Pedro Sánchez llega al Congreso para la segunda votación de investidura.

Pedro Sánchez llega al Congreso para la segunda votación de investidura. EFE

Política

Sánchez se enroca: Gobierno monocolor o elecciones

Moncloa sólo contempla otra investidura si Podemos la apoya renunciando al Ejecutivo o si PP y Cs se abstienen

«Es mi última palabra». Con esta expresión se despidió Pedro Sánchez de Pablo Iglesias la última vez que hablaron por teléfono el miércoles, la tarde antes de la votación definitiva de su investidura, que volvió a terminar en fracaso. «Le ha confirmado que no está dispuesto a ofrecer competencias ni en Trabajo, ni en Hacienda, ni en Transición Ecológica, ni en Igualdad», lamentaban en Podemos, anticipando el choque entre ambos que se produjo el jueves en el Congreso.

«Es la última oferta», insistían desde Moncloa, mientras Sánchez se disponía a aparecer en una entrevista a las 21h en Telecinco para explicar a los españoles que Iglesias rechazaba el acuerdo. Mientras tanto, el líder de Podemos estaba «preparado» para responderle desde un plató de Antena 3, uno de los motivos que hizo al presidente en funciones recapacitar y cancelar la intervención, haciendo que se cayera también la réplica pública de Iglesias.

A Pedro Sánchez le han ofendido profundamente los comentarios que realizaba en privado Pablo Iglesias asegurando que finalmente cedería a las pretensiones de Podemos por interés personal; únicamente para mantenerse en la Moncloa más tiempo. «No me conoce», advertía ante los miembros de su Ejecutiva el candidato socialista, que dio réplica a esas «ofensas» desde la tribuna del Congreso minutos antes de perder la votación el jueves.

«Yo no voy a ser presidente a cualquier precio ni con cualquier Gobierno. Yo debo tener la certeza de que cada responsable cuenta con la capacidad para gestionar sus competencias. No se puede poner la Hacienda pública en manos de alguien que jamás ha gestionado un presupuesto. Puedo equivocarme o acertar, pero debo actuar en beneficio de los intereses de los españoles», sentenció mirando a la cara a un descompuesto Iglesias.

Sánchez recordó la advertencia que le hizo el líder de Podemos el lunes: «Si se repiten elecciones, usted no será presidente del Gobierno nunca». Y contestó: «Si para ser presidente del Gobierno tengo que renunciar a mis principios y formar un gobierno que no será útil a mi país, usted estará en lo cierto, no seré presidente».

“Yo he renunciado a cosas muy valiosas, pero no tengo ninguna duda: si tengo que elegir entre la Presidencia del Gobierno o mis convicciones, elijo mis convicciones”, le espetó cara a cara. Se refería así a su renuncia al escaño de diputado el 29 de octubre de 2016, la única vez que se le ha visto llorar en público. Sánchez no pudo reprimir las lágrimas al anunciar que dimitía para no tener que votar a favor de la investidura de Mariano Rajoy aquella misma tarde, como había decretado la Gestora que dirigía el PSOE tras su defenestración por parte de los barones en el Comité Federal del 1 de octubre. «No quiero dejar de expresar en esta comparecencia cuán dolorosa es la decisión que tomo», dijo.

Puesta en cuestión su decencia, Sánchez decidió no ceder más. Aseguraba que bastante lo había hecho desde su primera oferta, un Gobierno socialista con ministros independientes de la órbita de Podemos, hasta aceptar la máxima condición de Iglesias: que Irene Montero fuera vicepresidenta de Asuntos Sociales. Hasta ahí estuvo dispuesto a transigir el candidato socialista, pero no más. El resto de su oferta, los ministerios, de Vivienda, Ciencia y Universidades, e Igualdad, carecían de competencias reales, que están transferidas a las comunidades autónomas. Podemos lo consideraba una «humillación», puro «decorado» en el Ejecutivo, y lo rechazó.

En el partido de Iglesias, especialmente en las confluencias, se preguntan cómo los negociadores pudieron cometer semejante error de cálculo y seguir convencidos de que Sánchez cedería. Ahora, su oferta ha caducado y en Moncloa sólo contemplan un escenario para que no se repitan las elecciones el 10 de noviembre: un Gobierno en solitario, sin Podemos dentro.

La fórmula más sencilla para conseguirlo es que Unidas Podemos vote ‘sí’ en un nuevo intento de investidura tras otra ronda de contactos que el Rey todavía no tiene prevista. De hecho, ya Izquierda Unida lo propuso ayer por la tarde: «Creemos que el grupo parlamentario de Unidas Podemos debe también exigir un acuerdo en torno a las bases programáticas establecidas en el acuerdo de los Presupuestos Generales del Estado de 2019, aun en el supuesto de que no existiera acuerdo para constituir un gobierno de coalición con el PSOE, con el fin de evitar una nueva repetición electoral”.

La formación liderada por Alberto Garzón, que se integra dentro de la candidatura Unidas Podemos, se decanta por un pacto programático de investidura o de legislatura con el PSOE, pero sin entrar en el Gobierno. Esa vía se adapta como un guante a las «nuevas fórmulas» para negociar que han reclamado Pedro Sánchez y Carmen Calvo el jueves y el viernes.

En Moncloa no contemplan ni por asomo volver a entrar en otra alocada negociación con Podemos basada en el reparto de poder y cargos en el Ejecutivo. «Esa vía ha sido explorada y no ha funcionado, toca explorar nuevas vías”, sentenció ayer la vicepresidenta, que puso como ejemplo el “exitoso” ejemplo portugués, donde los comunistas apoyan al Ejecutivo sin formar parte de él, antes de citar otros acuerdos de la izquierda, sin compartir el Gobierno, en Francia y en Dinamarca.

“No se va a repetir lo que ha ocurrido esta semana”, aseguró Calvo, que centró sus mensajes en pedir la abstención de PP y Ciudadanos en septiembre para que la investidura de Sánchez salga adelante y no se convoquen elecciones. Esa segunda fórmula, más incierta, es la preferida de Moncloa para que el PSOE vuelva a recuperar la centralidad política y pueda gobernar alcanzando pactos con la izquierda, en materia social, y con la derecha, en economía, laboral y asuntos exteriores. La entrada de Podemos en el Ejecutivo cerraba la vía a Sánchez a sellar pactos de estado como el que le ofreció en su última reunión Pablo Casado (PP), para aprobar juntos unos Presupuestos que respeten las exigencias de Bruselas.

“Iglesias ha dicho que no a un Gobierno progresista de izquierdas si no está dentro. La segunda parte de la ecuación es que la investidura del presidente del Gobierno de España no dependa de las fuerzas independentistas. Y eso interpela al PP y Cs, que se dan muchos golpes de pecho diciendo que son partidos de Estado que quieren la estabilidad de este país”, apeló Sánchez desde la tribuna el lunes.

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