Economía

Olas de calor: una prueba de fuego para la red eléctrica... y nuestra factura energética

Los epidosodios cada vez más repetidos de altas temperaturas elevan la presion sobre la red por la mayor demanda de refrigeración y elevan el coste de energía

Los madrileños se refugian del calor en en Madrid río durante una ola de calor en verano de 2022.
Los madrileños se refugian del calor en en Madrid río durante una ola de calor en verano de 2022. | Fernando Sánchez / Europa Press

El calor extremo hace tiempo que dejó de ser un fenómeno puntual o algo anecdótico. En España los datos de la AEMET lo corroboran: si a principio de siglo apenas se registraban entre ninguno y uno o dos episodios de olas de calor, en la última década la media se sitúa entre 3 y 4 cada año. La sociedad española se ha tenido que acostumbrar a que se registren con mayor frecuencia, cada vez antes y por periodos más prolongados. Esta última ola de calor se ha extendido durante cuatro días.

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Y con el calor llega la necesidad de sortearlo en los hogares, empresas y servicios públicos mediante sistemas de refrigeración que disparan la demanda de energía y lo convierten en un reto energético para la red. Esta es la gran prueba de fuego a la que la red energética se enfrenta cada vez con mayor asiduidad. Días en los que la demanda apenas da treguas horarias y en los que el consumo se eleva de forma exponencial a lo largo de todas las franjas del día.

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Esta demanda creciente también incrementa el precio de la energía y el coste de nuestras facturas. Según los datos de la 'Encuesta de presupuestos familiares' del INE, el gasto en refrigeración en los hogares españoles ha aumentado en los últimos tres años un 40%. Si en 2022 el gasto medio por hogar era de 110 euros al año, actualmente es ya de 155 euros. Supone más del doble de los 75 euros que se gastaban en aire acondicionado o sistemas de refrigeración en 2021.

Previsiones de Red Eléctrica frente a la demanda real

Un incremento que contrasta con otra paradoja, el descenso de consumo en calefacción. El calentamiento de nuestro clima no sólo trae primaveras y veranos más calurosos sino inviernos más leves. El gasto medio en calefacción ha pasado de 680 euros por vivienda al año en 2022 a 570 euros el año pasado.

Que nuestro país cada vez pasa más calor lo refleja un dato. Hace solo ocho años apenas el 31% de las viviendas en nuestro país contaban con sistemas de aire acondicionado, hoy son ya el 41%. En comunidades autónomas como Andalucía o la Región de Murcia ese porcentaje se incrementa hasta casi un 65%. Por el momento, aunque con un incremento progresivo de la demanda, sólo el parque de viviendas del Cantábrico mantiene porcentajes muy reducidos de climatización doméstica: entre un 1% y un 3% en Galicia, Asturias y Cantabria, y entre un 5% y un 13% en el País Vasco y Navarra, según los análisis de idealista/data basados en las encuestas estructurales del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Para alimentar toda esa red de refrigeración para empresas, negocios y particulares, el sistema debe ser capaz de satisfacer una demanda que en cuestión de horas puede dispararse de manera muy relevante, como ha ocurrido estos días.

Refuerzo para 'refrigerar' el país

El pasado martes, cuando se produjo el momento crítico de esta ola de calor en España, el pico de potencia instantánea exigido a la red se disparó hasta los 40,18 GW. Esto supone casi un 25% más de intensidad que el martes anterior o los martes precedentes, donde la demanda máxima osciló entre los 33,9 GW y los 31,2 GW.

Ofertar 9 GW más de energía de un día para otro equivale a la potencia equivalente a nueve centrales nucleares como las que operan en nuestro país. Durante las olas de calor la capacidad de la red eólica suele disminuir, por menor presencia de viento, que se puede compensar, no siempre, con una mayor producción de energía solar. Una fuente que evidentemente disminuye por las tardes-noche y que se está compensando con un mayor aporte de los ciclos combinados de gas.

Es Red Eléctrica de España (REE) la que debe prever cuál será el consumo en unos días en los que las previsiones meteorológicas no siempre permiten acertar con el grado de 'refrigeración' que se demandará realmente. De hecho, tanto el pasado fin de semana como durante los días de la ola de calor, la estimación hecha por REE se quedó corta y hubo que reforzar la generación de energía.

¿Existe riesgo de apagón por sobrecarga eléctrica?

El sábado pasado, por ejemplo, cuando el calor se acercaba pero la masa de aire sahariano aún no se había asentado, la previsión se cuantificó en 29,5 GW, si bien la demanda real terminó en 30,1 GW. Lo mismo sucedió el domingo, el lunes, el martes y el miércoles. En todos los casos hubo que pedir "refuerzos" de generación para refrescar al país.

Dar respuesta a un escenario así supone disponer de una infraestructura robusta que, casi en tiempo real, sea capaz de adaptarse a la demanda sin poner en riesgo el sistema ni provocar un colapso eléctrico. Históricamente, durante los episodios de calor no se han registrado apagones globales en la red nacional, pero sí fallos más locales en determinadas zonas. Técnicamente, el riesgo es mayor cuando la presión sobre la red se incrementa, algo que durante las olas de calor se produce de manera inmediata. La posibilidad de incentivar a las grandes industrias para que moderen su consumo y no pongan en riesgo el suministro es una vía que, en algunos casos, ha permitido equilibrar de modo adecuado la oferta y demanda de energía.

Sin embargo, la situación no es la misma en todas las subestaciones ni zonas del país. En muchos puntos el consumo es mayor por ser áreas con sistemas de aire acondicionado más anticuados, de alto consumo y baja eficiencia energética. También la antigüedad del cableado y de la infraestructura influye directamente en la resistencia ante episodios de calor extremo y alta demanda de refrigeración como los actuales.

El impacto de la ola de calor en el precio de la luz

Junto a un cambio súbito en el consumo, las olas de calor vienen acompañadas de un encarecimiento instantáneo en el mercado mayorista eléctrico. Es lo que ha ocurrido estos días, cuando el precio de la luz, en los momentos de mayor saturación, se ha incrementado de manera muy notable. Incluso las horas nocturnas, que en situaciones normales suelen ser mucho más económicas, son ahora mucho más elevadas por la demanda de aire acondicionado que se mantiene al irse a dormir.

Según datos del Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE), la diferencia entre los días de gran calor y otros con temperaturas más moderadas es clara. Así, en las horas del mediodía -a menudo consideradas horas valle y en muchos casos con precios muy bajos, de entre los 0 y los 10 euros por MWh-, los precios actuales se han incrementado hasta los 73 euros por MWh. Por la noche, en la franja de mayor demanda (entre las 21:00 y las 23:00 horas), la diferencia ha supuesto pasar de una horquilla de entre 70 y 90 euros el MWh a alcanzar, como ha ocurrido ahora, los 173 euros por MWh.

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