Esta no te la sabías

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¿Por qué hay personas frioleras y otras calurosas?

Hay casas, oficinas y reuniones en las que el debate sobre la temperatura parece no tener solución: mientras una persona busca una chaqueta, otra abre la ventana porque siente calor. Esta diferencia no suele responder a un capricho ni a una exageración, sino a la forma particular en que cada organismo percibe y regula la temperatura.

“La sensación de frío o calor no depende solo de los grados del ambiente, sino también de la sensibilidad de nuestros sensores térmicos y de la eficacia con la que el cuerpo responde a ellos”, explica la Dra. Marta Cazalilla, especialista del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud Córdoba.

Dra. Marta Cazalilla, especialista del Servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud Córdoba.

Sistema de regulación

El organismo humano intenta mantener una temperatura interna relativamente estable, situada habitualmente entre los 36,5 y los 37,2 grados. “Para conseguirlo cuenta con un sistema de regulación muy preciso, dirigido por el hipotálamo, una región del cerebro que actúa como un auténtico termostato”, aclara la Dra. Cazalilla. Este centro recibe información procedente de la piel y de la sangre y, en función de lo que detecta, pone en marcha distintos mecanismos.

La experta comenta que cuando el cuerpo percibe frío, ordena cerrar los vasos sanguíneos periféricos, especialmente en manos y pies, para conservar el calor y proteger los órganos vitales. Este proceso se conoce como vasoconstricción. En cambio, cuando detecta calor, activa la sudoración y favorece la dilatación de los vasos sanguíneos para facilitar la pérdida de temperatura.

Sin embargo, no todas las personas responden igual, aclara la Dra. Marta Cazalilla. Algunas tienen una mayor sensibilidad al frío; otras producen más calor corporal o lo eliminan con más facilidad. En estas diferencias intervienen factores como el metabolismo, la composición corporal, la masa muscular, la grasa, la circulación y la capacidad de adaptación al entorno.

El metabolismo desempeña un papel importante. Se trata del conjunto de procesos químicos que transforman los alimentos en energía. Una persona con un metabolismo basal más alto tiende a generar más calor incluso en reposo, mientras que otra con un metabolismo más lento puede notar más fácilmente el frío. También influye la constitución física: el músculo es un tejido muy activo desde el punto de vista metabólico y contribuye a producir calor; la grasa corporal, por su parte, actúa más como aislante térmico.

La mala circulación

Según apunta la Dra. Marta Cazalilla, la circulación sanguínea es otro aspecto que suele mencionarse con frecuencia. Muchas personas dicen tener “mala circulación” porque se les enfrían las manos o los pies. En realidad, no se trata tanto de una mala circulación en sentido estricto como de una respuesta exagerada de los vasos sanguíneos ante el frío. El cuerpo cierra de forma intensa los vasos periféricos para conservar temperatura, y eso hace que las extremidades se enfríen más.

Tener los pies fríos de manera habitual puede ser simplemente una característica personal. No obstante, si aparece de forma repentina, se acompaña de dolor, cambios de coloración o pérdida de sensibilidad, conviene consultarlo. Lo mismo ocurre si los dedos se vuelven blancos o azulados con el frío y duelen, ya que podría tratarse de “la enfermedad de Raynaud”, un fenómeno específico que conviene tratar.

La buena noticia es que el cuerpo puede adaptarse en cierta medida. La exposición gradual y controlada a distintas temperaturas, como las duchas de contraste, puede ayudar a mejorar la respuesta de termorregulación. También favorecen este equilibrio hábitos generales como mantenerse activo, evitar el sedentarismo y cuidar el descanso.

En la mayoría de los casos, ser friolero o caluroso es una variante normal de la fisiología humana y forma parte de su “identidad biológica”. En cambio, si esa percepción de tolerancia al frío o al calor cambia de manera clara o se acompaña de otros síntomas (cansancio extremo,  palidez, intolerancia al calor con palpitaciones o pérdida de peso), es recomendable acudir al médico para realizar una valoración, ya que puede ser producido por disfunción de la glándula tiroides (hipo o hipertiroidismo), una posible anemia o trastornos metabólicos o endocrinos, explica la Dra. Marta Cazalilla.

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