidad de Madrid: «regalos fiscales, privatizaciones y pelotazo urbanístico». Denuncia además que, en dos meses de pandemia, no haya «compartido con la oposición datos cruciales», como el número de fallecidos en residencias; los profesionales sanitarios contagiados o los detalles de las contrataciones de material.

Aunque con un tono menos bronco, la falta de voluntad de acuerdo ha sido censurada también por el líder de la oposición en la Asamblea de Madrid, Ángel Gabilondo, que lamentaba en una entrevista la «actitud» de Ayuso, que «no es la que quiero y espero para Madrid», al tiempo que criticaba la idea que a su juicio persigue la dirigente del PP de convertir la región en «una especie de bastión contra el Gobierno central».

Almeida y los barones autonómicos

La otra cara del PP comienza por la propia capital. Unidos por las siglas, por el territorio y por una estrecha relación, pero a años luz en lo que se refiere a gestión, al menos en lo que va de crisis sanitaria. El alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida ha tomado una vía completamente diferente a la de su homóloga en la Comunidad de Madrid. Si Ayuso da un paso a la derecha, Almeida lo da al centro.

Las diferencias entre ambos no sólo reside en la relación con la oposición, sino también con Ciudadanos. Si el coronavirus ha distanciado a Ayuso y Aguado, también ha unido a Almeida y Villacís, con una gestión dividida por áreas pero dando la sensación de equipo cohesionado con ruedas de prensa, visitas, reuniones con asociaciones y con oposición de forma conjunta y donde por el momento no ha habido voces de críticas o tensiones internas pese a la complicada situación que ha afrontado la capital española.

Además, en el Ayuntamiento sí habrá pacto con la oposición. A propuesta del PP, habrá dos mesas técnicas, una social y otra económica, para debatir la desescalada y la reactivación económica de Madrid, y ya se ha encargado de remitir un borrador al resto de grupos municipales para que incorporen sus propuestas. «Almeida ha hecho bien en no apostar por la línea de confrontación del PP en el Estado y en la Comunidad de Madrid», bendice la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento, Rita Maestre. «Durante estas semanas ha sido prudente; no ha generado crispación ni ha alentado el miedo(…). Nosotros estamos dispuestos a trabajar codo con codo por la reconstrucción de Madrid», añade.

Los pactos con la oposición y el espíritu centrista del partido no sólo se encuentra en el Palacio de Cibeles. En mayor o menor medida, todos los barones territoriales han abogado por la estrategia de la no confrontación, ni con la oposición de sus respectivos territorios ni con el Gobierno central, sobre el que han deslizado críticas desde un tono radicalmente diferente al mantenido en la Comunidad de Madrid. De hecho, fueron estas baronías las que alertaron a Génova sobre la precipitación que implicaba provocar la caída del estado de alarma con efecto inmediato. Si bien importantes dirigentes del partido se decantaban claramente por el ‘no’, finalmente primó el criterio más moderado.

En este sector se ubica el gallego Alberto Núñez Feijóo, que si bien ha sido un firme defensor de la cogobernanza entre las autonomías y Sanidad para la desescalada, ha evitado la bronca política y se ha reafirmado en el diálogo con el Gobierno como solución. De hecho, la conversación que mantuvo el presidente gallego con la vicepresidenta, Carmen Calvo, abrió la veda que marcaría la abstención del PP en el Congreso y que facilitaría la prórroga del estado de alarma 15 días más.

Misma tónica sigue el sorayista Juanma Moreno en la Junta de Andalucía, que tras el órdago de Sánchez en el Congreso que instaba a pactos por la recontrucción en autonomías y municipios, propuso una «gran alianza por Andalucía» que contó con el beneplácito de Susana Díaz en la región. «Es nuestra responsabilidad», secundaba. Como el resto de líderes territoriales ha censurado que el Ejecutivo no informe correctamente a las autonomías de su gestión ante la crisis, si bien ha reivindicado en cada discurso, como en la comisión general de las comunidades autónomas de la que se ausentó Sánchez, la «lealtad institucional» de Andalucía hacia el Gobierno.

Tampoco Mañueco se sale de la tónica de los grandes barones -a excepción de Ayuso- en Castilla y León, otra de las comunidades más golpeadas por el coronavirus. El castellanoleonés pidió también un «pacto amplio» con todos los grupos políticos para «afrontar con éxito la recuperación económica, el empleo y la cohesión social» porque «es lo que esperan de nosotros», se reafirmaba.

Con todas las cartas encima de la mesa, el siguiente escalón que Casado tendrá que superar se producirá en pocos días, cuando el Gobierno vuelva a solicitar la confianza de la Cámara para ampliar de nuevo el estado de alarma. De mantener la coherencia con su discurso, el PP votará en contra y, a partir de ese momento, el jefe de la oposición tendrá que elegir entre dos barajas, ambas con mucho apoyo dentro del partido: aprovechar el cambio de estrategia de Inés Arrimadas y ocupar el espacio que queda definitivamente libre en el centroderecha o, por el contrario, primar el peso aznarista, el de la oposición bronca y sin cuartel que termine arrinconando incluso a Vox.

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