Política

El lenguaje no verbal de los candidatos: Casado convence y Rivera resulta "excesivo"

A juicio de los expertos en expresión facial y corporal, Iglesias fue el más "coherente", Casado "el más creíble" y Rivera perdió puntos por llevar un "tono excesivo"

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El lenguaje no verbal de los candidatos: Casado convence y Rivera resulta "excesivo"
Los candidatos a la presidencia del Gobierno, Pablo Iglesias (UP); Pablo Casado (PP); Albert Rivera (Cs); y Pedro Sánchez (PSOE)

Los candidatos a la presidencia del Gobierno, Pablo Iglesias (UP); Pablo Casado (PP); Albert Rivera (Cs); y Pedro Sánchez (PSOE) EFE

Resumen:

Más allá de las propuestas y de los sonados ‘tú a tú’ entre los candidatos en sendos debates electorales -RTVE y Atresmedia-, el lenguaje no verbal de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera, aunque en ocasiones involuntario, se estima crucial a la hora de transmitir y atraer el amplio porcentaje de voto indeciso, aún en el aire.

Los gestos, la forma de colocar las manos, la postura frente al atril, las expresiones faciales e, incluso, la utilización de un tono de voz u otro durante la intervención resultan herramientas determinantes a la hora de ganar puntos de cara a la audiencia. «No basta con que el candidato esté preparado o tenga buenas propuestas, tiene que comunicarlas bien, algo en lo que trabajan, algunos más que otros, todos los candidatos», asegura a El Independiente el vicepresidente de Aconve y experto en comunicación no verbal, Cristian Salomoni.

Pero, ¿qué dan a entender con la expresión corporal los dirigentes políticos? Los cuatro «son muy buenos comunicadores» y, salvo Iglesias, más relajado en este aspecto, los candidatos mantuvieron «una posición erguida, recta y rotunda» frente a la cámara, «un comportamiento que, aunque parezca natural, se trabaja al milímetro con los asesores», relata a este medio la asesora en comunicación, Nuria Moreno.

El escenario de pactos ha dibujado un contexto de debate político completamente opuesto al presente en comicios anteriores. Por ello, ambos expertos coinciden en que la batalla encarnizada «ha dejado de ser la fórmula ganadora» por la necesidad de apelar a pactos de Gobierno, algo en lo que anoche fallaron tanto Albert Rivera como Pedro Sánchez.

Si el líder de la formación naranja salió fortalecido del debate del lunes tras eclipsar con contundencia la resto de candidatos, el político llevó esa estrategia a «un tono excesivo» en el segundo round. «Más allá de la verdad de sus argumentos, Rivera fue el menos ganador de la noche en comunicación no verbal», afirma Salomoni. «Se ha echado de menos la naturalidad que le caracteriza» recurriendo «en exceso» a los elementos visuales para apoyar su discurso. «No puede utilizar la cartelería como recurso habitual» ya que, a juicio del experto, «lo poco agrada y lo mucho cansa a la audiencia».

Rivera no puede utilizar la cartelería como recurso habitual, ya que lo poco agrada y lo mucho cansa

Moreno parte una lanza a favor del candidato a la presidencia por Ciudadanos destacando que «bordó» la forma de «contactar con el público» en el minuto de oro y ha corregido su postura respecto al anterior enfrentamiento, mostrando una posición recta, pero coincide con Salomoni al afirmar que la utilización, nuevamente, de recursos gráficos «convirtió el debate en un espectáculo».

La mayoría de los ataques de Rivera estuvieron dirigidos a Sánchez, quien «supo mantener la compostura frente a la estrategia de Rivera». «Su punto fuerte ha sido no perder los papeles», defiende el experto de Aconve. Su lenguaje no verbal dejaba entrever, principalmente, el «orgullo de haber dirigido el país durante estos meses», enseñando las palmas de las manos o llevándose la derecha al corazón en reiteradas ocasiones. Sánchez «habla moviendo las dos manos y los pulgares hacia arriba, lo que significa que se siente líder, es síntoma de seguridad», subraya Moreno, quien destaca la capacidad del líder del PSOE para «no dejar escapar ningún microgesto facial o corporal que diga lo contrario a lo que asegura con palabras».

Pero el presidente del Gobierno falló al enfrentarse directamente a Rivera, no responder con contundencia a las injerencias directas y, sin embargo, «interrumpir continuamente», así  como «reírse por lo bajo», algo que «le resta credibilidad», asegura la experta.

Casado e Iglesias, los que más convencen

Los expertos en comunicación no verbal y lenguaje corporal coinciden en un punto: que Pablo Casado y Pablo Iglesias, pese a sus diferencias ideológicas, fueron los que más lograron convencer al público atendiendo a su tono de conversación o a sus gestos.

En el caso del líder del PP, Salomoni destaca que fue el candidato que mejor utilizó el lenguaje no verbal, mostrando «la fortaleza como un arma arrojadiza» y «sin caer demasiado en el insulto». Es un candidato «con gestos de carácter presidencialista, que denota mucha seguridad en sí mismo», confirma el experto.

Esta misma opinión comparte Moreno, quien añade además que «es un líder muy estético, muy claro y que logra convencer», aunque maneja otros puntos débiles como su facilidad para ser «un libro abierto» en lo que a emociones se refiere. «A veces parece intenso y demasiado sonriente incluso cuando no debe serlo».

Iglesias, a riesgo de resultar «algo descafeinado» optó por un carácter «coherente» y «sosegado»

Iglesias destacó también para bien, pero en su caso por reafirmarse en su estrategia: conseguir destacar por la moderación frente al enfrentamiento directo del resto de candidatos. El líder de Unidas Podemos, a riesgo de resultar «algo descafeinado», volvió a dejar de lado su garra habitual para sustituirla por una autoimpuesta humildad y actuando gran parte del debate como conciliador.

«Iglesias fue el más coherente, el más sosegado, y, junto a Casado, el más creíble para la audiencia», defiende el vicepresidente de Aconve. «Sin recurrir al insulto fue capaz de mostrar el límite incluso a su compañero de pactos», opina Moreno, quien resalta que corrigió además «el gesto de guardar las manos en el bolsillo para dirigirse a la audiencia», que denota «inseguridad», un «error» que ya cometió en el primer debate.