«Que hable la mayoría» decía el vídeo electoral de Podemos. Bien, la mayoría ha hablado. Y lo ha hecho de forma contundente. Los resultados obtenidos ayer por Isabel Díaz Ayuso, van a dar la vuelta a panorama político español porque el empuje y el respaldo masivos a su gestión por parte de los madrileños de todos los pueblos de la Comunidad, de absolutamente todos los barrios de la capital, ha sido de un envergadura tal que será imposible para cualquier analista sugerir que de estos resultados no se sigue un proceso inevitable de reagrupamiento del centro derecha español que tendrá como meta disputarle el poder al Partido Socialista hoy en el Gobierno ofreciendo a los ciudadanos de Madrid pero también de todo el país una forma diferente de hacer política.

Es que no ha habido un solo ayuntamiento, salvo dos muy pequeños que suman menos de 3.000 electores -900 en El Atazar y 1.980 Fuentidueña de Tajo- en que no haya salido vencedora la candidata del PP, lo cual supone una hazaña difícilmente igualable.

Y entre esos ayuntamientos están todos, sin faltar uno solo, de los que forman parte del antiguamente llamado «cinturón rojo» que han demostrado no tener ya nada que ver con lo que Pablo Iglesias soñaba y esperaba conseguir de sus habitantes cuando decidió reventar la campaña sobre los planteamientos iniciales -que ya estaban muy cuajados de aristas- por otro de enfrentamiento radical, más a su medida, como fue aquel absurdo y rotundamente falso dilema de «democracia o fascismo». Pero en el «cinturón rojo» -que ya no es rojo sino azul- no le han comprado la mercancía averiada que pretendió venderles.

Y tan ha sido así que Pablo Iglesias nos obsequió anoche con el anuncio de su retirada total de la vida política. Ya sabíamos que de la noche de ayer que el líder morado tenía otros planes más relacionados con los medios de comunicación pero los resultados obtenidos después de haber revolcado la campaña y de haber restregado por el barro la vida política española le han empujado a decir adiós antes de lo que tenía previsto.

Los resultados obtenidos por Podemos no han justificado de ninguna manera su renuncia a la vicepresidencia del Gobierno, que él decidió y llevó a cabo sin siquiera consultarlo con el presidente Sánchez. Tres diputados más son una paupérrima cosecha que certifican su fracaso personal y, con ese resultado, la perspectiva de ser el portavoz del último grupo parlamentario de la comunidad autónoma, aunque ésta sea Madrid, quedaba muy por debajo del nivel de sus hechuras.

Algunos quizá le echen de menos pero serán muchos más los que se sientan aliviados por su marcha. Ha hecho una política de desgarros, de enfrentamientos profundísimos, de descrédito de las instituciones, de ataques a la Corona, al Poder Judicial, a los medios de comunicación y a todo aquél que no se plegaba a sus dictados. Y ha agitado el espantajo de la ultraderecha con la intención evidente de que sus deseos de confrontación guerracivilista se hicieran realidad. Pero la apuesta le ha salido rana y por eso se va. Tanta gloria lleve como paz nos deja.

Y es que los madrileños no se han creído una sola palabra del mensaje de Pablo Iglesias y han apostado por la democracia que en su opinión, y a tenor de los resultados, representa mejor que nadie Isabel Díaz Ayuso

Y es que los madrileños no se han creído una sola palabra del mensaje de Pablo Iglesias y han apostado por la democracia liberal que en su opinión, y a tenor de los resultados, consideran que representa mejor que nadie Isabel Díaz Ayuso. Una política que no sólo ha engordado su cosecha de votos recibiéndolos del desaparecido Ciudadanos, sino de antiguos votantes del PSOE y todavía no sabemos, pero lo averiguaremos en unas horas, si también de Podemos.

Vox ha quedado más o menos como estaba. Ha subido unas décimas y ha ganado un escaño. Las descalificaciones de Iglesias agitando ante los electores el fantasma del fascismo no han hecho mella en su apreciación y por eso el partido de Rocío Monasterio incrementa levemente su presencia en la Asamblea de Madrid.

Sus votos, incluso en el formato abstención, serán necesarios para investir a Ayuso pero su capacidad de influencia en la política de la presidenta se ha reducido muy considerablemente hasta estar próxima a desaparecer. Con la friolera de 65 escaños la líder del PP puede perfectamente gobernar en solitario. Vox cumplirá con abstenerse. Su poder de orientar la política de Ayuso ha desaparecido.

En el día de ayer ha habido una vencedora rotunda, inexpugnable, que es Isabel Díaz Ayuso, la mujer que acaba de proporcionar a Pablo Casado una plataforma desde la que crecer muchos palmos para disputarle a Pedro Sánchez el Gobierno de España. Y una segunda vencedora que se llama Mónica García, que ha logrado lo nunca visto en nuestro país, lo que se produce por primera vez en la historia de la democracia, que es superar al PSOE en la primogenitura de la izquierda.

Un éxito indiscutible de un partido nacido de la escisión de Podemos pero que no picó el anzuelo que le lanzó Iglesias el mismo día en que anunció su dimisión del Gobierno, que ha hecho una campaña pegada a las realidades en las que viven los madrileños, con propuestas concretas y críticas precisas a la gestión de Díaz Ayuso y que se ha alejado de la trampa de Iglesias «democracia o fascismo» en la que cayó ciegamente Sánchez llevado de la mano por Iván Redondo.

No son muchísimos los votos que Mónica García le ha sacado a Ángel Gabilondo, alrededor de 4.000, pero con ese puñado de papeletas ha hecho historia. Habrá que ver si desde esa posición el partido al que representa, Más Madrid, decide crecer también en términos nacionales como hizo en su día Ciudadanos y se convierte o no con el tiempo en una verdadera amenaza para el Partido Socialista. De momento, ha pasado por delante del PSOE en Madrid, la circunscripción en la que ha nacido. Y eso es un hito.

Dos perdedores claros dejan estas elecciones de Madrid. Uno es Ángel Gabilondo, que ha sido víctima de los asesores de La Moncloa, autores de la estrategia de campaña más disparatada, contradictoria, artificial y carente de solidez que se recuerda en la historia de la España democrática. Las explicaciones de este fracaso sin paliativos de la candidatura del PSOE no hay que ir a pedirlas a la sede de Ferraz sino a la de la Presidencia del Gobierno.

Iván Redondo y Pedro Sánchez han manejado los hilos de esta contienda electoral con la intención de que el presidente del Gobierno se beneficiara de los éxitos políticos que no tenían duda alguna que iba a cosechar un Gabilondo cada vez más desdibujado siguiendo las directrices que le venían impuestas desde Moncloa donde, en un determinado momento, se optó por fundir al candidato del PSOE con el mensaje extremista y profundamente sectario de Pablo Iglesias haciéndolo indistinguible del suyo. Podemizándolo.

Y cuando empezaron a ver que las cosas no iban a salir como se había creído y que la propuesta de Sánchez e Iglesias podía recibir un castigo inolvidable, todos vimos cómo el presidente del Gobierno desaparecía de la escena haciendo mutis por el foro. Pero para entonces ya habíamos comprobado cómo esta campaña se había diseñado inicialmente como un enfrentamiento de modelos: el de Pedro Sánchez y el de Isabel Díaz Ayuso.

Pues bien, Pedro Sánchez ha perdido la apuesta de una manera estrepitosa por más que quien ponga ahora el cuello para que se lo corten vaya ser Ángel Gabilondo, un hombre digno -al que anoche dejaron inicuamente solo para afrontar la derrota-cuya única culpa en este desastre es no haberse plantado y haberse negado desde el primer momento, y con mucha más razón a raíz del debate en Telemadrid, a hacer el papel de muñeco de ventrílocuo. Gabilondo no se merece asumir la responsabilidad de este fracaso porque no es suyo.

Una segunda vencedora que se llama Mónica García, que ha logrado lo nunca visto en nuestro país, lo que se produce por primera vez en la historia de la democracia, que es superar al PSOE en la primogenitura de la izquierda

Ciudadanos se muere, ya lo sabíamos, y lo sabía también el segundo gran perdedor de estas elecciones, el candidato Edmundo Bal que, sin embargo, ha hecho una campaña cargada de propuestas constructivas, de sentido común y de respeto por sus adversarios. En definitiva, una campaña modélica. Pero el partido, que venía ya herido de las elecciones catalanas, cometió el error mayúsculo de embarcarse en aquella moción de autocensura de Murcia que, además de fallida, supuso su condena definitiva.

Por eso es especialmente meritorio el esfuerzo de este servidor público que ayer noche se mostraba dispuesto a continuar defendiendo sus posiciones. Eso le honra pero mucho me temo que tendrá que buscar otro hueco político en el que hacer oír su valiosa voz.

Estos son los primeros apuntes de una noche memorable tanto por las victorias como por las derrotas. Una noche que tendrá profundas y duraderas consecuencias en la vida política de toda España.