España

La semilla, la polémica por el protocolo antiaborto de Castilla y León

El PSOE recupera el miedo a Vox como estrategia de campaña pese al fiasco en Andalucía

Los socialistas invocan de nuevo la "coalición del miedo" de populares y ultraderecha para movilizar a sus electores | Ferraz está convencida de que ahora tiene que echar mano de ese discurso porque la coyuntura es diferente a la de las andaluzas: ahora se la juegan sus presidentes (y alcaldes) y parecen muy improbables los gobiernos monocolores

La portavoz del PSOE y del comité electoral del partido, Pilar Alegría, charla con los periodistas tras la rueda de prensa de este 16 de enero de 2023 en Ferraz.

La portavoz del PSOE y del comité electoral del partido, la ministra Pilar Alegría, charla con los periodistas tras la rueda de prensa de este 16 de enero de 2023, en la sede de Ferraz. FLICKR PSOE / EVA ERCOLANESE

La resaca de las elecciones autonómicas andaluzas del pasado 19 de junio fue dolorosa para el PSOE. Juanma Moreno se alzó con una victoria histórica —mayoría absoluta, 58 diputados— en un territorio fetiche para los socialistas. Fallaron muchos elementos en aquella campaña, pero uno también operó en contra (y a favor de los populares): la agitación del miedo a Vox. Moreno fue el que actuó de freno de la ultraderecha, al concentrar el voto útil en torno a él mismo. Ferraz se dio cuenta de que había errado en el discurso. Pedro Sánchez dio la orden, al día siguiente de los comicios, de desplazar el foco hacia el PP y hacia su líder, Alberto Núñez Feijóo. Era preciso erosionarle, desgastar su imagen de moderación y de líder solvente. Y sacar de la primera línea de combate al partido de Santiago Abascal.

Casi siete meses más tarde, el PSOE recupera —con matices, eso sí— su antigua estrategia. La polémica por el protocolo antiabortista de Castilla y León ha nutrido de argumentos a la cúpula de Sánchez. Ahora vuelve a ser el momento, aducen, porque ahora, y también de cara a las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo, la coyuntura es otra. Porque ahora no hay «solo palabras de Vox, sino hechos«, ya que sí se están apreciando más las costuras de su gestión y cumplirá en breve un año en el Gobierno regional, y porque los barones socialistas, cree Ferraz, pueden ejercer ese rol de valladar frente a la ultraderecha, emulando la centralidad que ocupó Moreno en Andalucía. Además, las generales están en el horizonte y entiende la dirección que se puede mostrar qué haría la formación de extrema derecha si alcanzara la Moncloa en coalición con Feijóo.

Los socialistas esgrimen que ahora no hay presunciones, sino «hechos», ya que Vox lleva casi un año en el Gobierno de la Junta

Ejecutivo y partido actuaron con agilidad cuando el vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo (Vox), anunció el pasado jueves, tras el Consejo de Gobierno, que se implantaría a partir del lunes un protocolo «provida»: atención psicológica a las madres, ecografía 4D, escucha del latido fetal. La ministra de Sanidad, Carolina Darias, envió una carta ese mismo día al consejero regional de Sanidad, que le contestó al día siguiente sin darle «respuesta» a la información de lo aprobado y pactado por los socios de la Junta. El domingo, Sanidad remitió un requerimiento oficial al Gobierno de Alfonso Fernández Mañueco para advertirle de que no toleraría ningún recorte en los derechos de las mujeres y exigirle que se «abstenga» de aplicar ninguna medida antiabortista. Se reservaba la carta de acudir a los tribunales.

Sánchez, a su vez, iba adoptando más tono electoral en la última semana. El miércoles, ante UGT, para movilizar y despertar a las bases sindicales del partido. El sábado, en Sevilla, en el arranque oficial de la larga precampaña del 28-M —y de las generales—, advertía de los peligros de la «coalición del miedo» de PP y Vox y enfatizaba que con su partido, una formación que se precia de haber impulsado los avances feministas, jamás habrá retrocesos para las mujeres.

Este lunes, la dirección del PSOE enfocaba hacia Feijóo, demandándole que salga de su silencio y ponga pie en pared a los de Abascal. «No es el líder del PP, es rehén de Vox —repitió desde Ferraz la portavoz del partido y del comité de campaña, Pilar Alegría—. El PP necesita a Vox para llegar al Gobierno, tiene en Vox a su aliado natural. Lo ha tenido esta legislatura y lo quiere seguir teniendo en las próximas elecciones». Gobierno y PSOE no permitirán, dijo, «ni un solo recorte en los derechos de las mujeres como pretenden la ultraderecha y el PP». Alegría no anticipó qué más pasos legales puede dar el Ejecutivo, aunque sí descartó activar el artículo 155 de la Constitución en Castilla y León.

«Coacciones directas e indirectas»

Mientras se desarrollaba la rueda de prensa de la ministra en la sede del partido, Mañueco hacía su declaración institucional sin preguntas en Valladolid. El presidente regional desautorizó a Vox y subrayó que «no se obligará ni a los médicos ni a las mujeres» a adoptar ninguna medida sanitaria adicional. «Alterar el orden» existente en materia de embarazos, dijo, «puede derivar en coacciones directas e indirectas» hacia las mujeres que quieren interrumpir su gestación, coacciones que su Ejecutivo ni va a «promover» ni va a «amparar». Sin embargo, horas antes, su vicepresidente, Gallardo, sí insistía en que como todos los protocolos, este ligado a la prevención de abortos sería de obligado cumplimiento para los profesionales sanitarios.

Ferraz y la Moncloa apuntan a Feijóo. El Ejecutivo espera una respuesta formal y por escrito de Castilla y León antes de ir a los tribunales

Tras la convocatoria de Mañueco, Vox se mantenía en sus trece. Contradicciones que remarcaba la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, en unas declaraciones a las agencias en la tarde del lunes, en las que pedía a la Junta que conteste de modo formal y por escrito al requerimiento oficial de Sanidad.

Requerimiento, afirmó, que es «un paso previo a acciones judiciales en el ámbito de la jurisdicción contencioso-administrativa». Con las palabras del presidente de Castilla y León, lo «único que ha quedado claro», añadió, es que el PP propone «medidas distintas» de Vox, sin atender al escrito enviado por el Gobierno central. «Da la sensación de querer ganar tiempo para poder buscar una fórmula que le permita sortear la ley al tiempo que contente a sus socios. Esa dicotomía no es posible. O se está con la ley o con los planteamientos de Vox, que son contrarios al ordenamiento español», afirmó, informa EFE. Para los socialistas, pues, la guerra no se ha zanjado porque sigue sin quedar claro si hay un protocolo y cuáles son sus términos. Y la pugna entre PP y Vox no se ha cerrado. Rodríguez aprovechaba también para pedir a Feijóo a que inste a todos sus barones a que estén «al lado de la ley«.

La línea seguida en los últimos días muestra con nitidez que Ejecutivo y partido quieren aprovechar la pelota que han dejando botando PP y Vox. Que considera necesario azuzar el miedo a la ultraderecha ahora que se acercan de nuevo las urnas. Primero, porque los socialistas sostienen que no se pueden «inhibir» ante una «tropelía» como la que defendía Gallardo. «Hay momentos donde la falsa moderación o los eufemismos no tienen cabida y las mujeres debemos decir que basta ya«, justificó Alegría en rueda de prensa. La portavoz insistió en que el Gobierno seguirá «trabajando para la mayoría social», pero la derecha le tendrá «enfrente» cuando esté en juego «cercenar los derechos de las mujeres». «Esto podría ser el prólogo de un Gobierno de PP y Vox» en el conjunto de España, alertó.

Ahí está una de las claves de por qué el PSOE se mueve ahora para apuntar de nuevo a la formación de Abascal. Porque quiere lanzar el mensaje del peligro de un Ejecutivo de la derecha y la ultraderecha es «real«, como en tantas ocasiones ha repetido Sánchez —en su caso, también para apremiar a Unidas Podemos y a Sumar a unir fuerzas porque de lo contrario la coalición progresista no se podrá reeditar—, y no una entelequia o una presunción. «Ahora hay más evidencias de lo que significa tener a Vox como único partido que permitiría a nivel nacional un Gobierno del PP… Vox arrastra al PP y la gente debe ser consciente de lo que significa», apunta una dirigente de la cúpula en conversación con este diario.

El «entrismo» del discurso trumpista en el PP

«Es que no se trata de agitar el miedo a Vox. Es que son hechos —explican en Ferraz—. No es advertir ‘cuidado, que vienen’, sino ‘ cuidado, que están ya [en el Gobierno] y que están haciendo esto‘. Y el recorte de derechos a las mujeres, a más del 50% de la población, no es un tema menor. ¿El 50% de los ciudadanos no se merece que un candidato a la Presidencia del Gobierno [Feijóo] no diga nada de esto? ¿Cómo quiere llegar a la Moncloa? ¿De tapadillo?». En el comité electoral señalaban este lunes el último barómetro de Invymark para La Sexta, que apunta que un 72,3% cree que el jefe de los populares no debe pactar en el futuro con Abascal, por un 27,3% que sí lo comparte.

Claro que confrontamos un programa y un proyecto de país con Feijóo, pero no nos podemos inhibir cuando ocurren cosas como esta», justifican en Ferraz

En la cúpula federal indican que no se trata de estar «todo el día con la matraca de Vox», que la estrategia será más coyuntural que un eje vertebrador de la campaña, pero eso no quiere decir que pueda «mirar para otro lado» cuando se plantean debates como el suscitado ahora en Castilla y León. «Claro que confrontamos un programa y un proyecto de país con Feijóo, pero no nos podemos inhibir cuando ocurren cosas como esta», señalan en el equipo de Sánchez. Estiman, además, que esta no será la última polémica, ni esta se ha acabado: «Vox no ha reculado y sabemos cuál es su agenda, y sabemos, porque lo dijo este mismo lunes Gallardo, que mira al ejemplo de la Hungría de Víktor Orbán«. Ahora no se trataría de cargar sin más contra la formación extremista, sino presentar al «PP como ejecutor de las políticas de Vox».

Alegría citó durante la rueda de prensa a Isabel Díaz Ayuso. No por casualidad. La presidenta madrileña condenó la «torpeza» de los de Abascal al reabrir el debate del aborto, pero al tiempo cargó durísimamente contra Sánchez, a quien llamó «totalitario» e «ilegítimo». De modo que el aviso del PSOE y del Gobierno se dirige también hacia ese discurso extremo, «en las mismas coordenadas» que el de Vox. «Su batalla cultural es la imposición de sus valores, que son valores. Hay entrismo en el PP de ese tipo de pensamiento trumpista«.

En la dirección de Sánchez interpretan, por tanto, que ahora confluyen «otras variables» distintas a las que estuvieron presentes en Andalucía, como explica un mando del comité electoral. En junio, Vox apenas acababa de aterrizar en la Junta de Castilla y León y apenas había tenido tiempo de debutar. Con el correr de los meses, arguyen en el cuartel general, se ha ido viendo su gestión y su agenda ideológica. Y analizan que así como en Andalucía parecía bastante clara la ventaja del PP y el liderazgo de Moreno, también ahora «parece bastante claro que en las siguientes contiendas electorales será muy complicado formar gobiernos monocolores«, de modo que «si el PP gobierna, solo puede lograrlo con acuerdos con Vox».

La «estabilidad» de la izquierda frente al «lío» de PP-Vox

«El PP habla de lista más votada, de vencer en solitario… No, no, perdona, que tienes el elefante en la habitación y si quiere gobernar debe ser del brazo de Vox», resuelve el alto cargo de la ejecutiva y del comité de campaña. Ante la acusación que Génova hará de que Sánchez se apoya también en otros socios mal vistos por buena parte del electorado, ERC y Bildu, la dirección esgrimirá que los socialistas pactan con un abanico de partidos en distintas partes de España muy amplio, y no solo los independentistas catalanes y vascos —Compromís en Valencia, Més en Baleares, Chunta y PAR en Aragón, Ciudadanos en Castilla-La Mancha…—, y el PP «no puede llegar a acuerdos con otras fuerzas que no sea Vox».

En la dirección alegan que sus barones pueden atrapar el voto útil, actuar de valladar frente a la ultraderecha, igual que ocurrió con Moreno en Andalucía

Hay otro elemento que explica por qué cree el PSOE que ahora sí puede funcionar su estrategia: «¿Quién dice que el voto útil para que Vox no tenga presencia en Aragón, Extremadura o Valencia no va a los presidentes Javier Lambán, Guillermo Fernández Vara o Ximo Puig? Ellos pueden capitalizar el voto útil. En Andalucía lo capitalizó Juanma Moreno porque estaba primero en las encuestas y era el presidente». Es decir, que ahora serían los barones socialistas los que podrían ser vistos como muro de contención frente a la ultraderecha, dado que lideran sus comunidades y, en principio, todos cuentan con buenas perspectivas para repetir, aunque en una batalla muy apretada con el PP. Los que gobiernan «saldrán reforzados«, esgrimen, como ha ocurrido con todos los presidentes que han gestionado la pandemia. De las 12 comunidades que van a elecciones el 28-M, nueve están presididas por el PSOE y una más, Cantabria, cuenta con vicepresidente socialista.

Los socialistas aportan otro argumento: que frente al «lío» y el «guirigay» y las «contradicciones» que se han visto en Castilla y León, «la izquierda aporta estabilidad«. Recuerdan que, salvo en Andalucía, todos los gobiernos autonómicos en coalición del PP han saltado por los aires, mientras que se han mantenido los ejecutivos progresistas, al igual que el Gabinete de Sánchez, aun en minoría parlamentaria.

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