Política

Las cesiones para compartir Gobierno crean división interna en PSOE y en Podemos

Hay sectores en ambos partidos que abogan por pagar un precio por el acuerdo y otros que prefieren repetir elecciones

Pedro Sánchez y Carmen Calvo.

Pedro Sánchez y Carmen Calvo en el Congreso durante la sesión de investidura. EFE

PSOE y Unidas Podemos no tienen posturas monolíticas sobre el Gobierno de coalición que ambos dicen querer conformar. Las tensiones internas crecen en ambas organizaciones y las distintas almas luchan por imponerse complicando la negociación.

En el PSOE existen básicamente dos sectores: el centrado en la Moncloa, encabezado por Pedro Sánchez, que se inclina por repetir elecciones antes de someterse a la inestabilidad que supone reeditar la alianza Frankenstein, es decir, depender de nacionalistas e independentistas para gobernar, empezando por la aprobación de los Presupuestos. La suma PSOE-Podemos no alcanza la mayoría absoluta y la legislatura estaría abocada a los bandazos de los independentistas, como ocurrió en la anterior. Esta corriente considera que es menos dañino para el partido afrontar unas elecciones en condición de pureza que verse abocado a un anticipo electoral dentro de unos meses con el desgaste de esa experiencia fracasada.

Por ese motivo, la «estabilidad» es la clave en los discursos de Sánchez. «Me he presentado a dos investiduras fallidas en la historia de la democracia, no será porque no lo he intentado. Yo no pierdo la esperanza en los 350 diputados. A diferencia de la imagen que podamos trasladar en un debate tan encendido o intenso como los vividos, yo sí reivindico la capacidad de acuerdo de la clase política española, y singularmente los pactos de estado alcanzados por los dos partidos que han gobernado como los pactos antiterroristas», aseguró el candidato socialista en su última intervención.

«Apelo a la responsabilidad del PP, a dejar el sectarismo de lado a Ciudadanos y a la generosidad y responsabilidad de Unidas Podemos. Así podremos alcanzar muchos acuerdos por el bien de la ciudadanía. Lo importante es que haya Gobierno y oposición, que eche a andar la legislatura. La disyuntiva es Gobierno, estabilidad y legislatura o elecciones. Yo quiero Gobierno, estabilidad y legislatura», cerró su intervención ayer en el Congreso.

A la estabilidad también se refirió insistentemente en una insólita rueda de prensa en pleno debate de investidura Carmen Calvo, que recordó que PSOE y Podemos no suman mayoría absoluta. «Tenemos que alcanzar una legislatura de cuatro años con estabilidad en las votaciones, no sólo la investidura», explicó. Hay que lograr una «estabilidad convergente para afrontar los retos a largo plazo», destacó. «Estamos preocupados por la estabilidad para hacer el trabajo, venimos de una tradición de Gobierno importante y tenemos en nuestras manos ahora posibilidad de un Gobierno de España para cuatro años», afirmó.

Unidas Podemos no puede ofrecer esa estabilidad al PSOE, más bien al contrario. Su entrada en el Gobierno impide de facto esos pactos de estado con el PP y con Ciudadanos en materia económica, internacional, territorial y hasta contra el terrorismo, ya que el partido de Iglesias no forma parte del pacto antiterrorista. Por eso Sánchez insiste en preferir la abstención de dos partidos  e incluso la repetición electoral a reeditar la alianza Frankenstein.

Si Unidas Podemos no cede en sus pretensiones ministeriales, Sánchez podría forzar ese escenario de doble abstención en septiembre bajo la amenaza de la repetición de elecciones el 10 de noviembre. Después de unos nuevos comicios que beneficiarían al bipartidismo, Podemos no tendría fuerzas para enfrentarse al PSOE otra vez, como le ocurrió al propio Partido Socialista con la investidura de Mariano Rajoy, cuando terminó absteniéndose.

La otra alma del PSOE pasa por alto estas cuestiones. La cultura orgánica del partido tiende a retener el poder y a no ponerlo en riesgo con unas nuevas elecciones. El Ejecutivo cuenta con casi 700 altos cargos y miles de puestos de confianza desde secretarios de estado hasta administrativos y secretarias, pasando por directores generales, técnicos, periodistas, delegaciones del Gobierno, fundaciones, agencias, institutos, comisionados, embajadas… El alma orgánica que representa el secretario de Organización, José Luis Ábalos, tiende a no poner eso en riesgo a menos que sea estrictamente necesario. Por eso aboga por el acuerdo y apela a la «racionalidad» en vez de dejarse llevar por las «emociones».

La posibilidad de crear nuevas carteras, como se ha ofrecido a Podemos, pasando de 17 a 21 y convirtiendo actuales Secretarías de Estado como Juventud, Infancia, Vivienda o Medio Ambiente en Ministerios bajo una vicepresidencia ‘social’ blinda la estructura de poder socialista en el Ejecutivo. En Podemos consideran un insulto esa oferta.

Como partido confederal, en Unidas Podemos también afloran las tensiones. Un dolido en su orgullo Pablo Iglesias amenazaba con impedir la entrada en el Gobierno con motivo de su veto. «Si se veta a Iglesias nos vetan a todos», advirtió en la red social Twitter su pareja y portavoz parlamentaria, Irene Montero, la única que votó no a la investidura de Pedro Sánchez ayer por vía telemática a las 9h de la mañana. Hasta las 14h que se produjo la votación, el grupo confederal viró a la abstención. ¿Por qué?

Las confluencias del partido, empezando por IU y el PCE, no estaban dispuestas a arriesgar la oportunidad histórica de entrar en un Gobierno por cuestiones personales. Según ha desvelado ElDiario.es, su coordinador general, Alberto Garzón, advirtió a Iglesias de que los diputados de IU «podrían llegar a abstenerse en la investidura y romper la posición del grupo» por la presión de sus bases si no evitaba el enfrentamiento con Sánchez.

El propio Garzón celebró como «valiente, generosa e inteligente» la decisión del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, de renunciar a entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez para facilitar la coalición con Podemos. Ese sacrificio personal también satisfizo a confluencias del partido que veían en peligro la oportunidad de entrar en el Ejecutivo por el orgullo del líder de Podemos.

Igualmente, el sector anticapitalista, liderado por Teresa Rodríguez, siempre se ha mostrado contrario a entrar en gobiernos con los socialistas a la luz de la experiencia andaluza, donde el PSOE ha fagocitado electoralmente a sus socios de coalición del Partido Andalucista y de IU tras compartir el poder. Algo similar le ha ocurrido al propio Unidos Podemos con su debacle en beneficio electoral del Partido Socialista tras siete meses de ‘cooperación’ parlamentaria. Sánchez ha rentabilizado todas las medidas impulsadas por sus socios.

Como el propio Sánchez ofreció a Iglesias, la posibilidad de contar con «multitud de cargos» nombrados a dedo entre dirigentes del partido a cambio de su lealtad reforzaría el liderazgo interno de la pareja dirigente y favorecería la sucesión de Iglesias por Montero. Además, el pago de parte de esos sueldos a modo de cuota al partido supondría una entrada ingente de recursos en Unidas Podemos que ayudaría a sus campañas y despegue electoral.

Ese suculento escenario tiene un inconveniente, que es la negativa de Pedro Sánchez a ceder mucho más en el Gobierno. Por ese motivo, el acuerdo depende en mayor medida de la disposición de Podemos a tragarse su orgullo y aceptar las pocas concesiones de Sánchez, más proclive a romper. Por ejemplo, el PSOE suspendió anoche la reunión de la Ejecutiva socialista prevista para la mañana de este miércoles, minutos después de que el partido de Iglesias desvelase sus nuevas reivindicaciones para el acuerdo: poder verdadero en materias de ecologismo, política fiscal, ciencia, igualdad y empleo,»para impulsar medias como otra subida del salario mínimo interprofesional, la bajada de la factura de la luz, responder a la emergencia climática, los permisos iguales e intransferibles, la justicia fiscal, o la educación de 0 a 3 años».

El PSOE se esfuerza en escenificar públicamente su disposición al acuerdo para aumentar la presión sobre Podemos y convertirlo en el responsable de una eventual ruptura, pero sus pasos se encaminan más bien a propiciarla.

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