Política

La guerra interna en la Comunidad pone en cuestión la desescalada en Madrid

Madrid ha enviado formalmente la documentación al Ministerio de Sanidad por la que solicita el cambio a la fase 1 el próximo 11 de mayo a pesar de la falta de consenso y el huracán político desatado en torno a la decisión

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; y el vicepresidente, Ignacio Aguado. EFE

A primera hora del jueves, los técnicos del Ministerio de Sanidad ya tenían en su poder la documentación remitida por todos los territorios para avanzar a la fase 1 de desconfinamiento. De todos, salvo de Madrid. El huracán político que se ha levantado en las últimas 48 horas en la región, con desmentidos, acusaciones, reproches y, en suma, discrepancias en el seno del ejecutivo madrileño ante una decisión de importancia mayúscula ha terminado con el peor de los desenlaces: con la dimisión de la directora general de Salud Pública en plena crisis del coronavirus y con las dudas que ello genera sobre la idoneidad de un cambio de fase inmediato como plantea el Gobierno regional.

La decisión está tomada. La documentación, enviada. Y la credibilidad, en entredicho. La abrupta salida de Yolanda Fuentes, con un amplio currículum en la sanidad pública, se produjo porque, bajo su criterio, Madrid debía esperar aún a descongestionar las UCI antes de dar el paso a la siguiente etapa de la desescalada, por los peligros que puede conllevar un paso en falso para la región más castigada por la pandemia. De hecho, fuentes de la propia Consejería de Sanidad informaron el miércoles de las «serias dudas» que había para seguir adelante con la solicitud, pero finalmente se impuso el criterio que pregonaba desde hacía días el vicepresidente regional, Ignacio Aguado.

No solo la salida de Fuentes pone en cuestión la desescalada parcial en Madrid. Estos días ha quedado patente la falta de consenso al respecto dentro del propio Gobierno regional que, a la luz de los últimos acontecimientos, sigue existiendo a pesar de que Aguado confirmase en una entrevista en Cuatro que la decisión se había tomado por «unanimidad». Tampoco han trascendido los parámetros que ha utilizado en su informe final la Comunidad de Madrid para avanzar a la fase 1, ni tampoco el desglose de las medidas de protección propuestas más allá de la obligatoriedad de mascarillas en espacios cerrados.

En la mañana del miércoles se produjo un nuevo choque de trenes entre los socios de Gobierno. A primera hora, antes de la reunión del Consejo en que debía dirimirse el cambio de fase, Ayuso señalaba que no creía que Madrid estuviese preparada para avanzar, y coincidía con el criterio expuesto de puertas para adentro por la ya ex directora de Salud Pública, señalando que la ocupación de camas UCI era aún demasiado elevada. «Yo no quiero tener prisa para acceder a nada. Podemos pasar a la fase 1 con cabeza y tiempo, dando pasos sensatos y protegiendo a los ciudadanos», declaraba en Telemadrid.

«La Comunidad de Madrid está preparada para reactivarse», contradecía su vicepresidente, Ignacio Aguado. «Tenemos un sistema robusto, y no tenemos que esperar más tiempo para reactivarnos».

El debate en el Consejo de Gobierno estaba servido. Y la polémica, también. Se dividió en dos sesiones. En la primera, durante la mañana del miércoles, trascendió que la presidenta se había ausentado de la reunión para atender una entrevista sin que se hubiese llegado a una conclusión, lo que fue reprochado por los naranjas. El Consejo volvió a reunirse por la tarde, y de ahí salió la decisión final, alrededor de las 19:00 horas de la tarde. El criterio de Aguado se impuso, Madrid solicitaría avanzar, y la nueva batalla de la coalición entre PP y Cs quedaba resuelta. Pero la imagen de seguridad se desmoronaría en cuestión de horas.

«Es muy preocupante, sintomático y difícil de explicar en estos momentos la salida de la directora de Salud Pública de Madrid», evidenciaba el líder del PSOE-M, Ángel Gabilondo en una entrevista para Cadena Ser. En Más Madrid iban más allá, y el portavoz de la formación en la Cámara regional, Pablo Gómez Perpinyà, anunciaba que denunciarían la dimisión de Fuentes y el nombramiento del director de Ifema, Antonio Zapatero ante la Fiscalía por «un posible delito de prevaricación por nombramiento irregular y tráfico de influencias». «El escándalo de hoy ha superado todos los límites», censuraba.

A última hora de la tarde del jueves, el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, informaba a través de una declaración institucional que la Comunidad de Madrid había solicitado, ya oficialmente, el cambio de fase para el próximo lunes «aportando los informes necesarios». El Ministerio de Sanidad se reunirá este viernes telemáticamente con el consejero madrileño para comentar los detalles técnicos de la documentación remitida y, posteriormente, serán los técnicos del departamento que dirige Salvador Illa los que decidan si finalmente Madrid abandona la fase 0 el próximo lunes.

«Tenemos la certeza de poder responder en caso de que la situación empeorase, con una red de vigilancia y control epidemiológico que nos va a permitir hacer el seguimiento de nuevos casos», defendía Escudero.

De acuerdo con el plan diseñado por el Gobierno, la siguiente fase de la desescalada a la que Madrid también aspira implicará la habilitación de terrazas hasta el 50% de su capacidad; la apertura de establecimientos; o reuniones de hasta 10 personas en domicilios particulares o en la calle.

Actualmente, Madrid es la quinta región en número de casos por cada 100.000 habitantes (58,26, según el balance de Sanidad del jueves 7 de mayo), por detrás de Navarra, La Rioja, Cataluña, y Castilla y León. Sin embargo, cuenta con los peores registros de todo el país, con un acumulado de 63.870 casos y más de 8.500 fallecidos. El colapso de los hospitales y de las UCI llevó a la región a una situación crítica durante el pico de la pandemia. En el día de ayer, el número de nuevos hospitalizados fue de 128, mientras que los enfermos graves ascendieron a 20.

Zapatero, al frente de la desescalada

Tras la salida de Yolanda Fuentes, Ayuso informó de que el que había sido director del hospital de campaña de Ifema, que había llegado a curar a cerca de 4.000 pacientes antes de su cierre, no sólo sustituiría a la dimitida, sino que se convertiría en una figura clave en la gestión de la crisis haciéndose cargo de la desescalada y de otro de los agujeros de la pandemia: las residencias de mayores.

Fuentes cercanas a la presidenta informan que desde hacía semanas se estaba acometiendo una «reestructuración» de la Consejería de Sanidad para poner al frente «a los mejores». Ya se contaba con Antonio Zapatero para el puesto de viceconsejero de Sanidad y este, a su vez, contaba con Yolanda Fuentes para la dirección general de Salud Pública, si bien se precipitaron los acontecimientos antes del nombramiento formal del hasta ahora jefe de Medicina Interna del Hospital de Fuenlabrada.

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