Sáenz de Santamaría y Cospedal durante la Fiesta del Dos de Mayo

Sáenz de Santamaría y Cospedal durante la Fiesta del Dos de Mayo EFE

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Santamaría versus Cospedal: el tortuoso camino hacia el total desencuentro

Política

Santamaría versus Cospedal: el tortuoso camino hacia el total desencuentro

Recelos mutuos, lucha por el poder, cercanía a Rajoy, entornos enfrentados y hasta disputas familiares resumen las malas relaciones entre ambas

Feria de Valencia. 22 de junio de 2008. XVI Congreso del Partido Popular. Dos mujeres charlan en un aparte. Se sonríen. La conversación parece intensa pero distendida. Los fotógrafos captan el momento, que se convierte en el más publicitado del controvertido cónclave popular. Van las dos vestidas de rojo. Es el color escogido para atraer la atención. Se dice que ya entonces la relación no es buena, pero se molestan por dar una imagen hasta de cierta cercanía. La política es el arte del disimulo. Una acaba de ser nombrada secretaria general del PP, la otra ejerce desde hace poco de portavoz del Grupo Parlamentario en el Congreso de los Diputados. Tras Mariano Rajoy, son las dos personas más poderosas del engranaje popular.

Puerta del Sol de Madrid. 2 de mayo de 2018. Fiesta de la Comunidad. Dos mujeres no se cruzan la palabra. Hay entre ellas una poco protocolaria silla vacía que nadie se apresta a ocupar. Simboliza el enorme vacío que existe entre ambas. Los fotógrafos se ceban con la escena. Una de ellas echa mano de unas grandes gafas de sol debido a una fotofobia provocada por una conjuntivitis mal curada y el accesorio multiplica exponencialmente el distanciamiento. Ya no disimulan. Son la secretaria general del PP, además de ministra de Defensa, y la vicepresidenta del Ejecutivo. Siguen siendo las dos personas, tras Rajoy, más importantes de la maquinaria popular.

¿Qué ha pasado en esos diez años que haya deteriorado tanto la relación entre María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría? ¿Cómo explicar ese profundo distanciamiento que enfadó a miembros del Gobierno, dirigentes del PP, parlamentarios y alcaldes, justo en el momento en que más imagen de unidad necesitaban tras la traumática dimisión de Cristina Cifuentes?

Falta de feeling, unido a recelos mutuos, lucha por el poder y unos entornos enfrentados

Pues una mezcla de falta de feeling, unida a recelos mutuos, lucha por el poder y unos entornos enfrentados entre sí. En fin, una tormenta perfecta que parte en dos la familia popular donde los no adscritos, que los hay, se niegan a apuntalar cualquiera de las dos posiciones.

Nadie sabe a ciencia cierta dónde está el origen de esa inquina, que los medios de comunicación magnificaban y distorsionaban, según acusaciones de no pocos. Al menos, hasta el pasado día 2. Ya carecen de excusas para tapar lo que todos vieron.  Pero si bien la génesis es incierta, distintos episodios de estos años han venido alimentando a paletadas, como la máquina de vapor de los antiguos trenes, la enemistad.

Cercanía a Rajoy

Además de una mala sintonía personal, que como dice una persona cercana a Cospedal no debería importar mucho «puesto que en el partido tengo compañeros y los amigos me los elijo yo», el vínculo entre ambas siempre se ha interpretado en clave de lucha por el poder y cercanía a Rajoy, con el indudable trasfondo de una futura sucesión que nunca llega y que el inquilino de la Moncloa parece dispuesto a retrasar lo más posible.

Cospedal evitar acudir a los Consejos de Ministros que preside Santamaría

Una idea de que Cospedal no está dispuesta a aceptar de la vicepresidenta la autoridad que le confiere el cargo la da el hecho de que intenta no acudir a las reuniones del Consejo de Ministros que Santamaría tiene que presidir en ausencia de Rajoy. Al menos, así lo asegura un ministro que, no obstante, afirma que en esas reuniones semanales de Moncloa «mantienen las formas». A cambio, Cospedal «reina» en Génova, donde intenta que la «número dos» del Gobierno carezca de ningún tipo de anclaje político o personal. De su gente no queda prácticamente nadie.

Primera polémica en el Gobierno

Hubo, al arranque del primer gobierno de Rajoy, un hecho que llevó el enfrentamiento por la senda del no retorno. Cuando apenas llevaba ese primer Ejecutivo dos meses y medio de andadura, saltó la noticia del fichaje del esposo de Cospedal, el empresario Ignacio López  del Hierro, como consejero de Red Eléctrica Española. Junto a él, entraban en el consejo de esta eléctrica pública el actual secretario de Estado de Presupuesto, Alberto Nadal, y el economista Juan Iranzo. Tal fue el escándalo por un cargo por el que podía ingresar hasta 180.000 euros al año con el país ahogado en plena crisis, que López del Hierro acabó renunciando.

El intento de fichaje del esposo de Cospedal por Red Eléctrica fue un punto de no retorno

En el entorno de Cospedal siempre apuntaron a Moncloa como origen de la información. Y los hechos posteriores apuntalaron esta impresión. Porque apenas una semana después de esta polémica fue el esposo de Sáenz de Santamaría, Iván Rosa, el que fichó nada menos que como asesor jurídico de Telefónica para su división internacional. Con el argumento de que, en este caso, se  trataba de una empresa privada y no pública, no hubo renuncia y sí la sospecha de Cospedal y los suyos de que lo de López del Hierro había servido de cortina de humo para distraer la atención.

Esta vez es una persona próxima a Sáenz de Santamaría, la que ironiza con las supuestas maniobras orquestales de su jefa de filas, a la que se presupone siempre tras complejas estrategias. Con un «no es responsable de la muerte de Manolete», desmiente gráficamente todos los dedos acusadores que la dirigen, entre ellos, una táctica de desgaste de Cospedal. «Suficiente tenemos con lo nuestro», agregan respecto a las tareas que tiene encomendadas la vicepresidenta en un entorno muy reacio a responder a los periodistas a este tipo de cuestiones.

El fracaso de la «operación diálogo» ha desgastado a Sáenz de Santamaría

No es precisamente por mala relación con los máximos responsables de los medios de comunicación del país, aspecto que Sáenz de Santamaría ha cuidado mucho en su calidad de ministra competente en la materia. Y este es, precisamente, una de los aspectos que le afean sus críticos, una prensa descarnada con el Gobierno y con el PP, ayunos de apoyos mediáticos incluso entre los que le son ideológicamente proclives, se lamentan, pero que, en cambio, respetan a la vicepresidenta.

La frustrada «operación diálogo»

«Ni siquiera lo de Cataluña le ha pasado factura», señalan desde los aledaños de Cospedal, sector siempre partidario de haber aplicado una política de mayor dureza con el independentismo sin confraternizar tanto con dirigentes como Oriol Junqueras. La llamada «operación diálogo», que arrancó a finales de 2016 precisamente para que no pasara todo lo que pasó en 2017, esto es, voladura controlada de la legalidad estatutaria y constitucional en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre; la celebración de un referéndum ilegal donde aparecieron las urnas y papeletas que el CNI – dependiente de Santamaría- dijo tener controlados; y la fuga de Carles Puigdemont, sí debilitaron la que había sido hasta entonces inmaculada imagen de la vicepresidenta.

Sus enemigos en el Consejo de Ministros, que no es sólo Cospedal, aunque ella se haya convertido, en ausencia de José Manuel García Margallo, en la cabecilla de esos críticos, le reprochan no correr con el desgaste de ninguna de las crisis que día sí y día también azotan al Gobierno y al partido que lo sustenta.

Cospedal se achicharró en la gestión del «caso Bárcenas» frente a silencio de su adversaria

Porque si comienzos del 2012 no fue un buen arranque para una legislatura muy dura en lo económico, no fue menos clemente en lo político con el estallido de los papeles de Bárcenas», un tsunami que agregar a la catástrofe del «caso Gúrtel», en marcha desde 2009. Cuando «El Mundo» publicó el 18 de enero de 2012 que el tesorero popular había pagado en negro a los dirigentes populares y, a finales de mes, «El País» reproducía esos apuntes, comenzó un calvario para Cospedal. Lunes tras lunes se veía obligada a responder ante la prensa -sin rehuir nunca a los periodistas de los medios más críticos con el Gobierno- sobre el tema tras la reunión del comité de dirección del PP, «y viernes tras viernes, tras el Consejo de Ministros, la vicepresidenta se negaba a comentar cuestiones de partido», dice, en este caso un observador no adscrito.

Cospedal salió achicharrada de aquello. Por eso no ha vuelto a comparecer ante los periodistas en Génova desde que fue nombrada ministra de Defensa y delega principalmente en el coordinador general, Fernando Martínez Maillo, y en el portavoz popular, Pablo Casado.

La lucha territorial por controlar Andalucía se saldó a favor de la vicepresidenta

Sin embargo, las cuestiones de partido no le son del todo ajenas a la vicepresidenta, que también tiene opinión de lo que acontece de puertas adentro en Génova y en las direcciones regionales del PP, que son, a la postre, las que inclinan la balanza en debates como el de la sucesión del líder, sobre todo cuando se carece de poder territorial propio. Si la crisis de Madrid, que ha forzado la salida de Cifuentes, se ha convertido en un duelo por el reparto de poder regional, tal y como se visualizó en esa manera en que ambas marcaron territorio el pasado día 2, la pelea política más enconada tuvo de telón de fondo Andalucía.

La sucesión del actual ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en febrero de 2014 al frente del liderazgo de los populares andaluces se saldó con el triunfo de candidato que apoyaban la vicepresidenta y Javier Arenas, con el que Cospedal tampoco mantiene la mejor de las relaciones. Juan Manuel Moreno salió victorioso frente al dirigente que preconizaba Cospedal, José Luis Sanz. Tal fue el grado de encono que la secretaria general puso su cargo a disposición de Rajoy, que no le aceptó la marcha.

En fin, una sucesión de desencuentros que han terminado por convertir en crónico un enfrentamiento sin visos de arreglo.

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