El memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán pende de un hilo. Durante el fin de semana, Washington y Teherán han cruzado ataques en el estrecho de Ormuz, acusándose mutuamente de violar el alto el fuego pactado hace dos semanas. El incidente que ha desencadeno el nuevo intercambio de proyectiles fue el ataque contra un carguero con bandera de Singapur frente a las costas de la península de Musandam, en aguas del Sultanato de Omán. Un enclave de aguas turquesas y acantilados de vértigo que se ha visto arrastrado al centro del conflicto por su posición privilegiada en el estrecho de la discordia.
En Irán no ha gustado el anuncio que hizo Omán la semana pasada sobre la apertura de un corredor marítimo en Ormuz, que sirve como vía alternativa a la habilitada por Irán cerca de sus costas. La República Islámica sabe que el estrecho por el que circula una quinta parte del petróleo y el gas mundial es su mejor baza para negociar con EEUU, por lo que quiere asegurar su control. Sin embargo, desde el sultanato vecino han propuesto una vía que bordea las costas de Musandam, un paraíso que se ve ahora amenazado por su papel dentro de la geopolítica del Golfo.
Situada a menos de 50 kilómetros de las costas iraníes, esta península esconde algunos de los parajes naturales más impresionantes en la región. Pero también ha sido testigo de las luchas por el control de este paso estratégico a lo largo de la historia. La ciudad de Khasab, el principal puerto en estas aguas, fue fundada por los portugueses a comienzos del siglo XVI para afianzar su presencia en la zona. Esto significa que, gracias a la Unión ibérica de 1580, la monarquía hispánica también controló estas costas durante algunas décadas.
De fortín portugués a oasis para los turistas
Los portugueses llegaron a las costas de Omán en la edad dorada de su imperio, cuando eran los amos y señores del comercio en el Índico. En Musandam encontraron el enclave ideal para reforzar su control sobre el estrecho de Ormuz. Decidieron entonces erigir Khasab, que sigue siendo la capital de la actual gobernación omaní en la zona. Los portugueses construyeron allí una fortaleza con vistas al golfo Pérsico que todavía se conserva, con los añadidos que los sultanes fueron incorporando en los siglos posteriores.
El control portugués de la península llegaría a su fin en el siglo XVII, cuando los gobernantes de la dinastía Yaruba se hicieron con el control de Omán y expulsaron a los europeos de su territorio. Pero el fin de la presencia portuguesa no supuso el fin de los intercambios comerciales y culturales en la zona. Uno de los resultados más curiosos del constante tránsito de los viajeros por Musandam es el kumzari, un idioma único en el mundo. Esta lengua surgió en el pueblo de Kumzar, una localidad a la que solo se puede llegar por barco. Su posición aislada no impidió que a lo largo de los siglos llegasen barcos ingleses, árabes e indios atraídos por un manantial de agua dulce próximo al pueblo. Los visitantes regalaron a los locales palabras y expresiones, que dieron lugar a una lengua de origen iraní pero con préstamos de hasta 45 idiomas.

El kumzari no es el único legado iraní en estas costas. El flujo entre un lado y otro del estrecho ha sido constante a lo largo de los siglos, por lo que la relación entre ambas culturas es estrecha. En las últimas décadas, los iraníes que cruzan las aguas de Ormuz para llevar a Khasab cabras y ovejas, regresan a la República Islámica cargados de cigarrillos estadunidenses de contrabando. Y ahora, entre los barcos de pescadores y comerciantes, se entremezclan los que van cargados de turistas, ansiosos por visitar los fiordos de Musandam. Son estas impresionantes formaciones las que le han valido el sobrenombre de la 'Noruega de Arabia'.
Fiordos en el desierto
Separada del resto del país por Emiratos Árabes Unidos, Musandam está compuesta por escarpadas montañas que, una vez chocan con el mar, se convierten en una costa de fiordos. O según su nombre en árabe, khord. En sus aguas nadan grupos de delfines, que se pueden observar desde los dhow, las embarcaciones tradicionales a vela usadas por los navegantes árabes. Un escenario único que atrae a los turistas que buscan adentrarse encontrar un remanso de paz entre las encrespadas paredes de roca.
Muchos se aventuran también hasta la Isla del Telégrafo, que recibe su nombre de una estación telegráfica construida por los británicos en 1864, convertida ahora en un popular punto de buceo. De hecho, las autoridades de Musandam han iniciado un proyecto para convertir este pequeño trozo de tierra en una atracción turística distintiva y única.

Al igual que el resto de los países del Golfo, la economía de Omán depende principalmente del petróleo, aunque en los últimos años el turismo ha despuntado como sector en alza. Según datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo, se espera que este sector represente cerca del 10% del PIB del Sultanato para 2034. A diferencia de sus vecinos, las autoridades omaníes han apostado por un modelo opuesto al de los grandes rascacielos de Dubái. Su ministerio de Turismo y Patrimonio vela por mantener la "esencia" del país, donde están prohibidos los edificios de más de siete alturas.
Los drones espantan a los turistas
Omán se ha esforzado por atraer a los turistas internacionales que buscan en el Golfo experiencias auténticas, y no lujo y ostentación. Y, aunque iba por buen camino, los vaivenes geopolíticos no se lo están poniendo fácil. Tras recuperarse del parón durante la pandemia, el país logró cerrar el 2023 con la cifra de 3,99 millones de visitantes, por encima de los niveles anteriores al coronavirus, según datos del Gobierno. Al año siguiente, esta cifra se desplomó hasta 1,07 millones.
Los conflictos en Oriente Medio no están ayudando a consolidar a la región como un destino turístico de primer orden. Un informe realizado por Mabrian en marzo detallaba cómo la percepción de seguridad sobre la región ha descendido dramáticamente desde el inicio de la guerra entre EEUU e Irán a finales de febrero. En el caso de Omán, los viajeros le daban 24,8 sobre 100 a nivel de seguridad, su nivel más bajo.
Aunque los países de Golfo respiraron tranquilos tras la firma del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, los nuevos ataques a pocos kilómetros de la paradisíaca península de Musandam, vuelven a poner en jaque al turismo en la región. Pocas personas quieren pasar las vacaciones con el sonido de los drones iraníes impactando contra los buques que tratan de cruzar Ormuz de fondo. Así, las autoridades omaníes tendrán que ser precavidas si intentan mover ficha para controlar también el estrecho y no enfadar a Irán, para que los turistas sigan llegando hasta sus impresionantes fiordos.
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