Juanma Moreno peleó por un gobierno en solitario para evitar el "lío" de una coalición, según su propia definición. No era, sin embargo, una enmienda a la totalidad de las alianzas gubernamentales. De hecho, el barón popular guardó muy buen recuerdo del pacto con Ciudadanos de su primera legislatura en la que tuvo de vicepresidente a Juan Marín. Culminaron los cuatro años de legislatura (2018-2022) sin ningún sobresalto. De hecho, tras la debacle naranja en las autonómicas de 2022 Moreno nombró a Marín presidente del Consejo Económico y Social de Andalucía, donde sigue. Su mandato es de cuatro años, por lo que toca renovación o sustitución, decisión para la que Moreno quizá no sea ahora autónomo del todo. En esa primera legislatura, PP y Ciudadanos necesitaron del apoyo parlamentario de Vox para ahormar la mayoría absoluta en el Parlamento andaluz.
Fuera por bisoñez o porque en aquellos tiempos el partido de Santiago Abascal acogía en su seno a sectores liberales, muchos de ellos provenientes de las filas del PP, tampoco hubo grandes dificultades para sacar adelante un amplio paquete legislativo y los presupuestos anuales. En todo caso, aquel 2022 Moreno alcanzó su independencia con una rotunda mayoría absoluta. Desde aquella atalaya vio como los gobiernos de coalición de sus compañeros de partido saltaban por los aires tras la espantada de Vox en julio de 2024. Afectó a los ejecutivos de Castilla y León, Comunidad Valenciana, Murcia, Aragón y Extremadura. Tras el último ciclo electoral, que arrancó en Extremadura, siguió en Aragón y pasó por Castilla y León, volvieron a la mesa de negociación. La extremeña María Guardiola necesitó cuatro meses desde los comicios para poder formar gobierno. Esos son los "líos" de los que quería huir el presidente de la Junta de Andalucía.
A dos escaños de esa mayoría absoluta tan anhelada, en el entorno de Moreno ponen el énfasis en que sólo hay un representante de Vox en el Consejo de Gobierno, Manuel Gavira. Es vicepresidente, sí, pero Moreno se ha cuidado muy mucho de que Gavira nunca sea presidente en funciones, nunca le sustituya cuando él esté fuera de Andalucía. Para eso le ha puesto por delante a su mano derecha, Antonio Sanz, como vicepresidente primero y, ya de paso, a otra estrecha colaboradora suya, Carolina España, de vicepresidenta tercera. Una decisión inédita que busca crear contrapesos al dirigente voxista.
Vox no ha conseguido hacerse con agricultura ni desarrollo rural
No es menos cierto que Gavira, aunque sea el único representante ultra en el gobierno andaluz, tiene una amplia lista de competencias en su mano en calidad de consejero: turismo, desregulación, justicia y administración local. No son temas menores, y gestionará un grueso del 1.200 millones del presupuesto regional. Pero desde el PP consideran que pese a la importancia, ellos gestionarán el 98,5% del total, lo que deja sin casi influencia a Gavira, a Abascal y a los suyos en Bambú, la sede nacional de Madrid.
La posible dependencia de cargos ligados al PP para incorporar a la segunda línea de la cartera de Gavira y su baja influencia en el presupuesto de oxígeno a Moreno
A ese primer aspecto, se une que el PP cree que tendrá influencia en la cartera de Gavira y, por tanto, contrapeso, al tener Vox una falta de cuadros intermedios y de profesionales. Los de Moreno confían en que Bambú y Vox Andalucía tengan que echar mano de los equipos de los anteriores consejeros del PP. Y es que la espantada de julio de 2024 dejó en la estacada a muchos profesionales que había captado Vox para los gobiernos autonómicos. Eso les dificulta su política de ‘fichajes’ ante el riesgo de una nueva ruptura unilateral de los pactos.
Además, el presidente de la Junta ha conseguido dejar fuera del alcance de los ultras las políticas de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural que siguen en manos del que ya era consejero en esta materia, Ramón Fernández-Pacheco. Y eso también creen que es clave más allá de asumir políticas como la 'prioridad nacional', en la que el partido ya se empieza a sentir cómodo en torno al arraigo, con un discurso más duro en inmigración, con Sánchez y el Gobierno copando el debate, y simplemente asumiendo posiciones de alerta sobre el impacto derivado de legislaciones como el Pacto Verde o el comercial UE-Mercosur.
Moreno no hizo más que insistir en el concepto de “estabilidad” durante la presentación de su nuevo gobierno el jueves. También empleó otros términos muy alejados de la nomenclatura del partido ultra como "moderación" o "diálogo" y subrayó el significado último de la llamada "vía andaluza" en lo que parecía un aviso en clave interna. Hay confianza en, pese a los cambios y esa dependencia por dos escaños, de poder continuar, y de momento cuenta con un "socio leal" si se cumple lo firmado, las 150 medidas para Andalucía.
"Desdibujar" a Gavira
"La vía andaluza no es una frase hecha. Es una realidad, y es nuestra forma de gobernar. Seré claro y rotundo: este nuevo gobierno viene a sumar, definido por la moderación, el diálogo social y el respeto absoluto a nuestras instituciones, y que debe dar la mejor respuesta a las demandas de los andaluces", explicó. El discurso no es diferente al que hubiera enarbolado de tener un ejecutivo monocolor. En el equipo de Moreno confían en "desdibujar" a Gavira con todos esos elementos mencionados. A priori, hay que destacar que a diferencia del resto de vicepresidentes y de consejeros, Gavira no tendrá un despacho en San Telmo.
Los movimientos e intenciones de Moreno y los suyos no preocupan a Vox. De hecho, no les dan ninguna relevancia. Son conscientes de la incomodidad del líder popular a la hora de firmar el pacto de gobierno. Se remiten al momento de la firma, público, media hora antes del inicio de la sesión de investidura el 2 de julio, donde "solo había que verle la cara" de desagrado. De hecho, se traslada que el rechazo confirmado en primera votación de la investidura "lo cambió todo". "Hizo a Moreno rectificar" y aceptar las condiciones de Vox al ver que "estábamos dispuestos" a no apoyarle e ir a múltiples sesiones de investidura sin cambios.
Confían en que en las próximas semanas la gestión deje a un lado todo lo demás. Sobre las consideraciones de los populares sobre la ausencia de influencia o ese intento de "desdibujar", se remiten a que no están en política por "los sillones" y que el papel de gobierno y todo lo que lo rodea queda en un segundo plano sobre las medidas políticas. Esas, dicen, están plasmadas en el pacto y es lo único que interesa. "Las vamos a aplicar nosotros, con total independencia porque tenemos esas competencias", trasladan en consultas a El Independiente fuentes nacionales del partido.
Creen que todo lo que salga de las medidas y las necesidades de los andaluces excede su interés y se muestran seguros de que habrá una buena convivencia en los próximos cuatro años independientemente de las diferencias políticas. "Si se aplica lo pactado, todo estará bien". El objetivo general de los de Abascal es dejar buen sabor de boca en los gobiernos para seguir creciendo de cara al ciclo electoral de 2028-2031, intentar ser "la fuerza mayoritaria" y para ello ha comprobado que la gestión es clave. De momento se conforman con el papel de socio minoritario, con conseguir medidas mermadas y aplicar "un bisturí" en lugar de "la motosierra" que desearían. Así lo trasladó Abascal en la última asamblea general del partido, en la que instó a los suyos a tener una relación respetuosa con el PP.
Aunque la posición de Moreno es la de mostrar un gobierno continuista, en Vox comentan que de ser el mismo programa que en la anterior legislatura no lo hubiesen firmado. Acreditan que Moreno, con su rúbrica, ha dado un paso más allá, asumiendo postulados. En inmigración, con conceptos inéditos como esa 'prioridad nacional', aunque el PP la vincule al arraigo –fue muy criticada por Moreno junto a Ayuso–. También con el condicionamiento de ayudas, la posición firme contra la recepción de menores extranjeros no acompañados o la fiscalización a las ONG, con la retirada de subvenciones a aquellas que, dice el texto, "tengan como negocio principal la inmigración" o colaboren con el tráfico de personas. Entidades como Cáritas, señaladas por Vox con anterioridad por prestar esa labor social también a inmigrantes irregulares, sería una excepción. En ese marco migratorio, se incluye el veto al burka y el niqab, algo ya asumido desde Génova, pero de lo que Moreno ha estado distante, así como de la prioridad.
La terminología de género o las políticas orientadas a la diversidad ahora quedan un tanto sujetas por el marco del fomento de la natalidad, el apoyo a las familias numerosas, que toman mayor protagonismo. Igualmente, se refuerzan las medidas de control parental en la educación, una de las demandas históricas de Vox y que meten al PP en ese ámbito de la batalla cultural. Para los críticos de Moreno y la oposición, el simple hecho de asumir estas líneas, por menores que sean, supone desmantelar la imagen de líder centrista y con personalidad propia desligada del alma de su partido.
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