Política

Los bandazos de Rivera: del 'no es no' a plantear la abstención para evitar el 10-N

El líder de Ciudadanos hizo saltar por los aires el discurso que había mantenido durante meses este lunes, al anunciar un posible apoyo a la investidura de Pedro Sánchez

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Los bandazos de Rivera: del 'no es no' a plantear la abstención para evitar el 10-N

Resumen:

La repetición electoral es ya una realidad prácticamente tangible. El presidente del Gobierno en funciones lo confirmaba ayer en rueda de prensa después de que el Rey decidiese no proponer a Pedro Sánchez como candidato al no reunir con los apoyos suficientes para lograr una investidura satisfactoria. «El resultado es claro. El país se ve abocado a una repetición electoral el próximo 10-N«, sentenciaba.

Pero hasta ayer por la tarde, a Ferraz habían llegado muchas y muy diversas propuestas para evitar llevar a los españoles nuevamente a las urnas. Si bien la mayoría vinieron por parte de Podemos -que no cejaron en el intento de entrar a toda costa en el Consejo de Ministros, una puerta cerrada a cal y canto por el PSOE- también hubo una a última hora y contra todo pronóstico por parte de Ciudadanos.

El líder de Ciudadanos convocó a los medios de comunicación el domingo por la tarde para una rueda de prensa el lunes en Alcalá, 253 el lunes, día en que comenzaba la ronda de consultas con el Rey. Y entonces, descolocó tanto a izquierda como a derecha planteando una abstención «conjunta» -que desdeñaría posteriormente Casado– para evitar que «Sánchez no lleve al límite», a cambio de tres condiciones «de Estado» que debería asumir por escrito el dirigente socialista. La respuesta desde Moncloa fue tajante: «No», porque esas medidas «ya se cumplen».

Hasta el 16 de septiembre, Rivera había mantenido un discurso diferente: apoyar o facilitar la investidura de Sánchez era imposible

Sea como fuere, hasta el 16 de septiembre Albert Rivera había mantenido un discurso absolutamente diferente, de ahí que la oferta de última hora no dejase indiferente a nadie, ni si quiera a miembros de la corriente crítica de su propio partido, que celebraban sorprendidos la «rectificación» de su líder.

Tres meses le han valido a Rivera para cambiar radicalmente su discurso. Recién iniciado el mes de junio, tras la resaca de las autonómicas, municipales y europeas, la dirección liberal reafirmaba en cada comparecencia pública el discurso que había mantenido la formación desde el mes de febrero, cuando la Ejecutiva levantó oficialmente el veto al líder socialista, al que acusaban de «vender España» a nacionalistas y populistas y al que calificaban de «peligro público que hace lo que sea por la Moncloa».

El 6 de junio, Rivera reiteraba ante los medios de comunicación el ‘no es no’ en que había basado el eje de su campaña. «No apoyaremos una investidura de Pedro Sánchez», zanjó, asegurando que éste ya tenía «mayoría para gobernar» y que sólo tenía que «armarla» con Podemos, Bildu o el PNV. Desde entonces, los naranjas negaron cualquier tipo de contacto o de reunión, justo después de aprobar por unanimidad que el PP sería su ‘socio preferente’ también en autonomías y municipios para extender la lucha contra el ‘sanchismo’

En comparecencias posteriores e insistido en infinidad de ocasiones en la misma pregunta -PSOE y Ciudadanos suman mayoría absoluta en el Congreso- Rivera alegaba que «el resultado de las urnas nos deja en la oposición» e insistía: «Pedro Sánchez tiene la obligación constitucional de formar Gobierno, pero con sus socios. Con nosotros, no».

28 de junio. En la celebración del Consejo General de Ciudadanos, todos los focos estaban en Rivera. Era la primera vez que el líder naranja comparecía después de la sangría a la que estaba atendiendo el partido y la crisis interna generada a raíz de cerrar la puerta a cal y canto al Partido Socialista y persiguiese, según los críticos, «intereses partidistas» relacionados con el liderazgo de la oposición, bastón de mando que pretendía arrebatar a Pablo Casado.

Ni si quiera las presiones internas parecieron persuadir al líder naranja. «Somos un proyecto alternativo al ‘sanchismo’ y alternativo al bipartidismo», aseguraba, al tiempo que volvía a animar a Sánchez a «formar Gobierno con sus socios» mientras que Ciudadanos estaría ejerciendo «una oposición firme». «Si algunos piensan que el ‘sanchismo’ debe campar a sus anchas, entonces que presenten un partido político», alegaba en relación a las voces críticas.

Rivera certificaba el ‘no’ en la sesión de investidura fallida de julio: «Usted tiene un plan, nosotros vamos a oponernos»

El ‘no’ conciso, tajante e irrenunciable continuó el 22 de julio, en la sesión de investidura fallida. Fue entonces cuando Rivera puso en evidencia el «plan Sánchez» del que Ciudadanos no sería cómplice: querer perpetuarse en el poder «criminalizando a los constitucionalistas y lavando la imagen de sus socios». «Otegi, los nacionalistas de Navarra, Podemos, los independentistas catalanes… esa es su banda», arremetía Rivera, y concluía: «Usted tiene un plan, y nosotros vamos a oponernos».

El discurso cambió radicalmente el lunes. Rivera rompió el bloqueo y lo achacó a la «actitud de Sánchez» que había llevado al país a «una situación límite». Y le ofrecía un pacto de Estado dentro del «constitucionalismo», para hacerle presidente del Gobierno a cambio de acatar una serie de compromisos. Fuentes del partido justifican el cambio de discurso de última hora porque era «evidente que PSOE y Podemos ya no podían alcanzar un acuerdo» y era necesario «evitar a los españoles unas nuevas elecciones». Sea como fuere, el ‘no es no’ y el cordón sanitario quedó diluido en cuestión de horas.