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La crisis catalana dinamita la colaboración entre el PSOE y Unidos Podemos

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La crisis catalana dinamita la colaboración entre el PSOE y Unidos Podemos
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados.

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. EFE

Resumen:

Las discrepancias sobre la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña hace saltar por los aires la colaboración para explorar un “gobierno de cambio”.

El ataque al PSOE centra las intervenciones de los dirigentes de Podemos durante las últimas semanas. “Mucha gente tiene hoy la impresión de que cuando ve a Pedro Sánchez mover los labios, quien habla en realidad es Susana Díaz”, asegura Pablo Iglesias.

Pedro Sánchez evita admitir la ruptura para mantener la imagen de su giro a la izquierda y la posibilidad de entendimiento entre fuerzas progresistas.

La colaboración entre el PSOE y Unidos Podemos para explorar un futuro “gobierno del cambio” ha saltado por los aires. Las discrepancias sobre la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña ha abierto una brecha entre sus dirigentes difícil de suturar. En Podemos reprochan a Pedro Sánchez que no les coja el teléfono y en el PSOE se reafirman en su postura de apoyo al estado de derecho al comprobar la caída electoral del partido de Pablo Iglesias en todas las encuestas.

En los últimos días se suceden los reproches de los dirigentes de Podemos a Pedro Sánchez. Ada Colau, Pablo Echenique y especialmente el líder del partido arremeten contra el cambio de postura del secretario general del PSOE, que pasó del “no es no a Rajoy” y de una firme oposición al uso del artículo 155  por ser una “medida cruenta” a pactarlo con Mariano Rajoy. Los socialistas votarán a favor de esa intervención en Cataluña la semana próxima en el Senado.

El giro del PSOE hacia el bloque constitucionalista deja a Unidos Podemos sólo con los independentistas. Irritado por ese arrinconamiento, Pablo Iglesias últimamente habla más del PSOE que del propio conflicto catalán. La crítica a los socialistas ocupa el grueso de sus intervenciones y realiza maniobras como votaciones en el Congreso contra el 155 para intentar dejar en evidencia al PSOE. Por su parte, los socialistas consideran inaceptable que Podemos difunda que existe represión policial y presos políticos en España, dañando la imagen exterior del país y avivando el enfrentamiento en la sociedad catalana.

Consciente de que esa estrategia no surte efecto, y después de que el propio Pedro Sánchez le haya recomendado cambiar su postura sobre Cataluña, Podemos ha boicoteado la comisión de revisión del estado de las autonomías propuesta por el PSOE para abordar la reforma constitucional y buscar un nuevo encaje para Cataluña.

“Hemos decidido dejar nuestra participación en suspenso a la espera de acontecimientos”, ha señalado el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en los pasillos del Congreso. “Pensamos que si se aplica el 155 o se declara unilateral e ilegítimamente la independencia, esa comisión no es un marco viable de diálogo hoy por hoy”, ha asegurado. Los partidos nacionalistas, PdeCat, ERC y Bildu, ya han renunciado a formar parte de la comisión.

Ese desplante es especialmente doloroso para el PSOE. Ferraz se empeñó en que su cambio de posición sobre la intervención en la autonomía catalana no fuera “gratis”, como ocurrió con la investidura de Mariano Rajoy impulsada por la Gestora que gobernó el partido tras el derribo de Pedro Sánchez.

Con él al frente de la Ejecutiva de nuevo, el PSOE intentó desmarcarse del Gobierno mientras lo fue posible. No obstante, a partir del mes de agosto, cuando la amenaza del referéndum de independencia del 1-O tomaba forma y la tensión interna amenazaba con romper de nuevo el PSOE, Ferraz comprobó que no tenía otra salida que apoyar el estado de derecho y la Constitución. El compromiso del PP de abrir la reforma de la Carta Magna fue el precio a ese respaldo, que ha incluido la retirada de la petición de la reprobación de la vicepresidenta del Gobierno en el Congreso.

En este contexto, los anuncios solemnes de colaboración parlamentaria y la creación de grupos de trabajo para cooperar en asuntos como la lucha contra la corrupción, el debate territorial, la igualdad o el empleo han quedado así en suspenso. En julio, tras una reunión de ambos equipos, PSOE y Podemos anunciaron la creación de “un espacio de diálogo que tenga continuidad” y la apertura de una “nueva relación” entre fuerzas progresistas.

A pesar de ese conflicto, Pedro Sánchez se resiste a admitir públicamente esa ruptura con Podemos. “No voy a caer en dar esa imagen dividida de las izquierdas”, aseguró en una entrevista en Onda Cero el pasado 11 de octubre. En su afán por demostrar el giro a la izquierda del PSOE, Sánchez quiere mantener la imagen de buena relación con Unidos Podemos. Por ello pidió a Mariano Rajoy que también se reuniera con Pablo Iglesias para afrontar la crisis catalana y ha defendido el carácter constitucionalista de su partido. Aunque dentro del PSOE se repudia la actitud de Podemos en la crisis catalana, Sánchez no hace pública ninguna crítica expresa.