«El 1 de octubre no es un buen día, no es un buen día. El PSOE montó un Comité Federal un 1 de octubre y nunca más, eh». «Ha pasado un año ya. Qué año nos habéis dado…» El domingo pasado, en la Fiesta de la Rosa del PSC, Miquel Iceta rememoraba así una fecha negra para el socialismo español: el 1 de octubre de 2016, cuando el establishment del partido derribó al primer secretario general elegido por los militantes en unas primarias.

Un año después, y con el 1-O de nuevo como fecha clave, Sánchez afronta desde su despacho de Ferraz el mayor desafío de la democracia española. Lo hace con una estrategia que provoca tensiones internas y que no termina de contentar a nadie. Aunque el PSOE mantiene «sin fisuras» su apoyo al Estado como garante de la legalidad en Cataluña, no oculta sus discrepancias con el Gobierno del PP y huye de un frentismo al que considera responsable, también, de la situación.

“No vamos a entrar en esa dialéctica de bloques», aseguró Sánchez el martes en el Senado, cuando sitúo al PSOE en tierra de nadie. En su intervención ante diputados y senadores, el líder socialista marcó su hoja de ruta en esta crisis, cimentada en «tres certezas»: «La crisis catalana sólo tendrá solución si los políticos también cumplen con su deber, que es negociar, dialogar y encontrar un pacto en el conjunto de la sociedad catalana», aseguró. «¿De qué sirve un Gobierno que delega sus funciones en los tribunales?», se preguntó dos veces.

Sánchez basa la hoja de ruta del PSOE en la crisis catalana en tres certezas

En segundo lugar, Sánchez repudió la política de «bloques y frentismo», porque «no se puede construir España desde los extremismos». Volvía a rechazar así la invitación de Albert Rivera de situarse junto al PP y C`s frente a los independentistas y los nacionalistas. También la de Pablo Iglesias para construir una mayoría en la Cámara con votos de partidos como ERC y Bildu que podrían darle el Gobierno. Finalmente, el secretario general del PSOE se acerca a Podemos al asegurar que «lo que ha ocurrido no es el avance del indepedentismo, sino el retroceso serio de la democracia en nuestro país y singularmente en las instituciones catalanas», a las que recuerda que la consulta del 1-O «no tiene garantías democráticas».

En definitiva, ni con el PP, ni con Ciudadanos ni con Unidos Podemos. El PSOE marca su propio camino, con el «diálogo» como eje central de su propuesta política, y con la comisión parlamentaria para la revisión del modelo territorial como instrumento para ejecutarla. Esa postura provoca tensiones de nuevo en el PSOE, ya que los referentes tradicionales del partido consideran que es momento de comprometerse con algún bando.

Díaz rechaza la ‘equidistancia’ de Ferraz ante el desafío soberanista

«Es más que conocido que mi posición jamás ha sido equidistante en este tema», aseguró el jueves Susana Díaz en el Parlamento andaluz, antes de desobedecer una orden de Ferraz para que los grupos parlamentarios rechazaran la iniciativa de Ciudadanos que escenifica su apoyo al Gobierno ante la crisis catalana. Una semana antes, el PSOE votó en contra de la moción en el Congreso de los Diputados con la excepción de cuatro diputados afines a Díaz que se abstuvieron. La inmensa mayoría de federaciones -incluida antiguas aliadas de Díaz como la extremeña- acataron la orden. A pesar de su soledad, el PSOE andaluz volvió a desmarcarse de un Pedro Sánchez que ya no pierde el tiempo ni la calma en enfrentamientos con Susana Díaz.

Mientras la presidenta andaluza sí se sitúa en el bloque ‘constitucionalista’, con simpatía hacia el artículo 155 incluida, Sánchez se vuelca con el Partit dels Socialistes de Catalunya y con sus alcaldes acosados por el nacionalismo, a los que está llamando uno por uno. La relación entre el PSC y el PSOE estuvo pendiendo de un hilo durante los nueve meses de mandato de la Gestora impuesta por Susana Díaz. La propia baronesa andaluza lanzó una advertencia clara a Iceta: si los militantes del PSC querían votar en las primarias, su dirección debía abandonar su apoyo a Pedro Sánchez.

El PSOE pasa del eje Sevilla-Madrid a inclinarse hacia Barcelona

El PSOE ha gobernado en España cuando ha ganado en Cataluña y Andalucía, las comunidades más pobladas. Mientras el PSC recupera su posición central en el PSOE, la federación andaluza, histórica columna vertebral del partido, se automargina. No ha incluido a ningún miembro en la Ejecutiva y se desmarca constantemente de las políticas de Ferraz.

De esta manera, el eje Madrid-Barcelona se impone en la dirección del partido, especialmente en la crisis catalana. Igual que en esa comunidad, el PSOE se mantiene en una tierra de nadie y guarda una indefinición sobre cuestiones políticas cardinales, desde el derecho a la autodeterminación hasta la aplicación del 155, difícil de sostener en estos tiempos de zozobra.