El Zapping de Fuentes

Opinión

A soñar con los angelitos y con Zapatero

No soy una madre abadesa

PUBLICIDAD

Nos imaginábamos a Zapatero enfocando sus dos ojos heterocromáticos y mareantes, uno de miel y otro de rubí, y diciéndole que no al juez Calama, sin lograr convencerlo, hipnotizarlo ni seducirlo. Pero luego salieron los audios, desnudos, indigentes, llenos o vacíos, como suele pasar, de olvido, abandono o irremediabilidad, y nos dábamos cuenta de que la magia era imposible y las explicaciones, seguramente, también. En La Sexta Clave proponían “rabitos de pasas” como nueva sección, Carlos Franganillo señalaba que Zapatero “más bien daba la sensación de evitar dejar huella de sus actividades”, y, en Horizonte, Ángela Martialay hablaba de tres horas de evasivas, con citas olvidadas y esa encantadora excusa pretecnológica de no usar email. El propio juez le afeó a Zapatero no haber preparado su declaración (no tenía con qué, diría yo) y enseguida ubicó en la realidad al expresidente entrenado en la divagación y la voluta: “No soy una madre abadesa, sino un juez instructor, tengo que ser incisivo”. Zapatero creía que todo esto iba a ser una cosa de madre abadesa a madre abadesa, y no. Por eso luego pedía confianza, o el milagro.

PUBLICIDAD

El rearme moral de tu calle

Todos estábamos pendientes de la Audiencia Nacional, pero tendríamos que haber estado pendientes de la calle de Javier Aroca, tertuliano o agradador, arrimado o sacristanón socialista desde los tiempos de Chaves en Andalucía, donde hacía corte de palmas, sombrerazos y descoyuntamientos. Aún no se conocían los audios ni la imputación de las hijas, sólo que el juez se reafirmaba en los indicios contra Zapatero, pero en la calle de Javier Aroca pasaba algo, o pasaba todo. La calle de Aroca me la imagino como esas calles únicas de los pueblos del Oeste, en las que está toda la vida, toda la muerte, todo el alcohol y toda la cecina que se pueda necesitar. En la Audiencia Nacional había silencios y agujeros, pero lo que pasaba en la calle de Aroca, llena seguramente de farolillos, como su cabeza, era algo muy diferente. Lo que allí se vivía, no ya por la declaración sino por el comunicado de Zapatero, era una cosa casi mariana, casi rociera, lo más grande del mundo: un “rearme moral”.

“Yo hoy lo que sí sé es que dentro de las filas socialistas, al menos en las filas socialistas de mi calle, que son las que yo conozco más, hay un cierto rearme moral, están gratos de la respuesta que ha dado el señor Zapatero”, decía Aroca en Malas lenguas, entre sereno de su barrio, pastorcillo de Fátima y concejal de feria de la tapa. En realidad, el comunicado no añadía mucho más a lo que ya dijo Zapatero tras su imputación, en ese vídeo en el que se lo comían los setos como a Homer Simpson. El llamamiento a la confianza suena a desesperación y a poca fe de banderillero; la autorización voluntaria es uno de esos rellenos que sólo revelan el agujero porque, para ser la única novedad, es innecesaria; y eso de afirmar que uno no es titular de cuentas o sociedades en el extranjero parece una burla, que justo para eso están los testaferros. Aun con la moral de la calle de Aroca toda rearmada, el juez imputó a las hijas y a Gertrudis. En la calle de Aroca, que es de película, o en la cabeza de Aroca, que es de tambor, se rearman, regocijan y convencen con cualquier cosa. A lo mejor, además de por el comunicado, era porque había tómbola, cucaña, pesca de patitos y una gran olla caldosa.

Xabier Fortes.
Xabier Fortes.

David el gnomo te canta una nana

Cada noche, en TVE 24 horas, David el gnomo te canta una nana. Xabier Fortes es de esos periodistas David el gnomo, de esos periodistas Santa Claus, blando, lento, sonriente, bueno y sabio bajo la bendición de la naturaleza o del ponche. En la hora del sueño, él te duerme, y hasta te apaga las luces para entrevistar a alguien que parece en ese momento un santo de comodita, con lamparillas de mariposa. En la hora del sueño, él te cuenta el cuento entre tertulianos de la cuerda y algún otro de las tortas, el que tienen para atizar, que así funcionan las tertulias, incluso las de David el gnomo, con fogata y malvavisco. Casi prefiere uno al broncas antes que al santurrón de formas suaves y rodantes, tan bonachón y tan evangelizante en periodismo que no se ha dado cuenta, entre sus setas de sombrero, de que dirige un programa de propaganda política en una tele de partido, de gobierno, como todas las públicas.

Mientras David el gnomo sonríe, pontifica y se rasca contra los árboles, los tertulianos miran las estrellas e imaginan en ellas otras formas, fieras y flores. “El Partido Socialista se ha descuidado mucho”, decía Antonio Papell, como si Sánchez fuera Britney Spears. El problema seguramente es ése, y “el carácter militar de la Guardia Civil”, que “estamos pagando eso”, continuaba el tertuliano, que es ciertamente como de origami y siempre empieza y termina en mascota o en flor socialista. Flotaba en el aire que Leire Díez es una cutre fantasiosa, que Mercedes González es una gran servidora pública y que lo que vemos no es corrupción y mafia alrededor del Gobierno sino el espíritu de Tejero, con servilletón de bandera, contra la democracia. “El Estado Interior”, decía otro de los espíritus del bosque, Pedro Vallín, otro que se tomó un café con nube y sueños con la fontanera. Según Vallín, “la policía y la Guardia Civil están tomadas por neofascistas”, y más grave que lo de Leire queriendo quitar de en medio a Balas fueron las balas que mandó una vez un loco. La prueba de que todo lo de Leire es un delirio es que “Balas sigue ahí”. Vivo, le faltó decir. Fortes, mientras, asentía como con la pipa que le falta.

Estefanía Molina insistía en que no se le podía quitar gravedad al asunto, y parecía la personita real, la periodista real, entre criaturas de laberinto. Al final, la tertulia de David el gnomo o Santa Claus es un poco macabra, y es que casi todos los santurrones y bonachones son macabros o perversos. “En la Kitchen está el ministro del Interior, es el corazón del Estado”, interviene el venerable Fortes. Sí, el corazón del Estado, no como lo que hay ahora montado entre Ferraz, los ministerios, las empresas públicas, la Fiscalía, Marlaska, la directora de la Guardia Civil y la propia Moncloa. Salía Rajoy, goyesco y acharolado como otro Tejero, y Vallín recomendaba un documental sobre El Pequeño Nicolás. Y ea, a dormir. A soñar con los angelitos y con Zapatero.

Alberto Núñez Feijóo, en 'El Hormiguero'.
Alberto Núñez Feijóo, en 'El Hormiguero'.

Los puzles de Feijóo

Feijóo ha tenido que abandonar las gafas ahumadas de gallego o de ojo vago, ha tenido que pasar varios años entre la meditación, los puzles, las cabañuelas y las casitas de pájaros para poder decir, por fin, claramente, sus condiciones para pactar con los pechopalomos de Vox (o sus líneas rojas, que se dice ahora para darle como alarma y electrocución a algo que no hace daño y se mueve a capricho, ya lo saben Rufián o Yolanda Díaz). En El Hormiguero, Pablo Motos le preguntó por el asunto y Feijóo contestó con una enumeración rápida, eufónica, cantarina, como de los ríos de la vertiente atlántica. Hubiera estado bien saber esas condiciones o esos claros ríos ibéricos hace mucho, pero no se había estudiado la lección, o no había pensado en ello siquiera. Citó, por cierto, entre esas líneas rojas, las leyes de igualdad, dejándonos la duda de si derogaría la ley del ‘sólo sí es sí’. A lo mejor nos contesta en dos o tres años. De todas formas, yo creo que ahora Feijóo está con otros puzles y otros líos: haber convertido un desafío a la coherencia de Junts en una posible y verdadera negociación para una moción de censura, o ir pensando qué hacer con el novio aguililla de Ayuso, que va hacia el juez también con ojos heterocromáticos y mareantes, uno de carbón y otro de champán.

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto