Rocío Monasterio (Vox) e Ignacio Aguado (Cs), en la Asamblea de Madrid.

Rocío Monasterio (Vox) e Ignacio Aguado (Cs), en la Asamblea de Madrid. EP

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Cs se rinde ante Vox para salvar los gobiernos de Madrid y Murcia

Política

Cs se rinde ante Vox para salvar los gobiernos de Madrid y Murcia

Los de Rivera han dado un giro evidente en su estrategia de pactos al pasar de un 'no' expreso a sentarse con Vox a mantener reuniones a tres en Madrid y Murcia por iniciativa propia

Vox decía ‘órdago’ y Ciudadanos respondía ‘veto’. El tira y afloja entre Rivera y Abascal ha sido una constante desde que se desgranasen los resultados electorales del 26-M y se constatase la amenaza que se cernía sobre techo naranja dado el veto manifiesto a Sánchez que la formación no tenía reparos en extender a nivel autonómico y municipal.

En contra de los deseos naranjas, Santiago Abascal se convertía en actor necesario para lograr inclinar infinidad de consistorios y autonomías clave -como Madrid y Murcia- hacia el bloque de la derecha, y la única esperanza de Ciudadanos para mantener la coherencia respecto a lo mantenido durante meses -premisa inviolable de pactar con partidos constitucionalistas, etiqueta de la que Rivera excluía a Vox y a Podemos- era tratar de aplicar la vía andaluza en todos los territorios en jaque.

«Solo hay una estrategia: gobierno y programa con el PP. Quien quiera apoyarlo bienvenido sea», afirmaban a este medio fuentes naranjas hasta hace apenas unos días, al tiempo que aseguraban que tanto en Madrid como en Murcia la estrategia del partido respecto a Vox permanecía inamovible: el único contacto con los de Abascal sería para «explicarles» el acuerdo al que han llegado «en exclusiva» con el PP.

Pero la premisa que tanto se han esforzado en mantener tiene ahora los días contados: en Murcia ya existe una «negociación», con todas las letras, a tres; y en Madrid se están buscando las fórmulas para vender un «entendimiento» en pro de la «responsabilidad» de no abocar a los madrileños a nuevos comicios.

Del mismo modo que el pasado mes de febrero se votó -por unanimidad- en la Ejecutiva nacional que Ciudadanos no pactaría con el PSOE a nivel nacional, ni gobierno ni investidura, el máximo órgano de gobierno naranja se reunió a principios de junio para dirimir la hoja de ruta a seguir tras el 26-M y que ha sumido a los naranjas en un punto de no retorno. La estrategia era clara: PP como «socio preferente» en todos los territorios; entendimientos puntuales con el PSOE como socio subsidiario… y nada con Vox.

Para Ciudadanos fue prácticamente un camino de rosas los pactos en entes locales, donde Vox no entorpeció la coalición PP-Cs por la circunstancia concreta que acompaña a los consistorios: si el candidato propuesto no conseguía los apoyos suficientes -en muchos eran indispensables los de extrema derecha- gobernaría automáticamente la lista más votada, siendo en última instancia Vox responsable de dejar en manos de la izquierda un buen pellizco de ayuntamientos. Pero a nivel autonómico no iba a ser tan sencillo.

Alto y claro lo decía José Manuel Villegas un 3 de junio. «No habrá mesas de negociación a tres». Durante semanas, tanto dirigentes de la cúpula de Rivera como líderes territoriales trataron de convencer con esa idea, seguida al filo por todos los portavoces territoriales. «Mis principios y los de mi partido están por encima de formar Gobierno», espetaba un exaltado Ignacio Aguado hace dos semanas ante las nuevas exigencias de los ultraconservadores, porque Ciudadanos no va a llegar a «ningún tipo de acuerdo» con partidos «que frivolicen la violencia machista, que estigmaticen a los inmigrantes o que ataquen al colectivo LGTBI».

La candidata naranja en Murcia suscribía una por una las palabras de su homólogo madrileño y se abría incluso a un escenario inexplorado en Madrid: «hablar» con el PSOE si Vox llevaba su órdago hasta el final y dinamitaba la coalición del centro-derecha, decisión que no contravendría la línea oficialista marcada desde Alcalá.

Ambos rehuían, además, la posibilidad de hacerse la foto con los de ultraderecha para desbloquear y cargaban al PP la responsabilidad de hablar con Vox. «Nosotros hemos cumplido nuestro papel» que es «dejar todo cerrado con el PP. Vox estará negociando con quien quiera, pero con nosotros, desde luego, no. No vamos a sentarnos a hablar con ellos», aseguraban a El Independiente fuentes cercanas a la cúpula de Ciudadanos Murcia. «No tenemos nada que decir» apuntaba el propio Rivera el pasado martes, quien recordaba que «son ellos los que tienen que entrar en razón».

La rendición -aún parcial- a las exigencias de Vox comenzaba el pasado jueves. La confirmación de la amenaza de los de extrema derecha de no investir a López Miras en primera vuelta precipitó a los naranjas a reunirse por primera vez con Vox y PP  durante cinco horas, según la versión oficial del partido para «tomar un café», no para negociar. Juan José Liarte, portavoz de Vox en las negociaciones, se apresuraba a desmentir la versión naranja al confirmar que en el encuentro hubo «cuestiones programáticas» encima de la mesa.

El primer intento falló, pero sentó un precedente en el evidente cambio de actitud de Ciudadanos respecto a Vox que, pese a rebajar la dureza de sus exigencias, siguen queriendo hacer valer sus escaños. La tónica se reproducía rápidamente en Madrid, donde los naranjas decidieron tomar la iniciativa ante las «pataletas» de Abascal en Murcia y contraatacar con un movimiento inesperado: de no querer sentarse con Monasterio en Madrid -el primer encuentro previo a la constitución de la Asamblea de Madrid se produjo en secreto, en un hotel–  a proponer reuniones públicas, fotografía incluida, con los líderes regionales de PP y de Vox.

En Madrid el tanteo fracasó, aunque ya se abordan fórmulas para hallar un compromiso expreso entre los tres que no incluya una rúbrica de los postulados -contra LGTBI, entre otros- de Vox. La opción que gana más fuerza es un contrato verbal recogido en los discursos del diario de sesiones. En Murcia abordarán el lunes la cuarta reunión a tres en un ambiente de «buenas sensaciones» porque, como señaló el candidato popular el pasado jueves, «nada importante» separa a Cs y Vox.

Ambas investiduras volverán a celebrarse, previsiblemente, la próxima semana. Y ambas tendrán casi con toda seguridad, a falta de cerrar los «acuerdos» con Ciudadanos, el sí de Vox ante las evidentes cesiones puestas encima de la mesa y la negativa de la formación a ir a elecciones.

Los esfuerzos pasarán ahora por otro derrotero: la necesidad de Ciudadanos de encontrar una salida airosa ante su electorado para que no parezca que han negociado, pues el cambio de estrategia puede traer graves consecuencias a un partido hastiado por la fuga de pesos pesados -a Toni Roldán o Javier Nart podría unirse otro de los fichajes estrella de Rivera, Francisco de la Torre- y que podría terminar por apartar del camino a uno de los pilares fundamentales que sostiene el partido: Luis Garicano.