Política

Batalla por las sillas del Congreso: Vox quiere enviar a Ciudadanos al gallinero

"Somos la tercera fuerza política y conviene que el consenso 'progre' empiece a enterarse. No vamos a consentir que traten de aislar, menospreciar y pisotear a la opción que han elegido más de tres millones de españoles", apuntan desde Vox

El grupo parlamentario de Vox en el lugar del hemiciclo que les adjudicaron tras las elecciones del 28 de abril EUROPA PRESS

Lo pronosticaba Zamarrón antes de comenzar la sesión. «El día de hoy va a ser agotador», lamentaba a las puertas del hemiciclo. La XIV Legislatura arrancaba hace tan sólo dos días y la predicción del presidente de la Mesa de Edad bien puede tener una extensión en el tiempo más allá de las más de seis horas en que se constituyeron las Cortes.

Uno de los momentos más controvertidos del martes tuvo lugar minutos antes del comienzo de la sesión constitutiva, cuando el diputado de Ciudadanos, Marcos de Quinto, se enfrentó a su homólogo de Vox, Luis Gestoso. Según informó Efe, este último llegó a caer al suelo fruto de un empujón de parte del empresario. ¿El motivo? Una disputa por los sillones. Los de Santiago Abascal repitieron la fórmula que ya emplearon en el mes de mayo y madrugaron para ocupar los mejores asientos del hemiciclo. Entonces eligieron la bancada del PSOE. Ahora, la de Ciudadanos.

La repetición electoral trajo consigo dos consecuencias reseñables: la innegable fuerza de Vox, que creció hasta la tercera fuerza política y duplicó el número de escaños; y la debacle de Ciudadanos, que cayó hasta la sexta posición y sólo logró salvar a 10 diputados de la quema. Así las cosas, si los de Santiago Abascal presentaron batalla siempre que pudieron tras el 28-A con sus 24 diputados, ahora no van a dejar de hacer valer su fuerza con 52.

Y empezarán con el polémico reparto de sillas en la cámara de representantes. Los de Vox ya han lanzado un órdago: exigirán sentarse «en la parte que nos corresponde como tercera fuerza política». Y apuntan directamente a Ciudadanos para reemplazarles en el gallinero.

Lo desveló este miércoles el recién elegido vicepresidente cuarto de la Mesa, Ignacio Gil Lázaro, y lo confirman fuentes del partido: sin mencionar directamente a los diputados que ahora pretende encabezar Inés Arrimadas, para que los «apellidos y nombres» no desvelen «nuestra estrategia» al respecto, Vox se sentará en la posición «que antes ocupaba otro», es decir, instalándose en parte del queso central del hemiciclo y justo a la izquierda del PP, justo donde se sentaban los liberales. «Somos la tercera fuerza política de España y conviene que el consenso ‘progre’ empiece a enterarse. No vamos a consentir que traten de aislar, menospreciar y pisotear la opción que han votado más de tres millones de españoles», ratificaba Lázaro ante los medios de comunicación.

Desde Ciudadanos ignoran las declaraciones del diputado de Vox y evitan hacer declaraciones «aún» al respecto porque «queda tiempo para que los grupos empiecen a negociar el reparto de sillas», aunque pinchan el globo de los de Santiago Abascal poniéndoles los pies en la tierra: «la última palabra la tiene la Mesa del Congreso, no Vox». Y nada más lejos de la realidad.

Y es que aunque el cordón sanitario que habían propuesto los socialistas no surtió efecto y los ultraconservadores lograron la viceconsejería cuarta en el órgano rector de la Cámara Baja -la de Gil Lázaro- la coalición de PSOE y Unidas Podemos tiene mayoría en la Mesa con seis puestos (tres cada uno) frente a los dos del PP y el representante de Vox. Por tanto, y aunque no es probable que los de Pablo Casado apoyen un reparto en el que Vox vuelva al gallinero, será la izquierda la que tenga la última palabra sobre el lugar que ocupen los parlamentarios de todos los signos en la atomizada Cámara Baja, incluidos los 52 de Abascal.

Vox plantará batalla para no ir al gallinero «se empeñe PP, el conjunto de la izquierda o Ciudadanos»

«Se empeñe PP, el conjunto de la izquierda o Ciudadanos, nosotros ya no vamos al gallinero. No lo consentiremos», insisten desde Vox, que no dudan en plantar batalla. Pero los precedentes no les sonríen aunque esta vez la fuerza de la formación sea incuestionable. Ya el pasado mes de mayo, cuando la decisión también dependía de los grupos de Iglesias y Sánchez, no les tembló el pulso en enviarles al gallinero, argumentando que los 24 de Vox eran «irrelevantes» para la investidura de Pedro Sánchez.

PSOE y Podemos no primaron entonces la aritmética, ya que dieron puestos más visibles a grupos menos numerosos y por tanto menos representativos del pueblo español, como PNV o ERC, por lo que cobra fuerza la hipótesis de que tras el 10-N sigan desplazando a Vox a las últimas posiciones del hemiciclo.

Con todo, habrá que esperar. Fuentes socialistas emplazan la decisión al largo plazo, cuando se convoquen las reuniones de la Mesa y se entablen las negociaciones entre todas las fuerzas. Antes deberán quedar constituidos los grupos parlamentarios y pactados el reparto de presidencias de las comisiones y del personal asignado a cada una de ellas, entre otras cuestiones.

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