Las elecciones de Castilla y León cierran el ciclo electoral activo a la espera de que Andalucía se pronuncie y fije sobre el calendario unos nuevos comicios. Y ese parón de campaña abre el marco de oportunidad de acuerdos entre PP y Vox. Los populares, especialmente con pronunciamientos desde Génova, vienen reprochando a Santiago Abascal desde enero el aplazamiento de los plazos en Extremadura y después en Aragón a conciencia hasta el cierre completo de este ciclo electoral para no salir perjudicados por un pacto. Al contrario, desde Vox, denuncian a un PP y un Alberto Núñez Feijóo que no ven comprometidos con unos principios de distinción de la izquierda para cimentar nuevos gobiernos.
Fuera de esa rivalidad política, y tras una semana agitada de cruce de acusaciones después del rechazo a la primera investidura de Extremadura, fuentes de ambos sectores políticos ven posible que en próximas fechas se den pasos para agilizar los procesos. Desde el PP, incluso, se considera que el 'frenazo' de la tendencia al alza de los ultraconservadores puede ayudar a acercar posturas. Pasar de 20-21% en estas elecciones de Castilla y León, consideran fuentes populares, implicaría una mayor tensión en las conversaciones, dado que daría pie a Bambú a exigir más. Hay que recordar que ambas direcciones nacionales de PP y Vox están implicadas junto a sus aparatos territoriales. Mientras Génova asegura que "acompaña" en ellas, en el caso de Vox Abascal e Ignacio Garriga tienen la última palabra para aceptar acuerdos.
En una breve comparecencia desde esa sede, Abascal aseguró, pese a todo, que estos comicios demuestran que "no hay techo para Vox". "Avanzamos hablando exclusivamente de los problemas de los españoles", explicó, y aseguró que a partir de este lunes "toca" desbloquear "tres regiones que esperan urgentemente un cambio de rumbo". "Lo van a tener, podemos garantizarlo, pero no nos hablen y no nos pregunten por los sillones, los puestos en el gobierno o los relatos políticos". Abascal sigue priorizando "las medidas concretas" y "plazos de cumplimiento" para que se pongan en marcha. Habrá acuerdos si se defiende el "interés general" de los españoles, afirmó.
Lo hizo con un 18,8% de los votos en Castilla y León bajo el brazo, pero sin haber alcanzado un hito que se esperaba en Bambú, por encima de la veintena de puntos en votos y con hasta 19 escaños. Fuentes del partido, a principio de la campaña, auguraban al menos "un par de escaños" más. Las urnas les dejan en 14, frente a los 13 anteriores. En esa línea se movió previamente su candidato, Carlos Pollán, que en una comparecencia desde Valladolid declaró que mientras "algunos tienen prisa en repartirse los sillones", en referencia al PP, "nosotros" queremos "cambiar las cosas".
En paralelo al líder de Vox y a Pollán, el ganador de los comicios, Alfonso Fernández Mañueco, además de agradecer el apoyo electoral y el trabajo de los equipos, aseguró desde Salamanca que el lunes "empezará el diálogo con todas las fuerzas". Pero dejó claro que habrá "un gobierno del PP para todos" los ciudadanos. Ambas fuerzas se sitúan en la senda del acuerdo, aunque las condiciones a los populares no serán fáciles ni en Extremadura ni en Aragón. En Castilla y León, en cambio, Mañueco puede presumir de haber sido el que más crece frente a Vox: dos escaños frente a uno de Vox, y cuatro puntos frente a 1,2 de Vox.
Guiño de Mañueco a Vox: Con quien no vamos a pactar es con el PSOE, que quede bien claro
Hizo una declaración de intenciones Mañueco, de hecho, durante su valoración de los resultados. Habló de la necesidad de "diálogo" y de "pacto", pero siempre "sobre la base del proyecto de futuro del PP, porque hemos sido el partido más respaldado". Sin traspasar con ello sus líneas rojas. Y pese a ese recado a Vox, sí les lanzó un guiño: "Con quien no vamos a pactar es con el PSOE, que quede bien claro. Con el sanchismo es imposible ningún acuerdo de gobernabilidad. Es imposible e impensable". "Los ciudadanos quieren un gobierno del PP y esa va a ser nuestra guía. Nuestra estrategia, nuestra gestión y nuestro proyecto ha tenido el máximo respaldo", aseguró.
Mientras que en Castilla y León aún queda un amplio margen de tiempo para esa negociación, los tiempos se agotan en Extremadura y en Aragón. Por un lado, en el primer territorio el fracaso de Guardiola en el primer intento de investidura sitúa el 4 de mayo como fecha tope para una investidura. Esa misma fecha se da en Aragón y para Jorge Azcón, cuyo estatuto de autonomía indica dos meses para el proceso desde la constitución de las Cortes, que fueron el 4 de marzo. Fuentes implicadas en las negociaciones esperan notables avances en las próximas dos semanas, antes del parón por Semana Santa y de una más que probable disolución del Parlamento de Andalucía en abril.
La discreción viene guiando el diálogo en Aragón, lo que deja entrever que el distanciamiento no es tan amplio como en Extremadura. Allí las relaciones de Vox con Guardiola son pésimas, especialmente por el distanciamiento ideológico en materia de derechos sociales, inmigración o feminismo. Aunque en las últimas semanas figuras como Óscar Fernández Calle, líder territorial de Vox, aseguró que el problema era Génova, que en esas negociaciones venía poniendo trabas. Hay quien valora, con todo, como posible un deshielo acelerado en los próximos días, e incluso ese primer anuncio de pacto con Guardiola.
Desde Génova, el secretario general del PP, Miguel Tellado, quien representa al partido a escala nacional en las negociaciones, clamó por acelerar esos tiempos en Extremadura: "Nosotros vamos a saber estar a la altura y esperamos que, por parte de Vox, ahora sí quieran seguir avanzando" en ese diálogo, apuntó en rueda de prensa casi de madrugada.
Vox, ¿dentro o fuera de los gobiernos?
La principal duda que deberá aclarar Vox en estas fechas es el modelo de Gobierno que busca, si se guiarán por uno homogéneo o heterogéneo según el barón popular a quien tengan que respaldar, y en función de esa representación generalizada que ya es del 18%; si exigirán cuotas de poder, carteras. Al principio de las negociaciones en Extremadura, Abascal exigió una vicepresidencia y varias carteras. Desde el PP aludieron posteriormente, por los frenos de Vox, que les pedían Agricultura, Empleo, Industria y Economía, así como el control de Canal Extremadura. Lo desmintieron los ultraconservadores. En Aragón se volvió a lanzar la idea de entrada en el Gobierno, pero posteriormente Bambú, con la reactivación efímera de las negociaciones con el PP hace semanas, matizó que "aparcaba" esa exigencia hasta llegar a acuerdos programáticos. Después de eso, tomarían la decisión.
Internamente en Vox se es consciente de que la gestión no favorece al partido en las encuestas, sobre todo cuando se está creciendo por el choque con el bipartidismo, con el enfrentamiento con los populares. En octubre del año pasado, fuentes nacionales de Vox dudaban de si volverían a entrar en ejecutivos, de hecho, a sabiendas de esa fortaleza implícita desde fuera. Por ello, a excepción de Extremadura, donde el partido asegura que la entrada es crucial para controlar a Guardiola, de la que no se fían, es muy probable que en Aragón y Castilla y León se siga el modelo de la Comunidad Valenciana: apoyo externo al PP con un acuerdo de medidas conjuntas a impulsar. Se habla incluso de calendarios para que esos gobiernos sean estables y para que haya confianza, sin posibilidad de dilatación de los tiempos.
A Vox le interesará, en todo caso, que los pactos se cierren antes de la precampaña andaluza, donde el partido tiene como objetivo obstaculizar la mayoría absoluta de Juanma Moreno para que depende de un pacto íntegro con Vox. La nueva etapa de relaciones entre formaciones será clave después de que en julio de 2024 Vox rompiese con el PP por diferencias en cuanto a las acogidas de menores migrantes. Serán un ensayo previo a un posible acuerdo de gobierno de coalición nacional.
Estabilidad frente a un PSOE crecido
Una de las lecturas que deja el PSOE en estos comicios es que cuando el candidato se aleja de la línea de Moncloa, los resultados son favorables en los territorios. El resultado de Carlos Martínez, que pasa de 28 a 30 escaños y con 0,75 puntos más que en 2022, a los 30,75 puntos, contrasta con el caso de Pilar Alegría en Aragón. La izquierda sale reforzada a costa de los partidos a su izquierda, de Podemos y los socios de Sumar, que siguen sin dar con la tecla electoral frente al PSOE como nicho de unidad de todo el espacio, como voto útil.
En declaraciones al cierre del escrutinio, Martínez ve posible una repetición electoral, ve posible que no haya entendimiento entre PP y Vox, lo que dejaría abierta una posibilidad de seguir absorbiendo votos del centro frente a la inestabilidad. "Al lío, que hay partido de vuelta". "Mucho me temo que nos vamos a ver dentro de poco", afirmó. Cree que Abascal no se puede permitir seguir siendo muleta del PP si quiere superarlo.
Cualquier incompatibilidad entre Abascal y Génova, entiende, puede bloquear un pacto con Mañueco. Aun así, la ausencia de socios por la izquierda imposibilitan a los socialistas para un gobierno alternativo. También la imposibilidad de entendimiento entre PP y PSOE acreditada por Mañueco esta noche electoral.
El excandidato de Vox se lanzan contra Abascal
Tras el resultado y la ausencia de cumplimiento de esas expectativas, se pronunciaron algunos exdirigentes como el exlíder en Castilla y León, Juan García-Gallardo. "Abascal diciendo que baten récords, con cara de funeral. Falsa euforia, normal". Recordó el crecimiento de 1 a 12 procuradores en 2022, frente al escaño logrado por Pollán mientras el bipartidismo se refuerza. "Exitazo", recalcó de forma crítica. "El bipartidismo hoy es fiesta. Hace cuatro años quienes estábamos de fiesta éramos nosotros", apreció. Pidió un nuevo partido.
"Quiero un partido con un plan serio y real de remigración. Que no pida el voto a los jóvenes para atender solo las demandas de los mayores. Que no sea el felpudo de ningún gobierno extranjero. Un partido que ponga a España primero", expresó. Gallardo vuelve a sembrar la duda de escisión dentro de Vox meses después de expresarse en los mismos términos. Lo hace en un momento en el que numerosos críticos purgados piden la celebración de un congreso extraordinario que debata qué debe ser Vox. Una petición que encabeza Iván Espinosa de los Monteros y que abre la veda dentro de Vox. Se aprovecha ese aparente varapalo electoral para profundizar en la herida.
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