Han pasado cincuenta años. Dieciséis de ellos transcurrieron en una cruenta guerra que convirtió el desierto en un páramo aún más inhóspito de lo que ya es. Una infinidad de minas camufladas en la arena y en los cauces secos de los uadis acechan como letales víboras vulcanoides, prestas a estallar al menor contacto. En 1991 comenzó una tregua estéril que se prolongó durante tres décadas. En su octavo año, Hasán II se llevó a la tumba, cual sudario negro, el anhelo de conquistar el Sáhara. Murió con la amarga y absoluta certeza de que la tierra de los indómitos beduinos saharauis nunca sería sometida. Comprendió también que su hijo no solo fracasará donde él ya lo hizo, sino que, al empeñarse en considerar "causa nacional" una ocupación por la fuerza de un territorio no autónomo, arriesga la supervivencia de la corona alauí.
El reconocimiento inconfesable de Hasán II, en forma de postrer profecía, no podría ser más evidente: Mohamed VI, viva antítesis de su padre, nunca quiso ser rey. El trono que heredó le pesaría como una losa con la que cargaría por puro compromiso dinástico. Asimismo, el "nudo gordiano" del Sáhara le perseguiría como una maldición que le auguraba un oscuro e imprevisible futuro de sinsabores que –más allá de arrebatarle o menguar su onírico estilo de vida ocioso y opulento– dejaría al descubierto la fragilidad del régimen y la carencia de integridad moral oculta detrás de la fastuosidad de palacio.
El Majzen –poder real en la sombra que mueve todos los hilos de la política marroquí– solucionó su dilema: Mohamed VI solo debe exhibirse en público como el monarca supremo que teóricamente rige los designios del país. Así, da continuidad a la dinastía alauí mientras "tele-reina" desde París, Libreville (Gabón) o Dubái, sin alterar ni un ápice su rutina habitual de holganza, diversión y derroche.
En cuanto al asunto del Sáhara, Mohamed VI tampoco debe preocuparse. En su nombre, el Majzen ha diseñado un novedoso y magnífico plan que, además de auto-amortizarse, empezará a generar réditos inmediatamente después de su puesta a punto: dado que no se ha logrado vencer a los saharauis en la guerra y el statu quo de una tregua indefinida tampoco ha conseguido desgastarlos, es el momento de recurrir a la Unión Europea, instrumentalizándola como la "rampa perfecta" para relanzar sus tesis anexionistas. La próspera UE, un bloque compacto, democrático, moderno y solvente, es la "llave maestra" que Marruecos necesita para sortear la verja de la legalidad internacional y el aval definitivo que debe esgrimir en el nebuloso escenario geopolítico para apoderarse del Sáhara Occidental.
La estrategia del Majzén, aunque compleja en su desarrollo, responde a un concepto sumamente simple: aplicar la política del palo y la zanahoria a Europa. Por un lado, ejerce una intensa presión migratoria sobre el continente y permite el tráfico masivo de cannabis y cocaína, inundándolo literalmente de droga; por el otro, consiente y facilita el expolio indiscriminado de los recursos naturales del Sáhara.
Los beneficios millonarios que aporta el tráfico de personas y el boyante negocio del narcotráfico, más las ganancias derivadas del saqueo de las riquezas del territorio saharaui –amén de contribuir al enriquecimiento personal del círculo oligárquico alauí y la cúpula militar– se destinarán a lo siguiente:
- Fortalecer el aparato de propaganda invadiendo el universo audiovisual, de tal manera que los medios occidentales sean una mera proyección de la narrativa de ocupación que reflejan los canales del régimen majzení.
- Comprar voluntades mediante la creación de lobbies y grupos de presión, especialmente en el Parlamento Europeo y en el Senado y Congreso americanos, así como en los países pobres de África y América Latina.
- Asignar el remanente a sufragar la logística y el elevado coste que supone el mantenimiento de los más de cien mil soldados que malviven atrincherados en el muro defensivo –de 2720 km de longitud– que circunda los territorios ocupados. La precariedad de las condiciones de vida de estas tropas, obligadas a permanecer en pie de guerra durante décadas en un entorno árido y hostil, se constata en imágenes grabadas por el Ejército Saharaui donde se ven soldados harapientos y exhaustos que emplean asnos para acarrear agua y víveres en el recinto del muro.
El insidioso plan de coacción urdido por el Majzen no tardaría en surtir efecto: el 1 de marzo de 2000 entra en vigor de forma definitiva el Acuerdo Euromediterráneo de Asociación entre la Unión Europea y Marruecos. A pesar de haberse firmado cuatro años antes, el proceso de ratificación parlamentaria por parte de los Estados miembros ¿casualmente? no se completó hasta esa fecha.
A los dos años de vigencia del acuerdo comercial, Mohamed VI decide hacerse notar desafiando a España, la última frontera de Europa y potencia administradora de iure de la última colonia de África. El 11 de julio de 2002, ocupó militarmente la isla de Perejil con una dotación de la gendarmería real, relevada posteriormente por infantes de la marina marroquí. El monarca confiaba en que José María Aznar, a la sazón presidente del Gobierno, intimidado por la coerción –al igual que la UE– no reaccionaría ante semejante afrenta. Se había equivocado por completo. Una semana más tarde, miembros del Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra recuperaron el islote y detuvieron a los soldados marroquíes, que fueron devueltos de inmediato a su país por la frontera de Ceuta. Aquella incursión frustrada terminó en un auténtico ultraje, tanto para el ejército marroquí como para el propio Mohamed VI, quien, irónicamente, celebraba esos días el tercer aniversario de su coronación saboreando esta humillante derrota. Sería la primera y única vez en la era democrática en que un gobierno español impone respeto a la soberanía nacional ante las reiteradas provocaciones del vecino del sur.
Marruecos redobla la ofensiva, sofisticando y diversificando sus métodos de presión, y se vale de nuevas rutas de narcotráfico e inmigración ilegal para asfixiar a Europa. Aun así, España se erige, de momento, como un bastión que se resiste a la sumisión.
El azar o la mano negra del Majzen –la duda prevalece– ha querido que la fortuna de Marruecos pase por la desgracia de España. En plena jornada de reflexión, cuando todo indicaba que el Partido Popular (cuya lista encabezaba Mariano Rajoy por designación de Aznar) ganaría las elecciones, el 11 de marzo de 2004 explotaron diez mochilas bomba en cuatro trenes de la línea de cercanías que unía Alcalá de Henares con Madrid. Es el mayor atentado terrorista de la historia de la Unión Europea y el peor en suelo europeo en el siglo XXI, con un saldo de 193 víctimas mortales y alrededor de 2.000 heridos.
De alguna manera, este atroz acontecimiento influyó decisivamente en la intención de voto y favoreció el acceso de José Luis Rodríguez Zapatero al Palacio de la Moncloa. Rabat vio las puertas del cielo abiertas y celebró la victoria de Zapatero como si fuese la suya. No en vano, cuando aún estaba en la oposición, se le llegó a calificar como el “embajador” de Marruecos en España debido a sus frecuentes viajes allende el estrecho. El nuevo presidente mostró una reciprocidad tan patente que parecía haber ganado las elecciones exclusivamente para satisfacer a Mohamed VI. Se inició así una etapa en la que el presidente electo –hoy investigado por organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental– se esmeraría en complacer a Marruecos en todo lo que hiciera falta, inclusive en asuntos de naturaleza turbia e ilícita como los relacionados con el Sahara Occidental. Todo ello, sin importar que la estrategia de extorsión hacia el viejo continente iba en aumento, desatándose al año siguiente la primera gran crisis fronteriza con los asaltos masivos a las vallas de Ceuta y Melilla.
En esta línea, y centrándose en el objetivo troncal del plan trazado, se sitúa la octava Reunión de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos, celebrada en Rabat los días 5 y 6 de marzo de 2007. En este encuentro, en el que participaron el presidente Zapatero, su homólogo marroquí Driss Jettou y el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, entre otros, se perfiló, a modo de munición de propaganda, la ocurrencia peculiar de una propuesta de "autonomía marroquí" para el Sáhara. El presidente español era cómplice directo de un "proyecto" falaz que infringía la normativa internacional y daba por sentado que la RASD (reconocida por 84 países y miembro de pleno derecho de la Unión Africana) es una región más del reino alauí, comparable a la del Rif.
Zapatero no solo impulsó activamente esta farsa durante su presidencia, sino que, tras dejar la Moncloa, se consagró en cuerpo y alma a defender el planteamiento expansionista marroquí, asumiendo el discurso oficial del régimen en los mítines y eventos internacionales que el Majzen le programaba cíclicamente. Asimismo, puso a disposición de Rabat a destacados miembros de su antiguo gabinete –Miguel Ángel Moratinos, José Bono, María Antonia Trujillo, Juan Fernando López Aguilar– que se dedicaron a apoyar con un fervor inusitado la ocupación del Sáhara Occidental.
El expresidente llegó incluso a colaborar con el servicio secreto marroquí en la creación de un movimiento fantasma proocupación, cuyo líder y único militante, Hach Ahmed, es un exdiplomático saharaui que traicionó a su pueblo y se unió al enemigo.
La eficaz estrategia marroquí, que combinaba narcotráfico y tráfico de personas, no daba tregua a la UE, sumiéndola en una cadena interminable de cesiones. Una vez más, el Parlamento Europeo claudica y aprueba en febrero de 2012 el Acuerdo agrícola entre la Unión Europea y Marruecos, que entró en aplicación oficialmente el 1 de octubre del mismo año. Este protocolo, si bien se contemplaba de forma parcial en el tratado Euromediterráneo del año 2000, ahora irrumpía con toda su fuerza al liberalizar el comercio de productos agrícolas, productos agroindustriales, pescado y productos de la pesca.
Con el nuevo acuerdo, el saqueo de los recursos naturales del Sáhara se dispara, alcanzando máximos escandalosos. La pesca industrial –en sus modalidades de arrastre, palangre y cerco– privilegia a los armadores europeos y domina los caladeros saharauis, donde representa el 96 % de las capturas totales efectuadas de forma masiva e intensiva. Los productos pesqueros locales, frescos, variados y muy demandados por el consumidor, llegan a los supermercados de toda Europa bajo el etiquetado "procedente de Marruecos". Igualmente, miles de toneladas de tomates y melones llegan diariamente a los comercios del continente con sello marroquí. Para garantizar el flujo ininterrumpido de estos cultivos, se levanta en Dajla (antigua Villa Cisneros), al sur del territorio, una colosal megalópolis de invernaderos de 5.000 hectáreas. La variedad cherry, que rinde entre 80 y 120 toneladas por hectárea y es valorada por su alta calidad y consistencia para el transporte de larga distancia, ocupa la mayor parte de esta gigantesca ciudadela de plástico. Mientras esta “exportación” crece de forma exponencial, el campo del sudeste español y de otras regiones europeas pierde rentabilidad progresivamente, ahogado por una competencia desleal favorecida por exoneraciones fiscales, ausencia de controles de calidad y mano de obra barata.
El robo que se constata en el Acuerdo agrícola, cuya rúbrica significa –en clave política– reconocerle a Marruecos un territorio que no le pertenece y, por consiguiente, la comisión de un delito internacional de receptación, es el más llamativo, pero no es el único. Ahí está, por ejemplo, el trasiego imparable en el Puerto del Aaiún (las 24 horas del día) de los cargueros que esperan su turno para zarpar repletos delmineral de fosfatos que se extrae a cielo abierto en los yacimientos de Bucraa.
El expolio desenfrenado de recursos también castiga a los ecosistemas y al medio ambiente saharaui. Durante las últimas décadas, diversos proyectos turísticos y urbanísticos en Canarias han recurrido a la compra de millones de toneladas de arena del Sáhara. Paisajes naturales originales del litoral canario, compuestos de arena negra volcánica o cantos rodados, fueron transformados en playas de fina arena blanca. Las Teresitas (Santa Cruz de Tenerife), Mogán y Tauro (Gran Canaria) o Los Charcos (Lanzarote) son una réplica exacta de las playas de Fum el Uad (El Aaiun) o Dajla.
No se tiene en cuenta que este traslado masivo de sedimentos africanos hacia el archipiélago representa un grave problema ecológico bidireccional, que afecta tanto a los ecosistemas desérticos de origen, como a los entornos marinos y costeros de destino, ya que altera dinámicas naturales que han tardado milenios en consolidarse.
Jacob Petrus debería arrojar algo de luz sobre este tema en su programa "Aquí la Tierra", en vez de reproducir el relato oficial del régimen alauí.
Pero hay algo con lo que el Majzen no contaba, ya que en Marruecos resulta impensable: la independencia judicial. El Frente Polisario recurrió el Acuerdo agrícola al inicio de su implementación. Tras doce largos años de obstáculos, complejidades y una dura batalla legal –con recursos y sentencias en 2016, 2019 y 2021– la justicia llegó. El 4 de octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró nulos los acuerdos comerciales de pesca y agricultura entre la UE y Marruecos por incluir el Sahara Occidental en su ámbito de aplicación sin el consentimiento expreso de su pueblo, representado legítimamente por el Frente Polisario. El fallo también determina que “el Sahara Occidental es un territorio separado de Marruecos”.
El Majzen confiaba en que el apoyo de la UE, por sí solo, bastaba para legitimar sus pretensiones anexionistas. Al ver que la sentencia histórica del TJUE amenazaba con desmoronar su pérfido plan, decidió movilizar a sus fieles servidores y máximos valedores en el Consejo Europeo: Pedro Sánchez y Emmanuel Macron. Ambos mandatarios, a base de maquinaciones e intrigas, involucrando y manipulando a su conveniencia a la Comisión Europea, han logrado que la UE reactive el acuerdo anulado. En lugar de registrar el Sáhara Occidental como origen de los productos saharauis, el nuevo protocolo utilizará el nombre de las dos regiones que Marruecos ha asignado a los territorios ocupados. Un pacto viciado en su génesis por carecer del consentimiento del sujeto de derecho –el pueblo saharaui– fue aprobado por un solo voto y, por si fuera poco, legaliza un etiquetado con procedencia falsa.
Aunque la figura de Mohamed VI conserva el poder absoluto sobre el papel, las riendas del gobierno en Marruecos están, como se ha señalado, en manos del Majzen. El monarca, con una salud extremadamente frágil, un constante deterioro físico y ausencias prolongadas que bordean la desaparición, ya ni siquiera es apto para el rol cosmético que se le supone en Palacio. Por esta razón, con el fin de evitar que el vacío institucional –hoy por hoy un secreto a voces– se haga ostensible, el circulo oligárquico promueve activamente al príncipe heredero, Mulay Hasán, de 23 años, preparándolo para asumir el trono cuando la coyuntura política lo aconseje.
En este contexto, el futuro Hasan III –que ostenta el rango de coronel mayor desde agosto de 2025– fue designado el pasado 2 de mayo coordinador de las oficinas y servicios del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Reales (FAR). Cabe recordar que, a raíz de los dos intentos de golpe de Estado sufridos por su abuelo en 1971 y 1972, los altos mandos de las FAR son objeto de un escrutinio riguroso. Desde entonces, se les ha mantenido ocupados y alejados del reino: primero en la guerra de Yom Kipur contra Israel en 1973 y, a partir de 1975, en la guerra del Sahara.
Este cargo, de carácter estratégico, permite al príncipe actuar como el engranaje central entre las distintas ramas de las FAR. De este modo, obtiene una visión integral de la seguridad nacional y la logística militar, a la vez que participa en el control diario de la seguridad fronteriza y las amenazas regionales que enfrenta la nación.
El mismo día de su nombramiento, la Guardia Civil interceptó en aguas del Atlántico, frente a las costas del Sáhara Occidental, un buque mercante con más de 30 toneladas de cocaína agrupadas en 1.279 fardos. Se trata del mayor alijo de esta droga incautado en la historia de España en un solo barco. El Arconian, navegaba bajo la bandera de Comoras y utilizaba identidades falsas para evadir los radares. Tras zarpar desde Sierra Leona, fue abordado a unas 200 millas de Tenerife. La embarcación transportaba cerca de 42.000 litros de gasolina para transbordar la mercancía a narcolanchas en las inmediaciones de las islas Canarias, desde donde se distribuiría por toda Europa.
Otro hecho que importunó al príncipe, el mismo sábado de su estreno en el nuevo puesto, fue la desaparición de dos soldados estadounidenses en la periferia de la ciudad de Tan-Tan. El teniente primero Kendrick Lamont y la especialista Mariyah Collington participaban en las maniobras conjuntas African Lion, llevadas a cabo en Marruecos del 22 de abril al 8 de mayo. La búsqueda de ambos militares concluyó trágicamente a mediados de mayo con el hallazgo de sus cuerpos sin vida.
En esta edición del African Lion, se desplegó un "componente humanitario" en la localidad saharaui de Dajla. En respuesta a esta injerencia militar –disfrazada de asistencia humanitaria para alentar la ocupación del territorio no autónomo del Sahara Occidental–, el Ejército Saharaui bombardeó las bases marroquíes situadas en el extrarradio de Smara. Una mala noticia más para el príncipe en su primera semana como coordinador del Estado Mayor General de las FAR. La Unión Europea, en boca de su embajador en Rabat, Dimiter Tzantchev, se apresuró a consolar al heredero, condenando el ataque del Polisario a la ciudad ocupada y alineándose con los postulados del invasor marroquí.
En conclusión, el TJUE ha asestado un duro golpe a Marruecos al reconocer explícitamente el estatus jurídico del Sáhara Occidental y ratificar al Frente Polisario como el representante legítimo de su pueblo. Pese a ello, la estrategia del palo y la zanahoria es más eficiente que nunca: mantiene en vilo a la Unión Europea, al tiempo que garantiza su respaldo incondicional al Majzen e implica al ente comunitario en la financiación indirecta de la ocupación del territorio.
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