Playa de El Sardinero (Santander).

Playa de El Sardinero (Santander). EFE

Salud

¿Es posible 'salvar' la Semana Santa sin provocar una cuarta ola?

En cinco semanas España volverá a tachar del calendario una festividad en pandemia. Una Semana Santa que trae al recuerdo la de 2020, en la que se inscribió el parón de toda la actividad no esencial en lo peor de la primera ola. Casi un año después, la tercera oleada de la epidemia está en clara curva descendente y muchos lanzan ya el debate sobre si se puede salvar la Semana Santa.

Esa operación de salvamento coincide con la desescalada que ya están llevando a cabo algunas comunidades autónomas tras un descenso de los casos. Madrid, Cataluña, Castilla La Mancha o Extremadura han relajado las medidas restrictivas y, aunque luego lo matizó, la ministra de Industria, Turismo y Comercio se aventuró hace ya más de una semana a plantear que «la Semana Santa puede ser el reinicio de los viajes nacionales».

Aunque la tendencia es positiva y la incidencia ha bajado de rozar los 900 a 294 en tres semanas, los expertos piden prudencia. «Los datos muestran el resultado de las medidas de control que se pusieron en marcha cuando la tercera ola emergió con fuerza, quizás algo pueda deberse a la inmunización, pero hay que saber que cualquier liberación de restricciones alterará esa tendencia decreciente», advierte José Ramón Repullo, profesor de Planificación y Economía de la Salud en la Escuela Nacional de Sanidad.

Esta desescalada la considera algo precipitada el genetista y profesor en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Salvador Macip: «En esta pandemia se están viendo dos estrategias. La de mantener restricciones al máximo hasta que se consigue bajar a incidencias realmente bajas, de 50 o 100; o la de España, que en cuanto mejora los datos, suelta. Y lo que se consigue es un efecto yoyó, en el que sales y entras de restricciones. Y desde luego no se ha mostrado la más efectiva comparada con otros países como Australia o Alemania, donde se imponen medidas más duras durante más tiempo».

Atendiendo a modelos matemáticos y aunque estos no predicen a más de dos semanas vista, el portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, Jonay Sespas, considera que «en unas semanas podríamos estar en 200 casos, como al inicio de diciembre, pero eso no es suficiente. La bajada ha de ser más ambiciosa para pensar en levantar restricciones; recordemos que en España cuando más eliminamos transmisión fue en junio y ni así se hizo una desescalada correcta», explica.

En este mismo sentido se pronunciaba este jueves la ministra de Sanidad, Carolina Darias, que sobre salvar la Semana Santa decía que «no debía plantearse hasta bajar de 50 la incidencia» y mandaba un mensaje a las comunidades autónomas – especialmente a Madrid, con la incidencia más elevada tras Melilla – «Ha habido hoy una preocupación de la mayoría de los consejeros para que se mantengan las medidas y yo me sumo a la llamada a las que no van a mantener estas medidas. Hay que hacer una desescalada muy prudente», decía Darias tras la reunión del Consejo Interterritorial de Salud.

Calendario epidemiológico, no laboral

«Las restricciones las tiene que marcar un calendario epidemiológico, no una determinada fecha», subraya Macip. El genetista cree que en seis semanas la situación en España no va a ofrecer margen para liberar restricciones a la movilidad. Cree que tratar de salvar la Semana Santa sería «repetir errores». «No podemos volver otra vez a lo mismo, España ha tomado una actitud reactiva en vez de proactiva respecto al virus. Y cuanto más tarde llegas, más tardas en controlar los casos», apunta.

Hasta el momento, dos de las comunidades autónomas con más turismo en esas fechas, Andalucía y la Comunidad Valenciana, se han mostrado muy cautas respecto a las próximas fechas vacacionales y más proclives a mantener las restricciones. El andaluz Juan Marín, vicepresidente de la Junta, decía en una entrevista en Canal Sur la pasada semana que «las restricciones seguirán» en esas fechas tras un mes de marzo que se prevé «duro». «Será una Semana Santa difícil, intentaremos que sea lo más normalizada posible, pero es muy aventurado decir que podremos tener las puertas abiertas. Ojalá, pero tenemos que ir pantalla a pantalla», indicaba.

Por su parte, la Comunidad Valenciana mantiene de momento las restricciones hasta el 1 de marzo aunque el presidente valenciano Ximo Puig ha advertido que «lo que no puede ocurrir es una desescalada rápida, inminente y sin prudencia». En una de las autonomías con más turismo ha aavisado que quiere hacerlo de manera consensuada con los sectores afectados y estudiarlo durante estas dos semanas teniendo en cuenta lo que hagan otros países.

A principios de febrero, la ministra de Turismo planteaba la posibilidad de realizar celebraciones de Semana Santa en España, aunque en ciudades como Sevilla hubieran anunciado su cancelación las procesiones desde diciembre pasado. «Desde el punto de vista sanitario, este tipo de celebraciones no se pueden plantear. Otra cosa es que se viaje, si la gente es consciente de los riesgos, el peligro se baja a un mínimo. Pero evitando romper las normas de seguridad y sin contacto», explica Ojeda.

Esa comunicación es uno de los puntos débiles de España a lo largo de la epidemia, coinciden Ojeda y Repullo. «Es posible que la fatiga pandémica sea desilusión pandémica, por mala comunicación de la situación, por la lógica tendencia a querer dar buenas noticias o por intereses económicos», advierte el profesor de la Escuela Nacional de Sanidad.

Ante la posibilidad de que se abra la movilidad entre comunidades autónomas en Semana Santa, el epidemiólogo Joan Caylá señala también la necesidad de que vaya acompañada de una mejora en la comunicación: «Hay que hacer a la población consciente de los riesgos, evitar los lugares cerrados, no usar mascarilla… Salvar la Semana Santa puede suponer hundir el verano, que es más largo y está más lejano, por lo que aún conserva más margen para la actuación».

Pronto para ver un efecto de las vacunas

A finales de marzo, Sanidad mantiene que habrá vacunado al 80% de la población mayor de 80 años, además de a los grupos 1, 2 y 3 (residentes y profesionales sanitarios y sociosanitarios). También se prevé haber inmunizado – con primera dosis – a profesionales esenciales con las primeras tandas de dosis de Astrazeneca. Además, en torno al 8 de marzo se prevé que Europa apruebe la cuarta vacuna (Janssen) que podría comenzar a inocularse ese mismo mes.

No obstante, los tiempos hacen que para final de marzo el impacto de la vacunación en la evolución de la epidemia se «marginal, hay que poner muchas vacunas, esperar la ventana inmunológica de la creación de anticuerpos… Es muy poco tiempo para esperar efectos significativos», opina Repullo.

Para que tuviera un impacto en la transmisión, Macip cree que sería necesario vacunar a los mayores de 70 años o patologías de base y Ojeda apunta, además, a que el ritmo de vacunación actual hace muy difícil observar algún efecto. «Afortunadamente se va viendo en las personas institucionalizadas, en que enfermen o mueran, pero es pronto aún para que se traslade a la transmisión», afirma el genetista.

El obstáculo de las variantes

Tampoco las variantes ayudarán a crear un escenario variable en Semana Santa. En España, la británica aumenta a un ritmo constante y antes de final de marzo se prevé pueda ser dominante, como ya advirtió el portavoz de Sanidad Fernando Simón. «Lo único que podemos hacer contra ellas es acelerar el ritmo de vacunación y mantener las medidas para contar la transmisión y evitar que se propaguen con más velocidad que las antiguas», indica Repullo.

La británica ya ha demostrado ser más transmisible y la duda sobre la sudafricana y brasileñas (de las que ya hay identificados ocho casos en España) es que la cobertura vacunal no sea total con ellas. «Hay que tratar de que avancen lo más despacio posible y eso solo se consigue con vacunación y medidas restrictivas», apunta Macip.

¿Y la cuarta ola?

En este contexto, ni los expertos consultados ni tampoco Fernando Simón ocultan su temor a que la relajación en Semana Santa suponga la antesala de una cuarta ola. Las desescaladas «mal hechas», ha advertido, conllevan peligros de nuevos brotes de contagio y ha descartado ponerse objetivos con fechas como Semana Santa, según recogió Europa Press.

Ahí coinciden los científicos consultados quienes, como Macip, defienden que «hay que dar oxígeno a la hostelería, pero de otro tipo, hay que salvar a la gente y solo así se podrá salvar la economía a medio plazo. Si no, continuaremos con este efecto yoyó que tampoco permite la recuperación del turismo».

Desde el ámbito científico, no obstante, parece claro que habrá una cuarta ola, pero se puede evitar su impacto. «Habrá cuarta ola y por eso no debemos relajarnos. Su duración y su impacto va a depender, en gran medida, de cuánto tarde en llegar, de qué población haya vacunada en ese momento y de la penetración de las variantes», resume Macip.

Para minimizar su impacto, Ojeda subraya la importancia de mejorar las «estrategias de comunicación de los riesgos y reforzar el rastreo, que es una asignatura pendiente en España y que permitiría, aún en niveles de transmisión altos, conocer un poco mejor lo que está sucediendo y poner medidas más adecuadas al funcionamiento del virus», asegura el portavoz de SESPAS.

En esa comunicación, apuntan los expertos, es muy importante la gestión de expectativas para evitar la frustración y la fatiga pandémica cuando está ya cerca de cumplirse un año desde el inicio de la alerta por el coronavirus. Con la campaña de vacunación en marcha – y la inmunidad de rebaño en la UE con fecha límite en septiembre (70% de los adultos vacunados antes del 21 de ese mes) -, las restricciones en los próximos meses son cruciales para la evolución de la epidemia.

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