España

Las pizarras silenciosas del terrorismo

La escasa presencia de contenidos referidos al impacto social, institucional y político de ETA acentúa el desconocimiento de los jóvenes sobre sus efectos tras 60 años de violencia. Interior y Educación trabajan para facilitar un cambio en colegios y libros de texto.

Lo que no se vive, no se estudia o no se transmite no se conoce. Cuando el silencio, la indiferencia o el olvido se impone, la ignorancia aflora. Durante décadas fue el miedo el que impuso su ausencia en las aulas. En tiempos más recientes lo relegó de los libros de texto la pugna por el relato y la memoria y que aún colea. Una de las realidades que ha marcado la historia de nuestro país en el último medio siglo, el terrorismo y la violencia, figura en los programas educativos, pero lo hace con suerte desigual. Con desarrollo limitado en la mayoría de los casos y prácticamente nulo en otros. La reciente encuesta publicada por GAD3 revelaba con claridad los efectos: de las nuevas generaciones muestran un elevado desconocimiento en torno a ETA y la violencia, su impacto y su rastro en la historia reciente.

El 60% de los menores de 34 años son incapaces de identificar una imagen de Miguel Ángel Blanco, el 82% otra de José Antonio Ortega Lara y menos aún la de rostros vinculados a la banda terrorista como Iñaki De Juana Chaos, ‘Yoyes’ o Lasa y Zabala. Seis de cada diez ni siquiera pueden explicar qué fueron los GAL y el 26% asegura que ETA sigue activa, aunque en menor medida.

En España la historia reciente en torno a la violencia terrorista y su impacto social, humano e institucional sigue siendo un capítulo menor en las aulas. Su contenido sí está previsto en los programas educativos pero de modo muy somero. Transcurrida casi una década desde el último atentado de ETA y dos años de su disolución, la producción editorial y audiovisual relacionada con los años de violencia se ha incrementado como nunca antes fuera de la escuela: series, películas, libros, investigaciones, etc.

«Superficial y falto de precisión»

Hace apenas cuatro años la entonces Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, ya alertó del tratamiento “superficial y falto de precisión” que se hace del impacto del terrorismo que se había detectado tras analizar 14 manuales escolares. El informe revelaba además que en ningún caso se daba voz al colectivo de víctimas: “Hay una ausencia total de algún ejercicio de reflexión sobre las consecuencias sociales, políticas y personales de los atentados, secuestros o amenazas”.

El diagnóstico lo comparte la subdirectora del área de apoyo a las víctimas del terrorismo del Ministerio del Interior, Paloma López Cortijo: “Los libros de texto en muchos casos siguen dando poco más de ‘cuatro pinceladas’ de la historia del terrorismo en España. Por eso es normal el desconocimiento que reflejan encuestas como la que hemos conocido, no me ha sorprendido”, asegura.

Afirma que en los últimos años se trabaja para reconducir esta cuestión. López Cortijo ha mantenido encuentros con las empresas editoras de libros de texto con el fin de mejorar el tratamiento que se da a esta cuestión: “Por ser un tema aún reciente diría que existe cierto miedo al modo de tratarlo. Las editoras quieren que se pueda hacer de un modo objetivo y cuidadoso y no de forma tan somera como se hace ahora”.

Interior ha puesto a su disposición el material que junto al Ministerio de Educación y con la participación del Centro Memorial de Victimas del Terrorismo ha elaborado el Ejecutivo. Se trata de unidades didácticas para impartir en centros educativos en los que se analiza no sólo el terrorismo en España, sino el tratamiento del respeto a los derechos humanos, los valores éticos, las víctimas o el terrorismo internacional.

Unidad didáctica pionera

La libertad de cátedra y de decisión de los centros docentes es un factor determinante en el modo en el que se transmite este conocimiento a los escolares. “También lo es la competencia educativa que está en manos de las Comunidades Autónomas. Por eso trabajamos con ellas y las editoriales. Hablamos de una cuestión fundamental, los jóvenes deben conocer qué ha pasado”.

Una experiencia piloto, en colaboración con asociaciones de víctimas del terrorismo, ha permitido en los últimos dos años llevar hasta las aulas el testimonio de numerosas víctimas. En el caso de la primera unidad didáctica su implantación ha permitido que más de 11.000 estudiantes de 168 colegios públicos y concertados se formaran y escucharan a alguna víctima del terrorismo. Por ahora han sido centros educativos de Andalucía, La Rioja, Murcia, Madrid, Extremadura y Castilla y León los que han solicitado el programa.

Una de las víctimas más veteranas en esta labor de divulgación escolar es Cristina Cuesta, presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco. Las primeras charlas las impartió en institutos de San Sebastián en los años 80, cuando la acción criminal de ETA alcanzó su nivel más cruento. A su padre, Enrique Cuesta, delegado de Telefónica en la capital guipuzcoana, la banda lo asesinó en marzo de 1982. “Éramos como extraterrestres que íbamos a hablar de cosas que parecía que pasaban en otro planeta”, ha recordado esta impulsora del movimiento pacifista en Euskadi al referirse a aquellas primeras incursiones en las aulas.

“Ahora son muchas más las víctimas que se están implicando. En los últimos años la cifra ha aumentado afortunadamente. Sin embargo, han pasado muchos años sin que estos contenidos estuvieran presentes y por eso existe un gran vació en generaciones anteriores. Ahora se ha logrado incluir el contenido en el programa curricular, pero no en todas las Comunidades se hace del mismo modo o con la misma intensidad ni ritmo”, asegura Cuesta.

Profundo desconocimiento

Afirma que uno de los rasgos que se repite en la mayoría de las charlas que imparte es “el profundo desconocimiento que tienen sobre lo ocurrido”: “Diría que es absoluto, son chicos y chicas que prácticamente no han oído hablar de terrorismo”. Apunta a que las razones que pueden estar detrás de este abandono escolar en una cuestión tan trascendental para la historia reciente quizá sea “haber estado tan pegados al problema que ha impedido una visión crítica”: “Era un problema que monopolizaba tanto la vida que provocaba rechazo y hartazgo pero no había reflexión. Ha sido necesaria la distancia para contar esa realidad”.

Cristina Cuesta, durante una de las sesiones en un colegio.

En el caso de Euskadi uno de sus programas de testimonios de víctimas -tanto de ETA como de los GAL y de excesos policiales-, ‘Adi Adian’, puesto en marcha en 2013 por el Gobierno de Patxi López, sólo ha llegado a 30.000 estudiantes. Concebido como “complementario de educación en derechos humanos, convivencia y cooperación” lleva siete años activo sin que en la Euskadi ‘post ETA’ la demanda de testimonios de víctimas sea generalizada en los centros educativos vascos. En este programa se aborda la defensa de los derechos humanos, las víctimas, su testimonio, valores como la empatía y la convivencia.

El Gobierno de Iñigo Urkullu ha intentado en los últimos años alcanzar un consenso para dar forma a un módulo educativo en torno a “la historia de la violencia en Euskadi”. El llamado programa ‘Herenegun!’ (Anteayer) nació con un profundo rechazo de los colectivos de víctimas como Covite o la AVT, además de partidos como el PSE y el PP, por el modo en el que se había elaborado, arrinconando el testimonio de las víctimas en una suerte de equiparación con las que sufrieron torturas o fueron víctimas de excesos policiales e introduciendo lo que muchas asociaciones consideraron una justificación de la existencia de ETA como reacción a la dictadura franquista.

Testimonio de las víctimas

Tras la modificaciones introducidas, 11 centros educativos están a la espera de poder impartirlo de manera piloto antes de su extensión al resto de la red educativa. El material contará con el testimonio de 9 víctimas de ETA más de las inicialmente previstas. Además se ha reforzado la idea de que los derechos humanos son “inviolables” y que nada legitima “el recurso al asesinato”. Entre los 25 testimonios de ‘Herenegun!’ figuran 16 de familiares de víctimas de ETA y 9 de víctimas del GAL y de casos de tortura o abusos policiales.

Programas educativos que en el caso de Euskadi en ocasiones se ven inmersos en la batalla por fijar un relato y que enfrenta a sensibilidades dispares como la izquierda abertzale y el PP.

Los últimos sondeos reflejan que pese al desconocimiento, en el caso de los jóvenes vascos sí existe interés por saber más. El Sociómetro vasco de 2018 sobre ‘Paz y Convivencia’ reveló que entre los menores de 29 años seis de cada diez mostraban “mucho interés” por conocer, ligeramente por encima al de los jóvenes del resto del país.

El Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo es el que por el momento más desarrollado tiene los contenidos educativos. En noviembre de 2018 ya editó una primera unidad, ‘El terrorismo en España’ (4° de la ESO) dirigido a completar la asignatura de Geografía e Historia. En julio sumó seis más dedicados a los valores éticos (1°y 4° de la ESO), las víctimas, el terrorismo internacional (1° Bachillerato), la radicalización violenta (2° Bachillerato. Psicología) y la argumentación contra el terrorismo (Filosofía. 1° Bachillerato). Se trata de material elaborado por historiadores del centro y que se pone a disposición de las distintas consejerías de Educación para su libre utilización.

Conocimiento y actitud

Además de formarles en la historia reciente, el conocimiento de lo ocurrido incide directamente en la opinión que del terrorismo y sus consecuencias tienen los jóvenes. La experiencia de la profesora de la Universidad de Navarra, María Jiménez, da fe de ello. Preguntó a 225 alumnos universitarios su opinión sobre el terrorismo. Lo hizo antes y después de impartirles una sesión en la que se incluían testimonios de víctimas. La opinión “completamente negativa hacia ETA” creció del 58% al 72%. Los que consideraban “muy necesario el estudio del terrorismo en los centros educativos aumentó del 36% al 41% y quienes defendían que había que “pasar pagina” descendieron del 24% al 11%.

El historiador Raúl López Romo, responsable del área de Educación del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, alerta del riesgo de no atajar cuanto antes el grado de desconocimiento de las nuevas generaciones: “El tiempo corre en nuestra contra”, señala.

Subraya que el material elaborado por el Centro Memorial cuenta con el aval del rigor histórico, la aportación de expertos y la participación de asociaciones de víctimas. «Los manuales están a disposición de todo el profesorado pero no podemos obligar a nadie a emplearlos, prima la libertad de cátedra”.

No es la única vía para educar en este campo. Se ha experimentado otros canales, como el videojuego diseñado junto a la Fundación Fernando Buesa o el cómic en el que ahora trabajan y que presenta nueve historias de víctimas del terrorismo. “Las cosas que no se han vivido y sobre las que no se tiene memoria directa son más difíciles de retener. Contra eso es difícil trabajar, pero sí hay aspectos evitables. Creo que aún faltan materiales y en ocasiones falla la voluntad de algunos agentes, profesores incluidos, para abordar esta cuestión de modo serio y abierto en las aulas”.

López Romo asegura que las razones pueden ser variadas, “desde miedo hasta prejuicio o desconocimiento”: “Por eso es importante animar a dar pasos, es una parte importante de nuestra historia, nada menos que 50 años. Este conocimiento no podemos hurtárselo a los chavales. Conocer la Historia debe servir como conocimiento crítico para prepararles para el presente y el futuro”.

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