El camino de Podemos hacia el referéndum del 1-O ha estado marcado en las últimas semanas por Ada Colau, que ha llevado al partido por una tercera vía catalana entre los partidos constitucionalistas y las fuerzas independentistas. Pablo Iglesias pasó a un segundo plano en el escenario catalán y entregó Podemos a la alcaldesa de Barcelona, uno de los emblemas en sus Ayuntamientos del cambio. La estrategia seguida hasta ahora por el partido pasa por culpar al Gobierno de su actuación en el conflicto catalán y por defender un referéndum pactado; una senda que les ha llevado en más de una ocasión a aparecer junto a fuerzas independentistas como ERC, Bildu o PdeCat. Una vez pasado el día clave, Iglesias volverá a tomar las riendas del partido para volver a poner el foco en el escenario nacional, señalan fuentes de la dirección del partido. Con ello volverá a mirar de tú a tú al líder del PSOE, Pedro Sánchez, su principal rival electoral y al mismo tiempo un aliado necesario para una moción de censura.

El referéndum de Carles Puigdemont ha traído no pocos quebraderos de cabeza al partido de Pablo Iglesias, que hasta el pasado julio apostaba por desmarcarse completamente de la consulta. Esta postura le llevó a un enfrentamiento público con su filial catalana, Podem, después de que tanto Iglesias como su secretario de Organización, Pablo Echenique, aseguraran que no acudirían a votar en caso de ser catalanes justo después de que Albano Dante Fachín apoyara la consulta como una movilización.

Iglesias desautorizó públicamente a Dante Fachin por una tesis que Podemos ha asumido finalmente, pero de la mano de Colau. La fundadora del partido Catalunya en Comú junto a Xavi Doménech es uno de los liderazgos más sólidos en Cataluña, capaz de conformar un espacio electoral propio, y es por ello que Pablo Iglesias ha puesto toda su confianza en el partido emergente, a quien ha tildado de “fuerza hermana”. Al mismo tiempo que participaba en actos con Colau y Domènech, el líder de Podemos evitaba pronunciarse sobre su propia formación en Cataluña, Podem, con el objetivo de entregar su espacio electoral a la alcaldesa de Barcelona e integrarse en ese nuevo sujeto político.

La posición de Podemos respecto al 1-O varió tras la reunión Iglesias-Junqueras

Más allá de la cesión ideológica a Colau, las posiciones de la dirección de Podemos en Madrid sufrieron un punto de inflexión a finales de agosto, con la cena secreta en casa de Jaume Roures entre Iglesias, Domènech y el vicepresidente de la Generalitat y líder de ERC, Oriol Junqueras. Sobre la mesa, la posibilidad de un tripartito catalán tras las elecciones autonómicas y el apoyo de los independentistas a una moción de censura presentada por PSOE y Podemos.

Los republicanos catalanes pusieron como condición la llamada a las urnas por parte del partido morado. La participación este domingo es un elemento clave para poder dotar de un halo de legitimidad a sus resultados, y Podemos se plegó rigurosamente a esta petición, protagonizando una evolución express en cuanto a su postura catalana. Si antes del verano rechazaban de plano participar en el referéndum, sólo días después de la reunión Iglesias-Junqueras, Echenique defendió que “cualquiera de las dos opciones”, la de votar o la de no hacerlo, eran “legítimas”. El dirigente justificaba este giro en razones electorales: “No tenemos que dar una consigna a nuestros votantes, porque a la mitad no le va a gustar”, admitió entonces. Entre las razones, sin embargo, no escapa un horizonte electoral en el que ERC sea un posible aliado de gobierno.

A este cambio se ha sumado el viraje de Podemos y la ruptura de esa ‘equidistancia’ entre constitucionalistas e independentistas. Si hace unas semanas censuraban a partes iguales la acción del Ejecutivo y la de Puigdemont, el relato en los últimos días se ha centrado en atacar las actuaciones de Mariano Rajoy y en legitimar las ansias democráticas de los soberanistas. Una actitud enmarcada en la línea de culpabilizar al PP de los últimos acontecimientos, según un argumentario interno. Esta posición les ha llevado a quedarse solos en numerosas ocasiones con los partidos independentistas; una situación que les llevó a crear canales oficiales para negar la mayor.

En el partido son conscientes de que la indefinición podría pasarles factura electoral

Colau y Domènech han tomado las riendas hasta el 1-O y han ocupado un lugar intermedio entre el independentismo y el constitucionalismo. Si en Podemos la teoría estaba clara, con una defensa sin ambages de un referéndum pactado y con garantías, la puesta en práctica del referéndum ilegal les puso en un brete en el que prefirieron delegar. La posición adoptada hasta ahora, si bien puede dar resultados en Cataluña, no parece dar frutos a nivel nacional. En Podemos no las tienen todas consigo de que la fórmula catalana tenga efectos favorables en unas hipotéticas elecciones generales, señalan fuentes de la dirección, y son conscientes de que la indefinición inicial podría pasarles factura.

Después del referéndum del 1-O, Podemos rechazará los resultados de la consulta y no los reconocerá como vinculantes para una hipotética declaración de independencia, aunque sí como un “indicador” de la movilización y un termómetro de la calle por el “derecho a decidir”. Con este rechazo quiere desmarcarse de las fuerzas independentistas y abrir una nueva fase en la que Iglesias retomará las riendas de nuevo para intentar atraer al PSOE a su defensa de un referéndum pactado y legal. Éste será el cometido que centrará los esfuerzos del líder de Podemos, que en los últimos días ha endurecido su cruzada contra los socialistas por su apoyo al Gobierno. A partir del próximo lunes el partido intentará trasladar el debate a Madrid y llevar la iniciativa para terminar por arrastrar a Sánchez a las posturas moradas.

Sánchez e Iglesias se reunieron a primeros de septiembre y acordaron “abrir espacios de diálogo entre todos los actores políticos”, informaron ambos partidos. “En concreto, ven positivo que todas las fuerzas políticas puedan dialogar sobre esta cuestión en una comisión en el Congreso”, insiste el escrito. La comisión sobre las nacionalidades, impulsada por el PSOE, recibió el apoyo de Podemos. Pero mientras los socialistas abogan por no romper filas hasta después del referéndum, los de Iglesias han optado por utilizar la convocatoria para atacar al Gobierno y poner contra las cuerdas a Pedro Sánchez. En este punto continuará el episodio catalán a partir de la semana que viene, con una petición conjunta de “diálogo” entre unos y otros, pero con carreras de dos velocidades: una, la inmediata, sobre quién se arrogará el mérito a la hora de buscar una solución para la situación catalana; y otra, a medio plazo, sobre las mesas de trabajo entre PSOE y Podemos para configurar una moción de censura que los morados querían para este otoño.