A Zapatero, como a Sánchez, sólo le queda la teoría del tonto, el último o quizá el primer recurso del pícaro español, con baba o boina siempre preparada. El tonto que no se entera, el tonto del que se aprovechan, el tonto con malas compañías, el tonto que se mantiene en la pureza de su tontería, con su blanco pañuelo de cuatro nudos en la cabeza, incluso rodeado de codicia y corrupción, e incluso aprovechándose de esa codicia y esa corrupción. Sí, porque aquí el tonto, por alguna españolísima maravilla o ironía, suele terminar, gracias a su tontería, con más poder en sus salones y más dinero en sus cuentas. El PSOE sin padrecito, la progresía sin aliento y los columnistas de la casa con el corazón roto como una tacita de porcelana (sucesivamente roto habría que decir, aunque siempre curado por el hilito de plata de la ceguera o del olvido) ya están en la teoría del tonto despistado o abusado. Es algo que han utilizado con Sánchez, el listo, el escurridizo, el killer, el puto amo, el de las jugadas maestras y los milagros propiciados por reliquias de prepucio. Así que cómo no utilizarlo con Zapatero, que ya venía con fama de "bobo solemne" como con estela de incienso o de golondrinas, ese incienso que le volaba desde la boca y esas golondrinas que le volaban desde la frente.
Ya van siendo muchos tontos aquí que parecen, más bien, unos listos. El PSOE dice ahora (lo contaba en su crónica Juanma Romero) que Zapatero puede ser "negligente o descuidado, pero no delincuente". Sin embargo, esa negligencia y ese descuido con lo público, y que además termina en suculento beneficio propio, es ya casi lo mismo que el delito. Incluso sin querer creer lo que ven nuestros ojos (lo que no quiere ver Sánchez, ni el sanchismo, con sus ojos muertos de pescado hervido), la negligencia no suele ser tan lucrativa ni el descuido suele ser tan organizado. La trama, su organigrama casi taxonómico o heráldico (me acuerdo de que una de las primeras críticas de un tertuliano paladín al auto del juez Calama fue que hubiera incluido gráficos, esquemas, que le debían de sonar a algo soplado por la fachosfera al juez igual que algo soplado por los extraterrestres a los egipcios); la organización de la trama, decía, no tiene nada de descuidado ni de negligente, sino que más bien está entre el delicado diseño de una hélice y el delicado diseño de una cenefa. Crear sociedades pantalla por descuido lo que parece es un milagro y terminar rico por negligencia lo que parece es un plan.
A Sánchez y a Zapatero sólo les queda la teoría del tonto, que en el caso de Zapatero yo creo que ha sido una ventaja y una venganza
La teoría del tonto abriga ahora tanto a Zapatero como a Sánchez, que a los dos presidentes con ojos de vaca parece que los raptaron en los aviones de Plus Ultra y en el Peugeot (igual de sospechosos y descuajeringados) como a dos autoestopistas paletos. Durante ese secuestro o durante esa siesta, varios ministerios, administraciones, empresas públicas, el propio Consejo de Ministros y hasta la santa sede de Ferraz, con Secretarios de organización como camarlengos de la corrupción, anduvieron con la pegajosa tontería. Sí, porque la tontería, que al principio era sólo de los dos presidentes, se contagiaba enseguida, más como el bostezo que como la enfermedad del beso. Así que estamos ahora que no sabemos si es peor o mejor o da igual estar gobernado por corruptos o por tontos indistinguibles de corruptos. Lo que ocurre es que, si de verdad fueran sólo dos casos de tontería, no estarían abandonando el colchón sanchista o el globo zapaterista paladines, arrimados, propagandistas y socios. El PNV ya pide a Sánchez que esta tonta agonía no dure más allá de este año, por el riesgo, quizá, de que también a ellos empiecen a tomarlos por tontos.
El tonto español, tan listo; el lírico español, tan prosaico; el buenazo español, tan perverso; el místico español, tan mundano; el idealista español, tan práctico… Los conocemos muy bien de nuestra corrala española y de nuestra corrala política, pero el truco todavía funciona, como el truco del ligue o el truco del carterista. Nos camelan y nos roban, más que nadie, los guapos o los buenos, los que nos mienten dulcemente y los que nos abrazan extrañamente en la ciudad salvaje y en la política salvaje. Ya digo que lo de Zapatero no me extraña, ni entiendo que le extrañe a nadie, que el suyo es el disfraz perfecto, como el gurú de una secta con corona de margaritas, cinturón de cuerda y paz de pipa de agua que te estafa y te lleva al huerto o al jardín zen. El de Zapatero va a resultar incluso mejor disfraz que el de Sánchez, que cuando a nuestro presidente membranoso le llegue la hora nadie podrá decir que no se lo puede creer, ni se le quedará la lágrima en la mejilla y el oh en la boca como una máscara de teatro griega o japonesa.
A Sánchez y a Zapatero sólo les queda la teoría del tonto, que en el caso de Zapatero yo creo que ha sido una ventaja y una venganza. Me parece que a Zapatero lo tenían por tonto incluso en su propio partido, hasta que en 2021 se convierte de repente en referente, en padrecito o padrino, en gurú de cordoncillo y en gurú de lobby. Y yo diría que es justo porque se convierte en necesario, o sea se convierte por fin en un hombre de negocios de la política, del partido, y deja de ser tonto tonto para ser tonto listo. El recurso al tonto es triste o es, simplemente, sencillo.
Hay un momento en que los partidos no tienen nada mejor, o nada más fácil, o nada más de lo que vivir, así que viven de eso como de asaltar a los recién desembarcados en Atocha, que aún parece que se han apeado en una guerra, bajo los techos como de Reichstag de la estación, y con ojos y cielos de ceniza, sueño, ferralla, cristales y zepelines. La teoría del tonto es castiza y se ha demostrado práctica, pero en este caso no van a poderla sostener mucho tiempo. Las evidencias cada vez serán más potentes y cada vez llegarán más lejos, hasta que sea imposible creer que haya habido tantos tontos, salvo que los tontos hayamos sido todos los demás. Al menos, los que se creyeron de verdad a los tontos con boina, con baba, con estampita y con una sola ceja a la salida de Atocha o a la entrada del Congreso.
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