Hubo controles periódicos, exhaustivos, pero no se detectaron anomalías, nada que hiciera saltar las alarmas y evitara el desastre, el descarrilamiento del Iryo Málaga-Madrid el pasado domingo, el fatal suceso que provocó la muerte de 45 personas. La vía posiblemente sufrió una fractura, y este es un "problema recurrente" en las redes ferroviarias, en España y fuera de ellas, en palabras de Óscar Puente, pero a veces hay "fallos", defectos que no son "sencillos de detectar" y que pasan bajo el radar. En la "inmensa mayoría de las ocasiones se libran sin consecuencias para las personas, pero aquí ha habido muy mala fortuna".

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El ministro de Transportes compareció este viernes en rueda de prensa en la sede de su ministerio por tercera vez desde que se produjo el terrible accidente de Adamuz. Pero la diferencia la marcaba el informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), que plantea como hipótesis, a falta de las siguientes pruebas que se vayan practicando, que la fractura del carril se produjo antes del paso del tren Iryo Madrid-Málaga y antes, por tanto, del descarrilamiento. Es decir, que la rotura de la vía fue la causa, y no la consecuencia, del accidente.

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(Noticia en ampliación)