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España

Francisco Martínez y Fernández Díaz, enfrentados por culpa de 'Kitchen'

El ex ministro y su 'numero dos' mantienen versiones opuestas sobre su conocimiento del operativo policial de espionaje a Bárcenas en sus declaraciones ante el juez García-Castellón / Ninguno de los dos implica a Rajoy y a De Cospedal

Habían despertado muchas expectativas las comparecencias del ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez y del ex ministro de Interior Jorge Fernández Díaz esta semana en la Audiencia Nacional. Cabía alguna posibilidad de que el primero tirara de la manta y reconociera que el Gobierno de Mariano Rajoy encargó al agente encubierto José Manuel Villarejo y a otros mandos de la Policía Nacional la operación ilegal Kitchen para espiar al ex tesorero del PP Luis Bárcenas -con recursos del Estado y en beneficio de altos cargos de dicho partido- a fin de evitar que la información que guardaba sobre ellos llegara a la Justicia. También que el segundo implicara al ex presidente del Gobierno o a la ex secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en la maquinación de dicho operativo.

Pero las declaraciones de ambos ex altos cargos quedaron muy lejos de las expectativas y lo único que pudieron recoger los investigadores fue un enfrentamiento entre un antiguo jefe y su subordinado con reproches entre ambos en busca de una exoneración. Éstos fueron los puntos de confrontación de sus comparecencias ante el juez Manuel García-Castellón, que hasta ahora veía «claros indicios» de que dicho operativo lo llevaron a cabo «órganos del Estado» y que el «núcleo» estuvo en el Ministerio del Interior de Fernández Díaz.

1. La autoría de los SMS

No es injustificado que los investigadores y la prensa esperaran tanto de estas comparecencias después de salir a la luz unos mensajes de texto que el ministro supuestamente habría enviado a Martínez durante el desarrollo del dispositivo policial: «La operación se hizo con éxito. Te informo», decía el SMS fechado el 18 de octubre de 2013. Meses antes, el 13 de julio, Fernández Díaz le escribió: «Chófer B: Sergio Ríos Esgueva (ahora hace esa función con su mujer)». Hoy policía nacional, Ríos Esgueva era el conductor de la familia Bárcenas-Iglesias y al que el operativo captó por medio de Andrés Gómez Gordo -antiguo jefe de seguridad de María Dolores de Cospedal en la etapa de ésta como presidenta de Castilla-La Mancha- para que siguiera a la esposa del ex tesorero -éste se encontraba entonces en prisión preventiva- y recuperara el material comprometedor que pudiera guardar. Por ello cobró casi 48.000 euros durante dos años con cargo a los fondos reservados.

Martínez entregó dichos mensajes de texto a la Policía después de protocolizarlos ante el notario de Mahón Alberto Vela Navarro-Rubio, si bien Fernández Díaz niega que los escribiera ni que salieran de su teléfono. El número que aparecía en la pantalla del móvil del ex número dos de Interior se corresponde con el del ex ministro, pero, al basarse la prueba en el terminal de recepción y no en el de envío, su defensa se aferrará a negar la mayor salvo que los investigadores puedan encontrar el mensaje en el dispositivo. Este viernes, Fernández Díaz lo entregó al juez, como solicitó el fiscal Anticorrupción Ignacio Stampa. Y no estaban allí. Fernández Díaz ha cambiado dos veces de teléfono en este tiempo.

Sí precisó Martínez que, en la transcripción que hizo la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional en el informe entregado al juzgado, se reproduce un mensaje que no tenía nada que ver con los enviados por Fernández Díaz en aquellas fechas. Este envío se produjo cuatro meses después y hacía alusión a una persona cercana al actual presidente del Gobierno, según explicó en su comparecencia. Pero en modo alguno cuestionó la veracidad de los mensajes sobre el chófer y el «éxito» de la operación que él protocolizó ante notario y que han sido determinantes para la imputación del ex ministro.

2. La petición de información sobre el chófer

A preguntas del juez García-Castellón, Francisco Martínez mantuvo el jueves que el ministro le pidió que confirmase si, como le había llegado, existía un colaborador policial llamado Sergio Ríos que ejercía de chófer. El secretario de Estado confirmó este extremo tras preguntárselo a Eugenio Pino, entonces Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Nacional e imputado también en esta pieza separada del caso Villarejo. Así informó a Fernández Díaz, que lo negado este viernes.

El ex titular de Interior defiende que lo que sabe de la Operación Kitchen es por la prensa y que «nadie fuera del Ministerio le pudo hablar de ésta». Menos aún, defendió con vehemencia según fuentes presentes en la declaración, Rajoy o De Cospedal. Si dicha operación existió, afirmó, fue de una manera «desleal» hacia él.

3. La ‘Kitchen’, ¿existe o no?

Tanto Francisco Martínez como Fernández Díaz coinciden en que las primeras noticias que tuvieron sobre la denominada operación Kitchen les llegaron a través de la prensa, concretamente por una información publicada por El Español en 2015. Pero mientras el primero reconoce que ésta existió como una operación policial legal de la que no se informó a Interior, puesto que el fin era encontrar bienes de Bárcenas ocultos en el extranjero y avisar a la Justicia, Fernández Díaz no la reconoce. Dice que no sabe absolutamente nada sobre ella.

4. ¿Conocían a Villarejo?

El ex ministro admite que conoce al comisario José Manuel Villarejo -agente encubierto adscrito en la DAO en su etapa al frente del Ministerio- por otros asuntos institucionales, pero que nunca le hizo el encargo que desde noviembre de 2018 investiga el Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional.

En su libro Cada día tiene su afán, Fernández Díaz reconoce haber saludado «circunstancialmente» dos veces al polémico policial. La primera ocasión fue en 2012. «Yo salía del Ministerio, pero antes tenía que comentar algo a un colaborador mío, que vi que estaba hablando con una persona que, al acercarme, me saludó: ‘Señor ministro, a sus órdenes, soy el comisario Villarejo’. Cruzamos un simple apretón de manos de cortesía y me despedí», rememora.

La segunda vez que se vieron las caras fue el 2 de junio de 2016, con motivo del almuerzo que el entonces ministro ofreció a Eugenio Pino con motivo de su jubilación (ésta se produjo 21 días después): «A aquella comida asistieron los miembros del Consejo Asesor de la Policía Nacional y los altos cargos del Ministerio. Al ir saludando a los asistentes, recuerdo que Villarejo, vestido de paisano, me volvió a saludar en parecidos términos que la primera vez».

Por su parte, Francisco Martínez reconoció ante el juez que sabía que Villarejo ejercía como agente encubierto y que había desempeñado importantes acciones como funcionario policial, según fuentes presentes en su declaración. El ex secretario de Estado de Seguridad aseguró que el comisario hoy preso tenía instrucciones expresas de sus superiores de «reportar al CNI» y a la Fiscalía Anticorrupción. En este sentido, el investigado desveló la existencia de una reunión que Villarejo mantuvo con Antonio Salinas -ex fiscal jefe de Anticorrupción, jubilado a finales de 2016- y la teniente fiscal Belén Suárez el 20 de diciembre de 2012. Según ha podido conocer este diario, esa cita habría sido instada por Eduardo Torres-Dulce -entonces fiscal general del Estado- con la intención de que el policía tuviese al tanto de sus actuaciones al Ministerio Público y se estableciera una línea de información.

5. El uso de los fondos reservados

En el escrito con el que pidió sin éxito su desimputación en el caso Kitchen, Fernández Díaz argumentó que no era él quien llevaba la gestión y control de los fondos reservados -utilizados para retribuir al chófer de Bárcenas por su colaboración con la Policía- sino la Secretaría de Estado de Seguridad por delegación suya. En su comparecencia, Francisco Martínez mantuvo que ni autorizaba ni decidía nunca nada sobre el pago a confidentes. En el caso concreto de la contraprestación a Sergio Ríos, el primer pago está fechado el 1 de julio y él no se enteró hasta el 13 de dicho mes que existía tal colaborador, tras el SMS que le envió el ministro. «No pude autorizar nada, ni de éste ni de ninguno», vino a decir en sede judicial, donde explicó de forma detallada el mecanismo de los fondos reservados. Según sostuvo, el control de la Secretaría de Estado alcanza a los «grandes conceptos, jamás a los detalles».

6. Dejan al margen a Rajoy y Cospedal

Hay un punto de coincidencia clara en las declaraciones de ambos: dejan al margen del conocimiento del operativo al ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy y a la exsecretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal. El juez, de hecho, había declinado la petición de Anticorrupción de citar como investigada a la ex número dos del PP a la espera de que avanzara la instrucción por si aparecían elementos incriminatorios sólidos hacia ella que no veía en este momento procesal.

Martínez ni siquiera les mencionó en su declaración -bien es cierto que el juez no le preguntó por ninguno de ellos ni por el marido de Cospedal, Ignacio López del Hierro, al que Anticorrupción solicitó imputar junto a ésta- y Fernández Díaz incidió mucho en que «ninguno de los dos le habló nunca de ninguna Operación Kitchen«.

A este respecto, los investigadores esperaban que Martínez sí apuntara hacia altas instancias del PP, teniendo en cuenta el mensaje que envió al presidente de la Audiencia Nacional, Ramón Navarro, tras ser imputado y sentir que el ministro de Interior le había dejado en la estacada: «Mi grandísimo error fue ser leal a miserables como Jorge [en alusión a Fernández Díaz] o Rajoy o Cospedal y que eso es muy fácil de probar, aunque sería lo último que querría hacer».

Martínez también dejó escritas algunas reflexiones en su móvil, que le fue incautado, que hacían prever que no tendría problema en implicar a quien hiciera falta: «Lo que nadie puede pretender es que sea una especie de mártir de una causa que no era la mía, que nunca lo fue y en la que me vi involucrado exclusivamente por lealtad y obediencia». Este jueves, sin embargo, evitó explicar cuál fue esa causa que no era suya.

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