La crisis de la Comunidad de Madrid por el máster de su presidenta, Cristina Cifuentes, desequilibra el reparto de influencia territorial interno entre las dos mujeres más poderosas de la órbita de Mariano Rajoy, esto es, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. Y es que muchas organizaciones territoriales populares se dividen entre sus preferencias por una u otra. El territorio más importante de la secretaria general del PP por peso relativo y total en la organización es precisamente Madrid. La también ministra de Defensa y la presidenta regional no han ocultado nunca sus buenas relaciones y ahora, de hecho, es la principal valedora de Cifuentes.

No quiere decir que los acontecimientos en torno a Madrid tengan como epicentro una batalla entre Cospedal y Santamaría ni que nadie esté, internamente, moviendo los hilos en una pugna soterrada que lleva años librándose. Pero no es menos cierto que la salida de Cifuentes, además de dar una baza a Ciudadanos y a sus posibilidades electorales, podría mermar el área de influencia de la secretaria general popular.

Cospedal “es partidaria de defender a su gente, pase lo que pase, y Soraya es más fría”

Cospedal, partidaria de resistir y no rendirse con armas y bagajes ante a Albert Rivera, salió en defensa cerrada de Cifuentes durante la convención nacional de Sevilla frente a lo que muchos calificaron de “tibieza” de la vicepresidenta. Hay quien interpreta que simplemente Cospedal “es partidaria de defender a su gente, pase lo que pase, y Soraya es más fría”, al tiempo que niegan ver más “fuego amigo” que el que puede provenir de antiguos dirigentes populares como el ex presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González o el ex consejero madrileño Francisco Granados, que ocuparon también cargos muy importantes en el PP madrileño.

Una de las cosas que tiene Cospedal a su favor en el reparto de poder interno es la tenencia de territorio propio, esto es, Castilla-La Mancha. En todo caso, tiene que decidir junto a Rajoy si se vuelve a presentar como candidata al gobierno autonómico y mantiene la presidencia regional del partido. Otra opción es dejar ambas cosas en una persona de su más estrecha confianza, esto es, en las del ex presidente de la Asamblea castellano manchega Vicente Tirado, con lo que seguiría controlando el territorio.

Además de Madrid y Castilla-La Mancha, Cospedal controla Asturias y Cataluña, aunque con dificultades. La “número dos” del PP intenta imponer de presidenta del partido en sustitución de Xavier García Albiol a la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, que sería con toda probabilidad la que encabezase la lista a la presidencia de la Generalitat en caso de repetición electoral. No dejaría de encontrar resistencias internas, puesto que el partido allí se está poco menos que revelando a favor de Alejandro Fernández, portavoz del PP en el Parlamento de Cataluña.

La crisis andaluza llevó a Cospedal a poner su cargo a disposición de Rajoy

La región más potente de Santamaría es Andalucía, esto es, una de las organizaciones del partido con mayor militancia y fundamental, junto con Madrid, Valencia y Galicia, a la hora de inclinar la balanza de un lado u otro en los debates congresuales. La designación de Juan Manuel Moreno como presidente de los populares andaluces provocó uno de los mayores cismas entre ambas, hasta el punto de que Cospedal puso su cargo a disposición de Rajoy tras no prosperar su propuesta de que cogiera las riendas del partido allí el secretario autonómico José Luis Sanz o el actual secretario de Estado de Seguridad y ex alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto.

Se impuso Moreno, muy próximo a la vicepresidenta, como lo es el líder del PP vasco, Alfonso Alonso, otro territorio que sumar a Sáenz de Santamaría, así como Murcia, muy presente ahora en la crónica política por las similitudes que hay con la Comunidad de Madrid. Precisamente, uno de los temores del entorno de Cospedal es que se aproveche el vacío de poder en Madrid para situar a alguien más próximo a las tesis de la vicepresidencia.

“Casado es de todos”

Si dicho espacio lo ocupa el vicesecretario de Comunicación popular, Pablo Casado, ese riesgo estaría exorcizado en la medida en que “Pablo es de todos”. Lo decía su compañero de filas Javier Maroto, vicesecretario de Acción sectorial, en entrevista con El Independiente: “Me parece que tiene muchas virtudes, entre otras la facultad de ser un rostro amable que además gusta a todos los sectores de opinión social dentro de mi partido, de más edad o menos, de una visión ideológica más centrada o con unas visiones diferentes”. Cuesta adscribirlo a un sector. Ha sido elegante con Cifuentes, a la que ha defendido, aunque su propia defensa sobre el máster que cursó también en la URJC  haya puesto en evidencia las lagunas de las explicaciones de la todavía presidenta.

Los otros dos territorios con peso interno intentan no significarse. La Comunidad valenciana de Isabel Bonig “procura ser independiente porque, en general, casi todos los barones y baronesas están hartos de este espectáculo”, aseveran fuentes populares, mientras que el castellano-leonés Alfonso Fernández Mañueco debe más lealtad al coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo, por su respaldo cerrado frente al candidato que propugnaba Juan Vicente Herrera como sustituto, el alcalde de León, Antonio Silván.

“Diez negritos”

La Rioja está inmersa en una batalla interna entre el presidente de la Comunidad, José Luis Ceniceros, y al alcaldesa de Logroño y significada “sorayista”, Cuca Gamara. De cómo se sustancie esa guerra, se inclinarán de un lado u otro. La crisis que también se ha adueñado de Cantabria, que ha llegado a los tribunales, les impide posicionarse claramente.

¿Y Galicia? Con Alberto Núñez Feijóo al frente, -que sigue siendo, hoy por hoy, el más firme candidato a la sucesión de Rajoy,- la dirección regional mantiene una especie de neutralidad entre ambas, aunque luego pueda necesitar de alguna de ellas para erigirse en el sucesor. “Todos quieren que venga Feijóo”, admite un dirigente popular a la hora de hablar de un proceso aún no abierto, aunque no por ello silenciado. Otra cosa es que Feijóo llegue políticamente vivo a ese momento, cuando sea, si la estrategia de los “Diez negritos” que muchos dicen ver tras lo de Cifuentes y Casado, le permite llegar indemne.